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Posted by Editor in , | julio 25, 2017
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Primer Grito de la Independencia del Ecuador 10 de Agosto de 1809

Durante la noche del 9 de agosto de 1809, un núcleo de intelectuales, doctores, marqueses y criollos complotados residentes en la ciudad de Quito se reunieron en la casa de Manuela Cañizares. Allí decidieron organizar una Junta Soberana de Gobierno, en la que actuaría como Presidente Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, como Vicepresidente el Obispo José Cuero y Caicedo y como Secretarios de Estado, en los Despachos del Interior, de Gracia y Justicia y de Hacienda, los notables Juan de Dios Morales, Manuel Quiroga y Juan Larrea, respectivamente.


En la mañana siguiente, el día 10 de agosto, Antonio Ante se encargó de presentar, ante el Presidente de la Real Audiencia, Manuel Urriez, Conde Ruiz de Castilla, el oficio mediante al cual se le daba a conocer que había cesado en sus funciones y que el gobierno lo asumía la Junta Soberana de Quito. Al mismo tiempo, Juan de Salinas se encargó de la guarnición, que, de inmediato, se pronunció a favor de la Junta. Los criollos de Quito, actuando como “diputados del pueblo”, suscribieron el Acta, por la cual desconocieron a las autoridades audienciales, reconocieron a la Junta Suprema como gobierno interino “a nombre y como representante de nuestro soberano, el señor don Fernando Séptimo y mientras Su Majestad recupere la península o viniere a imperar en América”; le encargaron sostener “la pureza de la religión, los derechos del Rey, los de la Patria y hará guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses”; y dispusieron la formación de la falange militar propia. El Cabildo abierto del 16 de agosto, en el que estuvieron los representantes de los diversos barrios, ratificó solemnemente todo lo actuado.

El golpe de Estado ejecutado el 10 de agosto de 1809 no dejó dudas sobre el carácter autonomista y libertario del movimiento patriota, que no pudo ocultarse con la proclama de fidelidad al Rey. Sin embargo, en la misma época, no quedaban dudas que el movimiento de aquellos criollos patriotas se inspiraba en el pensamiento ilustrado inculcado por Eugenio Espejo y que, sobre todo, al asumir como suyo el principio de soberanía popular y de representación del pueblo, ejecutaba un acto revolucionario que, en última instancia, movilizaba un proyecto autonomista.

Así lo entendieron las autoridades de las otras regiones de la Audiencia de Quito y de los Virreinatos de Lima y de Bogotá. Por ello, aunque los patriotas quiteños llamaron a la unión de “los Cabildos de las provincias sujetas actualmente a esta gobernación” y especialmente a Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y Panamá, la Junta de Quito resultó aislada e incluso provocó la reacción de las otras regiones, desde las que se prepararon milicias para someterla.

El Virrey de Lima, Fernando de Abascal y Souza, envió tropas al mando del Coronel Manuel Arredondo. Ante el peligro inminente, el 28 de octubre la Junta resignó el poder ante el “españófilo” Juan José Guerrero, Conde de Selva Florida, quien a los pocos días lo devolvió al Conde Ruiz de Castilla.

Aunque el Presidente restaurado prometió olvidar los sucesos, cuando entraron a la ciudad las fuerzas realistas, se inició la persecución contra los revolucionarios quiteños, contando con la actuación del oidor Felipe Fuertes Amar y del fiscal Tomás Arechaga.

El 2 de agosto de 1810 un fallido intento por liberar de la prisión a los próceres detenidos concluyó con la matanza de los próceres detenidos en los calabozos del Cuartel “Real de Lima” en Quito, fusilando en el acto o atravesando con bayonetas y cuchillos a Morales, Quiroga, Salinas, Larrea, Arenas. Riofrío. Ascásubi, Guerrero, Villalobos y tantos otros. La brutalidad de las tropas llegadas con el coronel Arredondo se extendió inmediatamente sobre los barrios de la ciudad, que apenas pudieron resistirlas. El obispo y los sacerdotes tuvieron que recorrer las calles para implorar que terminen los enfrentamientos. Dos días después, en la Asamblea de vecinos convocada por las autoridades fueron denunciadas las atrocidades y se acordó la salida de las tropas, la formación de una Junta y el recibimiento del Comisionado Regio.

