6 de Marzo de 1845: Revolución Marcista

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Muy pocas transformaciones políticas podrán haber tenido en América tanta proyección y nitidez como la del 6 de marzo de 1845, conocida también con el nombre DE REVOLUCIÓN MARCISTA. Por eso, en el recuerdo que se hace cada año se la revive en el alma nacional; la Patria palpita en cada ecuatoriano con más intensidad como de costumbre, porque fue ese acontecimiento magno de 1845 el gestor de rumbos de inamovible independencia, nacionalismo y democracia que no debemos dejar en la indiferencia y languidez.

El pueblo, al sentir la opresión inadmisible de la dictadura floreana que llevó al país al borde del descalabro económico y social, respaldó en forma unánime y encendida de patriotismo, la transformación que gestó un grupo de connotados hombres de Guayaquil, el 6 de marzo de 1845 estalló en este puerto, coincidiendo con el estado de convulsión que reinaba en general en el país.

Una formidable insurrección popular ocurre en aquel entonces en Guayaquil, cuando el Cabildo y las masas populares desconocieron al gobierno de Juan José Flores, nombrando un Gobierno Provisional compuesto por tres eminentes estadistas e intelectuales; José Joaquín Olmedo, Vicente Ramón Roca y Diego Noboa. Con el fin de llevar a cabo sus propósitos se organizaron vertiginosamente fuerzas armadas, y se emprendió en una de las luchas más sangrientas que se registra a través de la historia, destacándose esta época por la convulsión reinante.

CAUSAS
Las principales causas que motivaron la Revolución del 6 de Marzo de 1845 son estas: el prolongado período del régimen de Juan José Flores que asumió el poder por tercera ocasión. El recuerdo del odioso tributo al cual se obligó a numerosas víctimas. Algunas reformas desagradables establecidas en la Constitución Política del Estado. La tremenda " Carta de la Esclavitud", era un documento pleno de elocuencia para comprender hasta qué extremo el floreanismo tirano quería oprimir y ahogar al pueblo ecuatoriano.

HECHOS
De la siguiente manera estalló esta revolución; " Al amanecer del día 6 de Marzo de 1845, el Tcrn., Ayarza y el general Elizalde, se dirigieron al Cuartel de Artillería de la ciudad de Guayaquil con el propósito de tomárselo, para lo cual el oficial de guardia ya se había comprometido anticipadamente con los revolucionarios, entonces fue tomado éste fácilmente.

Ante estos hechos explosionados de civismo; la juventud contagiada de eufórica valentía acude presurosa a pedir armas, para participar en la lucha y formar filas con oficiales, soldados, los notables de Guayaquil, gente de buena voluntad que plegaba a la revolución.

De inmediato las huestes revolucionarias entablaron fuego en proporciones; los luchadores revolucionarios llamados MARCISTAS, mantuvieron una larga y dura pelea como encarnizada lucha con los partidarios del gobierno de Flores, hasta ver coronadas sus aspiraciones con la conquista de la victoria al lado de los marcistas.

Los hechos posteriores a esta Revolución quedaron comprendidos en un Acta celebrada entre las dos partes o bandos combatientes; entre otras cosas se declaraba en ella, el desconocimiento de la autoridad del presidente Juan José Flores. Todos los actos, leyes y decretos posteriores al día de terminación del mando de Flores, quedaban sin ningún valor. Así terminaron los 15 años de dominación extranjera en el Ecuador, por el ejercicio del mando del venezolano Juan José Flores.

Con el fin de conmemorar este acontecimiento de la Revolución, los autores de ella, por razones obvias adoptaron una bandera inspirándose en un pabellón del año 1820, ideado por Olmedo; la bandera era de tres franjas paralelas al asta, blancas las extremas, y del medio azul, con tres estrellas.

Después de firmado el Tratado y convenio de " Virginia", Juan José Flores recibió 20.000 pesos, saliendo del Ecuador rumbo a España.
Rendimos reverente homenaje a los patriotas del 6 de Marzo de 1845; quienes demostraron un civismo heroico, en defensa de los sagrados intereses de Guayaquil y la Patria. Arriesgaron sus vidas para defender un ideal tan fervoroso y diáfano como fue el inspirado por Olmedo, Roca, Noboa, Elizalde y muchos más.

Esta importante Revolución del 6 de Marzo de 1845, abrió nuevos y decisivos rumbos para la Patria.

Fuente: Libro Fechas Históricas y Hombres Notables del Ecuador y del Mundo
De: Humberto Oña Villarreal
Sala de Autores Nacionales

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Tratado de Giron y la Batalla de Tarqui

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El Tratado de Girón fue un tratado firmado el 27 de febrero de 1829 como consecuencia del triunfo del ejército de 4.200 soldados de la Gran Colombia, dirigido por General Antonio José de Sucre, ante el ejército de la República del Perú, compuesto de 4.500 efectivos y dirigido por General José de La Mar, en el sitio de Tarqui que duro dos horas.
Los objetivos del general peruano José de La Mar era la anexión de las provincias sureñas de Guayaquil y Azuay, que conformaban el Distrito del Sur de la Gran Colombia, a la República del Perú por medio de un bloqueo naval y desembarco posterior en el puerto de Guayaquil.
Ante la invasión del ejército peruano, el general gran colombiano Sucre se aprestó a conseguir por medios pacíficos el arreglo limítrofe. Sus gestiones no tuvieron resultados favorables debido a que el General del Perú La Mar no aceptó en ningún momento tales proposiciones. Por tal motivo ambas naciones, Perú y la Gran Colombia, se fueron a la guerra.
El general José de La Mar, fue derrotado en la batalla del Portete de Tarqui por el general Antonio José de Sucre. La Mar firmó el Tratado de Girón el 28 de febrero pero no desocupó Guayaquil, aduciendo que consideraba vejatorio que Sucre ordenara se erigiera en el campo de batalla una columna en la que se leería en letras de oro lo siguiente:
“El ejército peruano de ocho mil soldados que invadió la tierra de sus libertadores fue vencido por cuatro mil bravos de Colombia el veinte y siete de febrero de mil ochocientos veinte y nueve”.1
La Mar protestó en carta que dirigió a Sucre desde Gonzamaná y suspendió el Convenio de Girón hasta que se retiraran las injurias, estando dispuesto a renovarlo si se corregían los yerros señalados. Aunque Bolívar con burla los calificó de “quejas de vieja”, La Mar estaba dispuesto a continuar la guerra en caso que no se hicieran los desagravios correspondientes. Además, aducía que el tratado debía ser ratificado por el Congreso para que entre en vigor.
El tratado contenía los siguientes puntos:
1.- El ejército invasor deberá desocupar todos los territorios del Estado de Quito.
2.- La desocupación deberá realizarse el 2 de Marzo de 1829 y terminar en el plazo improrrogable de 20 días.
3.- En el Tratado definitivo, que deberá celebrase en Guayaquil, se resolverán todos los reclamos de Colombia.
4.- Deberá desocuparse Guayaquil, levantándose el bloqueo del Norte.
5.- Para los asuntos limítrofes, se tomará como base el principio del uti possidetis iure de 1810.


