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Fundación de Quito 6 de Diciembre de 1534


El proceso histórico

La rememoración del 6 de diciembre de 1534, fecha en la que el conquistador español Sebastián de Benalcázar puso en ejecución el documento que semana entes dictó en las planicies de la antigua Riobamba su compañero de aventuras, Diego de Almagro, nos lleva nuevamente al capítulo que por tradición en las páginas de la memoria patria se lo llama fundación de Quito, aunque estudiosos e investigadores ecuatorianos tras una mesurada revisión de documentos sostienen que aquel episodio debe llamárselo “asentamiento efectivo y definitivo”, pues el acto fundacional hispano propiamente dicho ocurrió el 28 de agosto del mismo año.

Sin embargo, la costumbre le ganó la partida a la validez de las precisiones históricas y pocos hablan del sentamiento definitivo en medio de la mayoría que se refiere al acto decembrino de hace 477 años como el de la fundación quiteña, cuestión que no disminuye por ningún motivo los méritos de la capital ecuatoriana, cuya presencia histórica también resulta indiscutible porque la ciudad reúne para la gloria de la patria todo cuanto representa la belleza, cultura y la ancestral vocación por la libertad en todas sus expresiones.

La conquista hispana

Apenas sucedió el asesinato o “sacrificio” de Atahualpa en manos de los caudillos de la conquista española en julio de 1533, el territorio del Tahuantisuyo que incluyó el de Quito fue escenario y testigo de cómo se radicalizaron los planes de sometimiento a cargo de las huestes ibéricas presentes en esta parte del continente. Junto con la figura de Francisco Pizarro, en el sur, en la región quiteña aparecieron Diego de Almagro, Sebastián de Benalcázar y otros personajes asignados por la aventura, la codicia y el poder.

En este teatro de acontecimientos está Benalcázar, quien conocedor de que su compatriota Pedro de Alvarado dejaría Guatemala para avanzar a la zona de Quito en pos de mejores resultados paralos fines de su empresa, también sorprendió de manera inmediata una marcha desde San Miguel de Piura hacia el norte – en la región quiteña-, decidido a mantener e incrementar sus privilegios y no ceder ante la audacia del peninsular llegado de su mismo reino europeo.

Francisco Pizarro, jefe con mayor rango, no autorizó que Benalcázar que saliera desde Piura rumbo a la región de Quito, pero el subalterno puso manos a la obra y arregló la expedición que llegó a la zona de Loja en los primeros meses de 1534 y desde aquí optó por avanzar hasta situarse en los alrededores de Tomebamba, donde se detuvo para descansar y organizar de mejor manera a los hombres que se embarcaron en su proyecto y esperaban en corto tiempo tener más oro.

Los indígenas resisten

En su largo peregrinar Benalcázar soportó los asedios y ataques del general indígena Rumiñahui y otros líderes defensores de la tierra quiteña. A pesar de que la resistencia fue tenaz y continuó, pues lo animaba algún resentimiento contra sus compañeros de aventura, quienes en más de una ocasión lo marginaron; asimismo, porque mostraban abiertamente el deseo de frenar los propósitos de Pedro de Alvarado, cuyas tropelías y comportamiento recibieron incluso el rechazo de los grupos que llegaron con similares planes.

Cuando estaba a punto de entrar a Riobamba, la antigua, Benalcázar tuvo el frontal acoso de los naturales a los que enfrentó a mediados de 1534 en Tiocajas, Colta y otros lugares. Mas una repentina erupción del Cotopaxi ayudó a los conquistadores a superar un importante combate y no salir derrotados completamente, mientras los defensores del territorio repetían emboscadas y hostigamientos a los intrusos extranjeros llegados a sus tierras. Benalcázar llegó a la fortaleza del Pichincha y encontró que la Quito indígena estaba en escombros, pues el aguerrido Rumiñahui se le adelantó para desmantelar la ciudad.

Cuando Sebastián de Benalcázar era testigo importante de las ruinas de la Quito indígena, Diego de Almagro llegó del Perú a esa ciudad por órdenes de Francisco Pizarro para exigirle explicaciones sobre su actitud. Pero ante el apremio de las cosas con un Pedro de Alvarado presente en la región, ambos personajes convinieron en presentar un solo frente que facilitaría hacer desistir al “intruso” y así ellos podían continuar las tareas de conquista y sumisión de los indígenas.

Dos fundaciones y un asentamiento

La presencia de las huestes de Pedro Alvarado y el temor de que ocurran mayores contratiempos, el 15 de agosto de 1534. Diego de Almagro, urgido por el tiempo, fundó la ciudad de Santiago en la Planicies de Riobamba y así tomó posesión de las tierras para la jurisdicción de Francisco Pizarro. Su actitud truncó las ambiciones del codicioso Alvarado, quien tuvo que pactar entonces con sus adversarios anteriores. Estudios posteriores concluyen que esta fundación corresponde a la actual ciudad de Santiago de Guayaquil.

El 28 de agosto de 1534,, en el mismo sitio que Diego de Almagro fundó la ciudad de Santiago, ocurrió lo que varios historiadores llaman la “fundación a distancia de San Francisco de Quito”. Esta importante ceremonia incluyó la formación del Ayuntamiento o Cabildo de la nueva Villa, con la juramentación legal de dos alcaldes y ocho regidores. Correspondió al escribano Gonzalo Díaz dar fe de este acto ejecutado por mismo mariscal Diego de Almagro.

Después de tres meses y días de ocurrido el ceremonial a cargo de Almagro en las inmediaciones de Riobamba, el teniente de gobernador Sebastián de Benalcázar confirmó y ejecutó la fundación de San Francisco de Quito, sobre las ruinas que dejó Rumiñahui. Fue Un domingo 6 de diciembre de 1534. En el acto se ratificó a las autoridades del cabildo, compuesto de regidores y alcaldes que se formó en agosto; de igual modo, se realizaron otros pasos legales. Sebastián de Benalcázar instaló la Villa de San Francisco de Quito y, por lo tanto, el episodio representa un asentamiento.

Organización y autoridades

Benalcázar se mostró siempre deseoso de que nada se interrumpa. Así, supervisó el trabajo del Cabildo que desarrollo el empadronamiento de los vecinos de la Villa y el trazo de ella a través del alarife (albañil o maestro de obras). Hubo, pues, demarcación de las calles a cordel, alrededor de las plazas públicas, el 20 de diciembre se repartieron los solares para que los vecinos inicien la construcción de sus viviendas. Benalcázar igualmente siguió la construcción del templo provisional, del reparto de solares y otras labores que aseguraron el nacimiento de la floreciente Villa, que pronto sería la bella ciudad capital de Audiencia de Quito.

Existen documentos que aseguran que los primeros vecinos de la villa sumaron 250, incluyendo las autoridades, el mismo Benalcázar y dos esclavos negros. Juan de Apundia y Diego de Tapia fueron los primeros alcaldes; en tanto que a Pedro de PUelles, Pedro de Añasco, Rodriguez Nuñez, Juan de Padilla, Alonso Hernandez, Diego Martin de Utreras, Juan de Espinoza y Melchor de Valdes correspondieron las labores de corregidores recién nombrados. El Cabildo ordenó que en las afueras de la ciudad exista el grande y común espacio denominado Ejido. Cada vecino recibió una extensión importante de terreno para cada estancia.

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