Carlos Montúfar, hijo del Marqués de Selva Alegre, llegó en calidad de Comisionado nombrado directamente por el Consejo de Regencia de España, para apaciguar en algo el clima de represión con que fue sometida Quito. Organizó una segunda Junta Superior de Gobierno, presidida temporalmente por Ruiz de Castilla, pero integrada por criollos patriotas. El 1º. de enero de 1812 se instaló un Congreso Constituyente que, además, dictó la primera Constitución Quitense.

El virrey del Perú desconoció la Junta de Quito. Además, segregó Cuenca y Guayaquil y nombró a Joaquín Molina como Presidente. Carlos Montúfar, definido por la revolución, armó la defensa del gobierno popular de Quito, alistando tropas, que fueron enviadas hasta el norte y el sur, logrando triunfos en Pasto y cerca de Cuenca. El general español Toribio Montes organizó las fuerzas realistas desde el litoral, con soldados del Perú, Panamá y Guayaquil. Paulatinamente fue venciendo en su ascenso por los Andes. Entró a Quito el 8 de noviembre de 1812 y organizó la persecución de los últimos resistentes. Montúfar y los principales lograron escapar. Otros fueron procesados, condenados y hasta desterrados. Así terminó la Revolución de Quito.

El significado histórico

Aunque la Revolución de Quito no logró mantenerse, había dado inicio a la conciencia autonomista y se convirtió en fuente de las luchas independistas posteriores que, en una segunda y definitiva fase, arrancaron con las Revoluciones de Guayaquil y Cuenca en 1820.

Si bien antecedieron a la Revolución de Quito tanto la independencia de los Estados Unidos en 1776, así como la de Haití en 1804 e incluso los movimientos de Chuquisaca y La Paz (Bolivia) en 1809, los sucesos de Quito adquirieron significación continental no solo por la instauración de una Junta de criollos, sino porque los próceres que participaron en la revolución fueron asesinados el 2 de agosto de 1810 y porque en Quito se expidió en 1812 la primera Constitución.

Simón Bolívar se refirió a los sucesos de Quito como los gestores de la emancipación y su proclama de “guerra a muerte” contra los españoles la lanzó como reacción a la escandalosa matanza de los patriotas quiteños. En Chile también se reconoció la gesta del 10 de agosto, declarando a Quito “Luz de América”.

Después de la Revolución de Quito se sucedieron en 1810 nuevos movimientos autonomistas en México y las Juntas de Caracas, Bogotá, Santiago de Chile y Buenos Aires. El proceso de la independencia de América Latina había comenzado.

La Revolución de Quito no fue, por consiguiente, un movimiento meramente local, sino que tuvo en la mira la liberación de un país que estaba gestándose. Generó la conciencia de identidad propia. Y estuvo conectada con un movimiento más general: el de toda Hispanoamérica, que estallaba en rebeliones y protestas contra las autoridades españolas.

Aunque la dirección política revolucionaria estuvo en manos de una elite criolla, ella cumplió con un interés histórico mayor: dar inicio al proceso de la lucha anticolonial, en la que inevitablemente tendrían que involucrarse, más tarde o más temprano, todas las regiones dominadas por una metrópoli que actuó como un poder de dominación nacional.

En Quito los ideales abiertamente independistas de algunos de los patriotas se conjugaron con posiciones autonomistas o menos radicales de otros revolucionarios. Pero no hay duda que, en conjunto, la Revolución daba continuidad a las rebeliones que habían estallado durante todo el siglo XVIII, a las ideas del precursor Eugenio Espejo y al espíritu de identidad forjado por múltiples vías culturales y sociales.

Comprendida con una visión histórica de amplia perspectiva, la Revolución de Quito del 10 de Agosto de 1809 dio inicio al proceso de la independencia de la actual República del Ecuador, que solo después de trece años de insurgencia culminaría exitosamente en la Batalla del Pichincha del 24 de mayo de 1822.
Posted by Láminas Escolares in | julio 20, 2017


El Himno al Deporte se utiliza en las inauguraciones de olimpiadas y eventos deportivos escolares, universitarios y sociales. Su letra fue compuesta por el quiteño Juan Pablo Muñoz Sanz (1898-1964).