Llamado también Convenio de Girón, es un documento que fue firmado el 28 de febrero de 1829, luego del triunfo de las fuerzas colombianas (el Ecuador no existía aún como país) sobre las peruanas, en la célebre e histórica Batalla de Tarqui.
Este documento, que de alguna manera pretendió establecer los límites entre los dos países, fue firmado, por parte de Colombia y a nombre del Gral. Sucre, por los generales O’Leary y Flores; y por parte del Perú, en representación del Gral. Lamar, por los generales Gamarra y Orbegoso.
Por medio de este tratado el Perú se comprometió a devolver la ciudad de Guayaquil, con todos sus parques de guerra; al reembolso de los gastos efectuados y contraídos por el puerto y el Azuay en la campaña, a la retribución de daños particulares y a la desocupación del territorio por la provincia de Loja. Además, es importante destacar el artículo 2 de dicho tratado que dice: «Las partes contratantes, o sus respectivos gobiernos, nombrarán una comisión para arreglar los límites de los dos estados, sirviendo de base la división política de los virreinatos de Nueva Granada y el Perú en agosto de 1809, en que estalló la revolución de Quito; y se comprometerán a cederse recíprocamente aquellas partes de territorio que por los defectos de una inexacta demarcación perjudican a los habitantes».
Aquí es preciso destacar que el Tratado de Girón fue un tratado de paz y no de límites, aunque intentó establecer los procedimientos que deberían seguirse para determinar los límites entre Colombia y Perú; cosa que no se cumplió, pues pocos días después de su firma el Perú pretendió desconocer dicho documento y se negó a entregar la ciudad de Guayaquil que había sido tomada al iniciarse las hostilidades.
Ante esta situación, el propio libertador Simón Bolívar -que se encontraba descansando en las cercanías de Guaranda- ordenó al Gral. Flores iniciar una nueva campaña para desalojar a los invasores. El 16 de junio de 1829 Flores atacó Samborondón, contando para el caso con el apoyo que le brindó desde Guayaquil el Gral. Wright; y tres días más tarde Bolívar llegó a Buijo (en Samborondón) y junto a Flores planificó la estrategia a emplear en la jornada final. Para entonces, los peruanos habían abandonado precipitadamente Babahoyo, Daule, Baba, Samborondón y Yaguachi.
Al término de esta campaña -que duró cerca de seis meses- se firmó el Tratado de Guayaquil.

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La Batalla de Tarqui 27 de Febrero de 1829

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La Batalla de Tarqui 27 de Febrero de 1829

A fines de 1828 el General José de La Mar, por recomendación de Simón Bolívar se hallaba de Presidente del Perú, invade nuestro país por las Provincias de Loja y Azuay, a la cabeza de 5000 soldados. En Saraguro (Loja) recibió el refuerzo de 3700 más, del General Agustín Gamarra. La Mar, que había nacido en Cuenca, demostraba así su ambición e ingratitud para su tierra que lo vio nacer.

El ejército del General Flores, se componía de 4600 hombres, el 27 de Enero de 1829 el Mariscal Antonio José de Sucre asumió el mando y trató hasta el último de lograr un arreglo pacífico, considerando que eran naciones hermanas de la América y que habían luchado juntos para librarse del yugo español. La Mar sólo aprovechó estas conversaciones y traidoramente intentó dar un golpe a las tropas de Sucre. En los días siguientes los dos ejércitos se movían en busca de posiciones más ventajosas, hasta que al amanecer del 27 de febrero de 1829, a las 7 de la mañana se inició la batalla. Y Portete de Tarqui fue el escenario de una redención y afrenta.

La acción de armas del 17 de febrero de 1829 tiene 2 trayectorias de ataque; mar y tierra. Las posiciones de nuestras tropas eran magníficas, pues, Sucre se hallaba al norte en la llanura de Tarqui y el General Flores, con tres batallones se situó en el

Pórtete de Tarqui. El General Luis Urdaneta fue comisionado por Flores para atacar los puntos de avanzada del enemigo y se puso en marcha en compañía del Granaderos del cauca llegados de Guayaquil y 20 hombres del Yaguachl; temerariamente atacó al enemigo, demasiado superior en número, lo derrotó y lo persiguió hasta Saraguro en donde esperaban los de retaguardia peruana, éstos fueron comandados por el coronel Jiménez, que corrieron en la arremetida, sembrando el desconcierto; en su desordenada fuga cayeron centenares de prisioneros, aparte de los muertos y heridos, como también el armamento que fue tomado.

Se une el coronel José María Camacaro a las tropas de León y Urdaneta, en Saraguro atacan a los batallones peruanos. Ayacucho y número 8. Sucre retrocede hasta Nabón, y de allí marcha a Girón que era lugar de las aspiraciones de La Mar, porque no quiso tocar las malsanas regiones de Yungullla y del Río Girón. Sucre logra situar los batallones y un escuadrón en Pórtete de Tarqui, habiendo caminado la noche entra desde Narancay para amanecer viernes 27 de febrero.

El coronel colombiano José María Camacaro y su batallón Cedeño, que estaba a la vanguardia entablan combate, luego plegan al Caracas, el Yaguachi y el Rifles, no tarda en amargar al enemigo que no puede resistir a tan grade carga y de Inmediato suenan los clarines de triunfo. En la batalla los peruanos tuvieron 1500 muertos y 1000 heridos. Los ecuatorianos 154 muertos y 206 heridos.

Sucre satisfecho con estos triunfos envían un oficial de Estado Mayor, con el objeto de ofrecerle a La Mar medios para salvar el resto del ejército peruano, La Mar pide condiciones. Sucre ordena que cese la persecución al enemigo y que esas condiciones eran las que un ejército vencedor Impondría a un pueblo vencido, pero los subterfugios y la mala fe del Invasor como en 1941, no acepta a pesar de una flagrante derrota; a las 5 de la mañana del 28 de febrero de 1829, La Mar solicitó la suspensión de hostilidades, a las 10 de la mañana se reunieron al frente de Girón hoy la Casa de los Tratados; el General Flores y O'Leary, por Colombia; Garamarra y Orbegoso, por el Perú, firman el Tratado de Girón.

En el histórico escenario de esta gran batalla se levanta un obelisco como recuerdo de la indescriptible victoria de las fuerzas grancolombianas, cuyos soldados conquistaron un espléndido triunfo, necesario para mantener la dignidad nacional; no obstante este hecho glorioso de la participación del soldado ecuatoriano, el Perú a través de los tiempos ha mantenido el derecho de la fuerza; pero el Ecuador, en cambio, se impondrá con la fuerza del derecho porque no pueden ser violados sus sagrados territorios heredad de nuestros antepasados que entregaron con su vida y su sangre, Inteligencia y valor.

La Historia

El 15 de julio de 1821, se juró en Lima la independencia peruana, proclamada por José de San Martín en la Plaza de Armas, el 28 de julio. Sin embargo en la Sierra Central y en el Sur los realistas seguían como dueños del territorio. La liberación definitiva del territorio peruano fue merced a la acción de Bolívar, que al mando del ejército de la Gran Colombia, necesitaba terminar con la amenaza realista que existía en ese lugar.
Una vez lograda la independencia peruana de los españoles, un grupo de peruanos influyentes decidió que también era momento de emanciparse de la influencia de la Gran Colombia y aprovecharon el alejamiento circunstancial de Bolívar de Lima, en 1826, para cumplir su propósito, que era además, el de sumar a su estado, el territorio de la nueva República de Bolivia, el Departamento de Azuay y a la ciudad de Guayaquil.
right0En 1827, la presidencia del Perú fue ejercida por el general José de La Mar, y éste concretó las aspiraciones anteriores. El 3 de julio de 1828, Simón Bolívar, ante esta actitud expansionista, declaró la guerra a los peruanos. Tras ser infructuosos los acuerdos por vía diplomática, realizados por Daniel Florencio O´Leary, Ministro Plenipotenciario, cuyos poderes fueron rechazados por Perú.
Este último país, armó dos ejércitos, uno con destino a Bolivia, y otro hacia Ecuador.
Loja fue tomado por las fuerzas de la Mar, el 28 de noviembre de 1828, con 5.000 hombres. Allí reforzó sus tropas con 3.700 efectivos, aportados por el general Agustín Gamarra, y luego se apoderó del departamento de Azuay, y de Guayaquil.
15240697230Antonio José de Sucre que había renunciado a la presidencia de Bolivia, se dirigió a Quito, para ponerse al mando de las tropas, cuyo cargo había adquirido el 27 de enero de 1829, y unir sus fuerzas a las del gobernador de Ecuador, Juan José Flores, que contaba con 4.700 hombres, estableciéndose en las proximidades de Cuenca, localidad que también había sido ocupada por los peruanos.
Primero se produjeron las batallas de Saraguro, Oña, Nabòn, Girón, Narancay y luego el 27 de febrero de 1829, en el Portete de Tarqui, donde se había apostado el general Flores (Bolívar estaba en la llanura de Tarqui, al norte).
Ëste fue el escenario de un encuentro decisivo, donde al principio predominó la confusión, luchando en ciertos momentos batallones del mismo bando, entre sí. Pero la mejor organización y la lucha conjunta favorecieron el triunfo de la Gran Colombia, formada por los batallones Cedeño, que iba a la vanguardia, comandado por el coronel José María Camacaro, seguido por el Rifles, el Caracas, el Quito y el Yaguachi, que completaban las tropas. El ejército peruano no logró unidad en sus batallones Pichincha y Sepita, que fueron vencidos en forma separada.
El saldo fue de mil quinientos muertos y casi la misma cantidad de heridos para los peruanos, mientras los ecuatorianos no alcanzaron ni al 20 % de esa cifra.
El Tratado de Girón, firmado por el General Flores y Daniel Florencio O´Leary por Colombia; y Garamarra y Orbegoso, por el Perú, impuso a Perú la renuncia de los territorios ocupados, pero el problema más grave era Guayaquil que La Mar se negaba a devolver.
La cuestión se resolvió cuando asumió el poder Agustín Gamarra por un golpe de estado que derrocó a La Mar. Guayaquil fue entregada el 20 de julio, y el Tratado firmado en Guayaquil del 22 de septiembre de 1829, estableció una comisión mixta para fijar los limites definitivos. El conflicto no se decidió totalmente ya que al poco tiempo la Gran Colombia se disolvió, sin precisar las líneas divisorias definitivas.
Antecedentes
-60960398145Tras la independencia definitiva del Perú, el país estaba en buena parte sometido al «protectorado» de Simón Bolívar, que controlaba estrechamente sus asuntos. Además, todavía estaba acantonada en Lima la 3ª División del ejército colombiano que había colaborado en la independencia. Bolívar hubo de abandonar Lima en 1826, para intentar solucionar los graves problemas que se planteaban en la Gran Colombia. Este hecho fue aprovechado por destacados miembros del gobierno y el ejército peruano para eliminar la influencia colombiana, y poder incluir dentro del territorio nacional a la nueva República de Bolivia (el antiguo Alto Perú), así como el departamento colombiano de Azuay (correspondiente a la actual parte meridional del Ecuador, con capital en Cuenca), y la ciudad de Guayaquil, donde una parte influyente de la burguesía apoyaba la incorporación al Perú.
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En junio de 1827 las elecciones legislativas proclamaron presidente del Perú al general José de La Mar, nacido en Cuenca (Gran Colombia) pero que vivió en Guayaquil, puerto que desde 1803 había vuelto al Virreinato del Perú, con quien mantenía poderosas relaciones comerciales, por lo cual La Mar siempre se consideró peruano, nunca grancolombiano. La Mar organizó dos ejércitos, uno que se dirigió a Bolivia y otro hacia el actual Ecuador. Las negociaciones diplomáticas con Bolívar fracasaron, y en julio de 1828 comenzó oficialmente la guerra. El 28 de noviembre de 1828 La Mar penetró en territorio grancolombiano y ocupó Loja y prácticamente todo el departamento de Azuay; posteriormente, La Mar ocupó también Guayaquil tras haber sido rechazadas sus tropas en primera instancia por el general colombiano Juan Illingworth el 23 de diciembre de 1828, el cual decide evacuar la ciudad visto que se encontraba en inferioridad numerica a mas del hostigamiento por parte de los cañones de los barcos de guerra que bloqueaban Guayaquil, a la espera de refuerzos. El 19 de enero de 1829 se firma la capitulación de la ciudad de Guayaquil siendo esta ocupada por tropas peruanas. Ante la situación Antonio José de Sucre, entonces ya de vuelta a Quito, tras ser depuesto y obligado a renunciar la presidencia boliviana, y Juan José Flores, gobernador del departamento del Ecuador, concentraron el ejército del Sur de Colombia cerca de Cuenca para presionar a las tropas peruanas, que el 10 de febrero de 1829 habían ocupado Cuenca. El 4 de febrero de 1829 fueron atacadas por primera vez avanzadas del ejército peruano por tropas a cargo del general Luis Urdaneta, comisionado por Juan José Flores para atacar los puntos de avanzada del enemigo en Paquichapa siendo estos perseguidos hasta Saraguro, donde la vanguardia grancolombiana compuesta por Granaderos del Cauca, llegados de Guayaquil y 20 hombres del Yaguachi apoyados por la recién arribada compañía Caracas derrotó y disperso a un destacamento peruano compuesto por 1.300 soldados que había quedado de guarnición, siendo confiscada gran cantidad de armamento, posteriormente el pueblo de Saraguro fue incendiado en represalia por colaborar con el ejército invasor, el 27 de febrero tuvo lugar la batalla de Tarqui.
LA BATALLA
15240280670El día 14 de febrero el ejército peruano pasó a Yunguilla tras de salvar peligrosos desfiladeros en donde bien pudo ser atacado por Sucre con ventaja. El cuartel general lo establecieron en Surupali. El 15 continuó avanzando hasta la localidad de Lenta a 4 leguas de Girón y el 16 se arribaba a San Fernando. Sucre mientras tanto se movió hacia la explana de Tarqui, ubicando a la infantería en Narancay y a la caballería en Guagua-Tarqui a donde llegó el 18 manteniéndose en esa posición hasta el 26 de febrero. En esos días, Raulet retornó de su incursión en Cuenca y llegaron 700 de los dispersos de Saraguro. Con eso, las pérdidas en efectivos de es acción, quedaron reducidos a una suma sin mayor significación.
El día 22 se dispuso que incursionara sobre Girón y a continuación se ordenó que la División Norte al mando del general José María Plaza hiciera lo mismo. Tanto Plaza como Necochea se opusieron a esta orden, porque ponía a los 900 hombres más cerca de Sucre que del resto de los peruanos. Se le ofreció a Plaza que de inmediato le seguiría el resto del ejército. El valiente general al partir dijo: “si no se tratase de mi honor, pediría licencia. “El ejército sólo llego a Girón el 26 o sea dos días más tarde y se dio a Plaza una nueva orden de avanzar hasta el ejército peruano. Todo el ejército colombiano estaba en la planicie norte, muy cerca de Plaza.
El general Plaza tuvo plena conciencia de la imprudencia de esta acción y protestó, pero sintiéndose comprometido en su honor, obedeció como buen militar. Al llegar de noche al sitio de su destino, distribuyó como mejor pudo a su tropa, la que sólo tenía la munición que llevaba en sus cartucheras. No tenía ni caballería, ni artillería. Ya entrada la noche llegó Raulet con un contingente. Sería el gran sacrificado.
Veamos ahora lo que cuenta Sucre:
15240835660“El 24 ( de febrero) supe que una columna con dos batallones y un escuadrón enemigo al mando del general Plaza estaban en Girón. Juzgué que sería un fuerte reconocimiento, porque no me persuadí de que se avanzara sola esta división, pero el 25 hallándome con el general Flores, examinando por Tarqui la verdad, me informaron nuestros espías, que aún permanecía aquella en Girón y su ejército en San Fernando”..
Se refería Sucre, a la primera orden que recibió Plaza de que con 900 hombres avanzara sobre Girón. El mismo Mariscal de Ayacucho, expresa que no creía posible que esa división hubiera avanzado sola. Desde ese momento, Sucre busca atacar a esa división aislada. Continúa diciendo el mariscal de Ayacucho:
“El 26 resolví atacarla, y nuestros cuerpos, todos se pusieron en marcha a las tres de la tarde con tres mil seiscientos hombres de combate. Al comenzar nuestro movimiento, sobrevino una fuerte lluvia, que apenas nos permitió llegar a Tarqui a las 7 de la noche. Dando un descanso a la tropa, tuve partes que la división del general Plaza estaba en el Portete de Tarqui, a tres leguas de nosotros y que el resto del ejército peruano llegaría aquella tarde a Girón. Determiné dar una acción general”.
Como se puede apreciar, Plaza avanzaba hacia Sucre y se distanciaba del resto del ejército peruano. Todos los efectivos colombianos se le iban a ir encima para destruirlo en la ratonera a donde se había metido por orden superior. El pesimista pronóstico del general Plaza se cumplía.
Artículo principal: Batalla del Portete de Tarqui
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El uniforme de los granaderos de la batalla de Tarqui, actualmente guardia de honor del palacio presidencial de Quito.
Gamarra parece que ignoró todos los movimientos de Sucre, resultando inconcebible que hubieran fallado tanto sus sistemas de información. Algunos llegan hasta pensar en un pérfida traición del general en jefe del ejército peruano.
3053715281940La mañana del día 27 de febrero, y después de una marcha que duró toda la noche anterior, el mariscal Sucre consiguió situar tres batallones y un escuadrón al norte de la llanura de Tarqui en posición ventajosa, mientras esperaba la llegada de la 2ª División. La primera división colombiana de 1,600 hombres al mando del propio Sucre se adelantó para sorprender a la división Plaza. Las fuerzas contrarias se componían del escuadrón Cedeño y los batallones Rifles, Caracas y Yaguachi. A la vanguardia para dar un golpe de sorpresa despachó al escuadrón Cedeño, y a 150 hombres escogidos de entre los demás batallones. A las 4.37 de la mañana la 1ra. División hizo un alto en las proximidades de Portete, para permitir se les uniera la segunda división colombiana y la caballería.
Mientras tanto el grupo de vanguardia al mando del capitán Piedrahita, se tropezó con un grupo de reconocimiento peruano al mando del capitán Uría, trabándose un sangriento combate, del que salió con mayores pérdidas el contingente colombiano. Sucre oyó el fuego de fusilería y comprendiendo lo que pasaba, reorganizando las fuerzas grancolombianas (que totalizaban unos 4200 efectivos), aceleró su marcha y cayó mediante una hábil maniobra sorprendió a una avanzada del ejército peruano (de no menos de 900 efectivos) con todo el ejército colombiano sobre las fuerzas de Plaza. Consumidas las municiones en el ejército peruano, se defendieron con la bayoneta pero el enemigo con su caballería cargaba por todas partes el batallón Cedeño, comandado por el coronel José María Camacaro. Plaza trató de retirarse para unirse con el resto del ejército peruano ( que estaba muy lejos), y dispuso que el coronel Quiroz enfrentase a la caballería colombiana, para evitar que les cortasen la retirada. Fue un duelo desigual de infantes contra jinetes. Mientras tanto, Gamarra algo sabía o intuía, por que a las 2 de la madrugada tomando su caballo, partió con sus ayudantes a todo galope desde Girón hasta el Portete. En el camino se encontró con el destacamento de Quiroz, que luchaba fieramente contra la caballería enemiga. El general peruano, al darse cuenta de la situación se perturbó, pero no atinó a dar orden alguna.
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A las 3 de la madrugada, salió el ejército peruano en forma precipitada de Girón en auxilio de la división abandonada. Cuando a las 7 de la mañana La Mar llegaba a las inmediaciones de Portete, se encontró con los restos de la división en retirada desordenada. Ya los colombianos eran dueños de la posición peruana y el general Plaza mantenía una desesperada resistencia. Era ya muy poco lo que podía hacer, por lo cual los colombianos se lanzaron sobre los flancos de las fuerzas de La Mar, pero Gamarra no lo apoyó convenientemente y el general Cerdeña con el batallón “Pichincha”, se vio atacado por el “Yaguachi”, el “Caracas” y el “Cedeño”, por lo cual tuvo que retirarse con fuertes pérdidas. Mientras tanto ya Plaza había sido tomado prisionero con numerosos oficiales de la 1ra. División y el coronel Raulet había muerto. Gamarra ordenó que el comandante Salaverry, con una columna de “Cazadores”, trepase el cerro que domina el desfiladero, pero en la acción se encontró con los dispersos de la División Plaza que le quitaron libertad de movimiento, por lo cual tuvo que desistir. Lo estrecho del terreno impedía la libertad de movimientos, y la tercera división no podía entrar en acción porque se lo impedía la segunda que estaba combatiendo.
27108151081405Fue entonces, que Gamarra le manifestó a La Mar que ya no valía la pena tratar de ganar la posesión de Portete de Tarqui, porque la división Plaza había sido batida y que lo aconsejable era retirarse, hacia Girón. A pesar de todo, las experimentadas tropas colombianas consiguieron desorganizar los diversos batallones peruanos separadamente. El general Flores, mientras tanto, consiguió superar los bosques que le separaban del enemigo, y organizar un ataque conjunto de los diversos batallones. Esta última ofensiva selló el resultado de la batalla. de un combate de media hora fueron vencidos los peruanos 27 de febrero de 1829. Fue un revés para los peruanos, no fue una derrota decisiva, pero al no producirse un encuentro o batalla campal entre ambos ejércitos, que se aferraron a sus posiciones.Pero también el movimiento de repliegue tenía sus riesgos, porque sobre ellos podía lanzarse toda la caballería colombiana.[5]
La misión fue encomendada el engreído coronel O´Leary, que se dispuso cortar la retirada a la segunda división. Entonces Necochea, tomando jinetes del Húsares, salió a enfrentarlos. Sin ninguna victoria de ambos ejercito, porque la caballeria del mariscal Necochea (heroe de Junin) a la infanteria grancolombiana destroso, luego los peruanos destrozaron al contingente de caballería así como a los refuerzos de infantería que habían acudido en su auxilio. Huyendo hacia la ventajosa posicio de Sucre. Destacandose el coronel Domingo Nieto, durante la batalla del Portete de Tarqui (27 de febrero de 1829), encabezó una acometida de los húsares para contener el ataque de la caballería grancolombiana y ante ambas fuerzas. Fue en estos momentos en que se produjo aquel famoso desafío del coronel peruano Nieto con el coronel colombiano Camacaro que se le consideraba el más diestro en el manejo de la lanza. Donde, el coronel Domingo Nieto sostuvo un combate singular con el comandante José María Camacaro, En el enfrentamiento resultó atravesado Camacaro. En esta contienda se realizo para ahorrar polvora ambos ejercito, que adolecian tamto grancolombiano y peruano. Al ejército peruano lo integraban 3.300 soldados en campo de batalla y 1200 emplazado en Guayaquil, en espera de refuerzo de Gamarra con un ejercito de 1200 soldados, que provenia del sur del Perù. El ejercito grancolombiano contaba superior numero de 4.200 sodados y mas una cantidad de reserva. El combate duró media hora en el Portete de Tarqui, donde se cubrió de gloria el ejército gran colombiano, segun Sucre y Bolivar, pero la version peruana, pusieron en raya al ejercito de Sucre y Flores, el 27 de febrero de 1829.
Cambio de guardia del Regimiento de Caballería "Glorioso Húsares de Junín" Nº 1 - Libertador del Perú
mientra el ejercito peruano se replegaro, para reagruparse con el gruezo ejercito de La Mar y tomaron su posecion para un nuevo ataque colombiano. Eso permitió a la segunda división llegar a los llanos y formar muy disciplinadamente, lo mismo que la tercera. El grueso del ejército grancolombiano consideró prudente conservar su posición, no hacer ningún intento de persecución. mientras que el peruano logró replegarse en orden y formar sus divisiones en la llanura con los restos de toda su caballería y artillería a la salida del desfiladero. Los peruanos en perfecto orden de batalla, no fueron molestados.
91440595630Sucre no satisfecho con esta batalla pero consciente que La Mar aun ocupaba Guayaquil y Cuenca, Sucre envío un parlamentario para negociar y se le contestó que enviara sus propuestas por escrito. En respuesta comisionó al general Heres y al coronel O´Leary. La Mar envió por su parte a Villa y al general Orbegoso. A poco de iniciadas las conferencias se suspendieron por las exageradas demandas del mariscal de Ayacucho. Con victoria o sin ella los nuestros demostraron que mantendrían en alto su bandera. A su regreso se dice que Orbegoso tuvo un fuerte altercado con Gamarra, que Gamarra se declaró partidario de la paz a todo trance.[6]
El comienzo de una aparente victoria grancolombiana se debió en buena parte al enfrentamiento con un ejército de avanzada peruano por separado del batallón del ejército peruano, que actuó de forma unitaria y aislados de los batallones, pero gracia a la actuacion de la caballeria peruana ( husares de Junín ) freno ala infanteria y caballeria grancolombiano.
La Version De Sucre y El Padre Vargas Ugarte
En su informe, el general Sucre expresa : “Destruido el ejército peruano y mientras se aclaraban nuestros flancos; mande un oficial del estado mayor donde el general La Mar que con sus restos de infantería, con toda su caballería y artillería se hallaba situado en la llanura al salir del desfiladero, a ofrecerle una capitulación que salvara sus reliquias.
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Luego expresa: “Se suspendió en tanto la persecución, cuando el enemigo había perdido entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos más de 2,500 hombres, incluso 60 jefes y oficiales y dejado por despojo multitud de armamento, cajas de guerra, banderas, vestuario, etc. El campo de batalla era un espectáculo de horror: 1,500 cadáveres de soldados peruanos habían expiado en Tarqui, las ofensas hechas por sus caudillos a Colombia y al Libertador y tal vez los crímenes del 2 de agosto de 1810 en Quito”.
Sigue informando Sucre: “Esta mañana (el 11 de marzo), se han puesto en retirada desde Girón como 2,500 hombres del ejército peruano, resto de 8,400 que ellos mismos confesaron espontáneamente haber introducido en territorio de Colombia y no vaciló en asegurar a V.E. que en el estado de desmoralización e indisciplina en que esta derrota va poniendo las reliquias de nuestros invasores, apenas 1,000 repasarán al Macará”.
Sólo existen en el ejército de Sucre 154 muertos y 206 heridos.
En cuanto al lado peruano de un contingenre de 8,400 soldados, entre muertos, heridos, prisioneros y dispersos perdieron 2,500 y que solo les quedaban 2,500.
Los peruanos a pesar de su gran superioridad numérica no lograron derrotar a los bravos Gran colombianos.
5715603250El padre Vargas Ugarte da cifras en cambio dece que los peruanos tuvieron 350 muertos, lo que sin duda es una cifra alta, pero nunca los 1,500 que habla Sucre. Además unos 500 heridos y 300 prisioneros. Es decir 1,150 soldados, aún cuando muchos de los heridos no eran graves y volvieron a reintegrarse a sus cuadros.
Los colombianos según Vargas Ugarte tuvieron 260 muertos y 400 heridos, o sea 660 bajas, es decir la mitad de los peruanos. Pero en realidad habían muchas más bajas en el ejército colombiano que no las mencionaba ni Sucre ni Vargas Ugarte que fueron 600 desertores tras la acción de Tarqui. Esto si lo conoció Bolívar y siempre lo mencionó. Por lo tanto las pérdidas de Sucre eran parecidas a las peruanas y en tal condición no podía correr el riesgo de comprometerse en una nueva acción bélica pues sabía que podía tener más desertores.
Algún tiempo después, en declaraciones dadas por el historiador colombiano, José Domingo Espinar que se publicaron en Bogotá, decía: “ Los peruanos muertos pasan de 2,000 porque no se dio cuartel: los colombianos perdieron 400 hombres y 600 reclutas desertaron de tal manera que quedamos reducidos a 2,600 hombres”.
En lo de 2,000 hay siempre exageración, pero fue cierto que los colombianos mataron a muchos heridos y prisioneros. El general Urdaneta fue el que más se extremó en las venganzas, mandando a fusilar a muchos prisioneros y hasta trato de asesinar en persona al general Plaza. Llegó su sevicia a tal extremo que ordenó que cortasen la cabeza al coronel Raulet y la enviaran en exhibición a Cuenca.
Consecuencias
El resultado de la batalla hizo que La Mar y Sucre conversaran, firmando el Tratado de Girón.
Las fuerzas peruanas se habrían de retirar de la provincia del Azuay y abandonar todas las plazas ocupadas.
Durante cinco meses la guerra se estabilizó pues la Marina de Guerra del Perú aun continuaba dueña del mar y el ejército grancolombiano no se hallaba en condiciones de intentar recuperar Guayaquil. Finalmente el mismo Bolívar se había desplazado hacia el sur para dirigir la campaña para recuperar el puerto.
La Mar consideró vejatorio que Sucre ordenara se erigiera en el campo de batalla una columna en la que se leería en letras de oro lo siguiente:
“El ejército peruano de ocho mil soldados que invadió la tierra de sus libertadores fue vencido por cuatro mil bravos de Colombia el veinte y siete de febrero de mil ochocientos veinte y nueve”.[7]
Esto hizo que La Mar protestara en carta que dirigió a Sucre desde Gonzamaná y suspendió el Convenio de Girón hasta que se retiraran las injurias, estando dispuesto a renovarlo si se corregían los yerros señalados. Aunque Bolívar con burla los calificó de “quejas de vieja”, La Mar estaba dispuesto a continuar la guerra en caso que no se hicieran los desagravios correspondientes, pues aun tenia ocupado Guayaquil; pero fue entonces cuando un grupo de oficiales peruanos lo apresaron en Piura, la noche del 7 de junio de 1829 en nombre del mariscal Agustín Gamarra.
La guerra acabó inesperadamente con el Golpe de estado por parte de Agustín Gamarra y otros jefes peruanos en Lima que derrocaron a La Mar.
El nuevo gobierno de Agustín Gamarra el 10 de julio de 1829 firma el Armisticio de Piura y es ratificado por Simón Bolívar el 15 julio de 1829, dándose en efecto la evacuación de tropas peruanas en Guayaquil el 20 de julio de 1829. Dicho armisticio respetó los derechos del Perú sobre los territorios de Tumbes, Jaén y Maynas, a los cuales jamás consideró “territorios grancolombianos”[8]
El 22 de septiembre de 1829 se firmó el tratado de paz Larrea - Gual en Guayaquil y se preparó una comisión mixta para fijar definitivamente los límites entre ambos países.
BIBLIOGRAFIA
http://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_del_Portete_de_Tarqui
http://www.sisepuedeecuador.com/noticias/nacionales/5462-dia-del-civismo-la-batalla-de-tarqui.html
http://www.laguia2000.com/peru/la-batalla-de-tarqui

Día del Ejercito Ecuatoriano 27 de Febrero

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La historia del Ejército ecuatoriano va de la mano con la gesta imperecedera del 10 de Agosto de 1809, cuando al albor de la libertad, nace el Ejército ecuatoriano, cuya labor en más de dos siglos ha contribuido indiscutiblemente a la edificación del Ecuador democrático y soberano.

Las campañas independentistas fueron el preámbulo de una organización y de una estructura militar más coherente y cercana a lo que debía ser un ejército. Es innegable que el nivel de poder y autonomía económica que paulatinamente fueron logrando los criollos les hacía imposible convivir bajo la tutela de una corona española, de por sí ya convertida en una amenaza a ese gran grupo de poder, anhelante de caminar de manera libre y soberana por todo el continente. Las ideas progresistas del quiteño Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo, fiel representante de la Ilustración en América, del influjo del espíritu de la Revolución Francesa y de la independencia de los Estados Unidos, fue el ente motivador para que luego, en la fecha épica del 10 de Agosto de 1809, naciera no solo una nueva etapa para Quito y el continente, sino el inicio de lo que hoy conocemos como el Ejército ecuatoriano.

Uno de los próceres del 10 de Agosto, el capitán Juan Salinas, merecidamente reconocido como el primer comandante del Ejército ecuatoriano, fue un noble oficial, sensible e instruido; maestro en filosofía y estudios en jurisprudencia, supo percibir las necesidades del pueblo, sobre todo de los más pobres. El jueves 9 de agosto de 1809 Salinas fue ascendido al grado de coronel y se le encargó el mando de la “Falange de Quito”, conduciendo acciones militares en contra de la corona española. Salinas, también ha pasado a la historia por ser la persona comisionada por la Junta Suprema para elaborar el llamado: “Plan de defensa de Quito y sus provincias”, que involucró redefinir los ámbitos político, económico y militar de la nueva nación que en ciernes emergía.

La Falange Quiteña se reorganizó y retomó fuerza, a raíz de la masacre de los héroes el 2 de Agosto de 1810, con el retorno del coronel Carlos Montúfar, nombrado comandante de las fuerzas de Quito. Luego del triunfo en contra de las fuerzas realistas en Pasto en 1811, se inicia una etapa de la cual no habría marcha atrás. El 9 de Octubre de 1820 el Ejército nacional, al mando del coronel Luis Urdaneta, hace que Guayaquil proclame su independencia; días más tarde, el 3 de noviembre, lo hace Cuenca, bajo el liderazgo del teniente José Ordóñez.

Dentro de ese contexto, América ve emerger a Simón Bolívar, aquel insigne hombre que emprende su campaña libertaria junto a un joven general de 26 años, Antonio José de Sucre, delegado por el Libertador para que integre las tierras de la Real Audiencia de Quito a Colombia. El 21 de abril de 1821 con la victoria de Tapi, en Riobamba, se abre el camino para que Sucre, ponga el sello final en la Batalla de Pichincha, el 24 de Mayo de 1822, donde entrega su vida el joven Abdón Calderón, otro de los héroes del Ejército ecuatoriano.
Tiempo después, en el Portete de Tarqui, el 27 de febrero de 1829, cuando cuatro mil soldados grancolombianos vencieran a ocho mil peruanos, se consolida la libertad de nuestro país y toma forma el Ejército ecuatoriano, como parte de las fuerzas grancolombianas. Hoy, esa fecha, a más de ser establecida como Día Clásico del Ejército ecuatoriano, ha sido motivo para celebrar el Día del Civismo y de la Unidad Nacional.

La formación del Ecuador como república en 1830 afirma la identidad del Ejército y lo formaliza como un ente con espíritu constitucional, cuando en Riobamba, el 11 de septiembre de 1830, al albor de la primera Carta Magna, queda establecido en el artículo 35, 4to inciso, lo siguiente: “Disponer de una milicia nacional para la seguridad interior, y del Ejército para la defensa del país…”. “Art. 51. El destino de la fuerza armada es defender la independencia de la Patria, sostener sus leyes y mantener el orden público. Los individuos del ejército y armada están sujetos en sus juicios a sus peculiares ordenanzas”. El Ejército nace constitucionalmente mediante mandato de la primera Constitución de la República.
Poco a poco la evolución institucional toma forma en el tiempo. Vicente Rocafuerte crea en 1838 el Colegio Militar, luego en 1861 nace la Escuela Regimentaria de Artillería. Bajo Gabriel García Moreno aparece la Escuela Práctica de Cadetes. En 1888 se reabre el Colegio Militar, durante el período de Antonio Flores Jijón. La Revolución Liberal de 1895 marcó a no dudarlo un antes y después en la República; el general Eloy Alfaro, el Viejo luchador, incansable reformista, es uno de los artífices en perfilar un Ejército innovador y moderno. Alfaro se esfuerza para que el Colegio Militar definitivamente, y sin intermitencias, pueda desarrollarse en el tiempo; desde allí jamás ha dejado de funcionar, hasta la presente. Otra acción destacable de la administración liberal, dirigida a consolidar el Ejército como institución profesional, fue la presencia de la primera misión de oficiales chilenos en 1899, la cual influyó indiscutiblemente para la profesionalización de la institución.
En 1922 arriba al país otra misión militar, esta vez la italiana, que aporta significativamente a la conformación de un Ejército cada vez más profesional y actualizado. Fruto de ello fue el nacimiento de la Escuela de Ingenieros Civiles y de la Academia de Guerra del Ejército, el 15 de abril de 1923. La misión italiana tuvo un influjo importante en la ideología progresista de varios jóvenes oficiales, un grupo de ellos quienes fueron a la larga los artífices para que el 9 de julio de 1925 se diera la Revolución Juliana, un hito de cambio nunca antes visto, que elevó de la “Edad Media” al siglo XX al Estado ecuatoriano.

En 1928, bajo la administración del doctor Isidro Ayora, se crea el Servicio Geográfico Militar, erigido en 1947 por el doctor José María Velasco Ibarra a la condición de Instituto. La labor del Ejército en este ámbito ha sido innumerable y meritoria, propendiendo al desarrollo científico, al levantamiento de la Cartografía Nacional y del archivo de datos geográficos, como demás aportes en bien del desarrollo del país.

El conflicto de 1941 encontró a un Ejército poco operativo, que lamentablemente por intereses políticos no pudo repeler la acción de un enemigo mejor armado. Los hechos a posterior de este acontecimiento han sido juzgados por la historia, pero sin menoscabo de la acción valiente y heroica de sus soldados que ofrendaron sus vidas por la defensa de nuestra territorialidad, y que décadas más tarde sería reivindicada por el triunfo en el Alto Cenepa. Han quedado como ejemplo de heroísmo de 1941 los nombres del capitán Galo Molina, del teniente Carlos Díaz Terán, del teniente César Chiriboga, del subteniente Hugo Ortiz y del cabo Luis Minacho.
En 1944 se da la Revolución de Mayo, también llamada la Gloriosa, que quiso rehacer la amarga decepción de 1941; sin embargo, este y otros hechos, como el de 1941, no impidieron que el país siga avanzando, sobre todo gracias al advenimiento del boom del banano, el que permitió cambios visibles en la sociedad ecuatoriana. Bajo la presidencia del doctor Velasco Ibarra el Ejército vivió una transformación interesante, se comenzó a equipar de mejor manera, con armamento moderno e innovador para esa época. El tiempo avanzó y en 1956 arribó al Ecuador la segunda misión militar chilena, en la cual constaba el mayor Augusto Pinochet, quien a la postre sería Presidente de la República de Chile. Este grupo de oficiales apoyaron sobremanera en la parte docente en la Academia de Guerra del Ejército. Ese mismo año, el por ese entonces capitán Alejandro Romo, realiza el primer salto en paracaídas, dando inicio al grupo élite, el de fuerzas especiales del Ejército. Doce años más tarde, en 1968, por decreto del presidente Velasco Ibarra, se crea el Cuerpo de Ingenieros del Ejército, cuya gestión dirigida a la obra pública ha beneficiado al país en más de cuarenta años. Ya en la década de los años setenta se inicia la era petrolera, actividad impulsada por el Gobierno Militar de ese entonces. El oro negro cambiaría la faz del país como nunca antes. Un año después, el 19 de octubre de 1973, nace la Dirección de Industrias del Ejército, grupo empresarial dirigido a ámbitos de la defensa, el cual ha colaborado indiscutible y decididamente en el desarrollo socio-económico del país.

El aparecimiento de un nuevo conflicto de envergadura con el vecino del sur tuvo que esperar varios años, hasta 1981, cuando la invasión peruana fue repelida por el Ejército ecuatoriano, quedando escrito este acontecimiento en la historia institucional, asociado hasta hoy a los campos perennes de Paquisha, Mayaycu y Machinaza y de las vidas del cabo Nicolás Quiroz y el soldado Daniel de Jesús Martínez.
No obstante, no fue hasta el año de 1995, cuando las Fuerzas Armadas y su Ejército logran el triunfo histórico e indiscutible en el Alto Cenepa, constituyéndose en el hecho de más gloria del siglo XX.

Héroes de esta épica victoria y que siempre serán recordados son el capitán Geovanni Calles, el sargento primero Luis Hernández, el cabo segundo Héctor Pilco y demás voluntarios que ofrendaron sus vidas en bien de la patria. El Cenepa es un acontecimiento único, que elevó la autoestima de lo ecuatorianos, los unió y marcó, paradójicamente, el inicio de una nueva época en las relaciones bilaterales entre ambos pueblos, construida esta vez bajo las armas de la paz, la armonía y la mutua convivencia. “Cenepa gloria de la patria”, es un eslogan que hoy se incluye merecidamente y por siempre en el escudo de armas del Ejército. A partir de 1995 se demostró que el Ejército es una institución diferente, sólida, férreamente cohesionada, con visión de futuro; preparada en el nuevo milenio para enfrentar con éxito los retos que el Ecuador y el mundo obligan.

Ya en siglo XXI, el Ejército ecuatoriano es considerado un referente de los ejércitos del continente, modernizándonos de manera permanente y procurando la mayor operatividad posible. El plan estratégico institucional vigente permite articular nuevos objetivos, estrategias, indicadores, proyectos y programas, dentro de un marco estructurado y coherente con la Agenda Política de Defensa Nacional y con los escenarios geopolíticos y estratégicos internacionales, proyectándolo de manera ordenada, sistemática y planificada. Se puede decir que hoy se han institucionalizado muchas actividades estructurales, como el liderazgo proactivo e innovador, la gestión, bajo un estilo transparente y dinámico, en procura siempre de la rendición de cuentas.

En cuanto a la normativa legal el Ejército la está actualizando, en concordancia con la Constitución aprobada en el año 2008, atendiendo a la equidad de género, respetando los méritos, la estabilidad y la profesionalización de sus miembros; continuando con mayor ahínco en el ejercicio de su misión fundamental, que es la defensa de la soberanía e integridad territorial.

www.ejercitodelecuador.mil.ec

Lámina Escasez agua en la tierra

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El Padre Nuestro por Eloy Alfaro Delgado

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El Padre Nuestro

Escrito por el Gral. Eloy Alfaro Delgado

¡Oh! Padre nuestro adorado;
Que llenas el infinito.
Tu nombre será bendito
Tu nombre santificado.
De tu reino deseado
Veamos la majestad.
Tanta dicha tu bondad
Has la (sic) pura sin recelo
En la tierra y en el cielo
Hágase tu voluntad.

Dame el preciado sustento
Que es menester cada día
Preserva la vida mía
Del mal y de sufrimiento
La tentación ni un momento
Fuerte aparezca conmigo
Y tu invisible Testigo.
Niégame el perdón severo
Si no perdono primero
La ofensa de mi enemigo.

Panamá - Diciembre 17 de 1887…

http://www.larevista.ec/cultura/historia/don-eloy-alfaro-para-rato

La batalla del Pichincha 24 de Mayo de 1822

Da clic en la imagen para ver la lámina en tamaño completo http://www.ele.com.ec/ La América Hispánica había comenzado a...