HIMNO AL DEPORTE

Letra y música: Juan Pablo Muñoz

Del deporte amemos
las nobles virtudes,
que dan a las almas
y al ego un sentido.

Elevándonos sobre
todo Io vivido,
mejora el alma
de las multitudes

SOLO
Un tambor sonoro
es la arena brillante,
donde va marcando
ritmo el atleta.

CORO
Brújula de oro
nos guía a la meta,
el ideal y el alma
nos grita adelante,
adelante, adelante.

Posted by Editor in , | julio 20, 2017
Personajes Primer Grito de Independencia de Ecuador 10 de agosto 1809

Simón Bolivar, Eugenio Espejo, Antonio José de Sucre,
José Joaquin de Olmedo, Juan de Dios Morales, Juan Larrea,
Manuel Quiroga, Manuela Cañizares, Juan Pio Montufar.

Simón Bolivar


(Caracas, Venezuela, 1783 - Santa Marta, Colombia, 1830). Nacido en una familia de origen vasco de la hidalguía criolla venezolana, Simón Bolívar se formó leyendo a los pensadores de la Ilustración (Locke, Rousseau, Voltaire, Montesquieu…) y viajando por Europa. En París tomó contacto con las ideas de la Revolución y conoció personalmente a Napoleón y Humboldt. Afiliado a la masonería e imbuido de las ideas liberales, ya en 1805 se juró en Roma que no descansaría hasta liberar a su país de la dominación española. Y, aunque carecía de formación militar, Simón Bolívar llegó a convertirse en el principal dirigente de la guerra por la independencia de las colonias hispanoamericanas; además, suministró al movimiento una base ideológica mediante sus propios escritos y discursos.

En 1810 se unió a la revolución independentista que estalló en Venezuela dirigida por Miranda (aprovechando que la metrópoli se hallaba ocupada por el ejército francés). El fracaso de aquella intentona obligó a Bolívar a huir del país en 1812; tomó entonces las riendas del movimiento, lanzando desde Cartagena de Indias un manifiesto que incitaba de nuevo a la rebelión, corrigiendo los errores cometidos en el pasado (1812).

En 1813 lanzó una segunda revolución, que entró triunfante en Caracas (de ese momento data la concesión por el Ayuntamiento del título de Libertador). Aún hubo una nueva reacción realista, bajo la dirección de Morillo y Bobes, que reconquistaron el país para la Corona española, expulsando a Bolívar a Jamaica (1814-15); pero éste realizó una tercera revolución entre 1816 y 1819, que le daría el control del país.

Bolívar soñaba con formar una gran confederación que uniera a todas las antiguas colonias españolas de América, inspirada en el modelo de Estados Unidos. Por ello, no satisfecho con la liberación de Venezuela, cruzó los Andes y venció a las tropas realistas españolas en la batalla de Boyacá (1819), que dio la independencia al Virreinato de Nueva Granada (la actual Colombia). Reunió entonces un Congreso en Angostura (1819), que elaboró una Constitución para la nueva República de Colombia, que englobaba lo que hoy son Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá; el mismo Simón Bolívar fue elegido presidente de esta «Gran Colombia». Luego liberó la Audiencia Quito (actual Ecuador) en unión de Sucre, tras imponerse en la batalla de Pichincha (1822).

En aquel mismo año Simón Bolívar se reunió en Guayaquil con el otro gran caudillo del movimiento independentista, San Martín, que había liberado Argentina y Chile, para ver la forma de cooperar en la liberación del Perú; ambos dirigentes chocaron en sus ambiciones y en sus apreciaciones políticas (pues San Martín se inclinaba por crear regímenes monárquicos encabezados por príncipes europeos), desistiendo San Martín de entablar una lucha por el poder y dejando el campo libre a Bolívar (poco después se marcharía a Europa).

Bolívar pudo entonces ponerse al frente de la insurrección del Perú, último bastión del continente en el que resistían los españoles, aprovechando las disensiones internas de los rebeldes del país (1823). En 1824 obtuvo la más decisiva de sus victorias en la batalla de Ayacucho, que determinó el fin de la presencia española en Perú y en toda Sudamérica. Los últimos focos realistas del Alto Perú fueron liquidados en 1825, creándose allí la República de Bolívar (actual Bolivia). Bolívar, presidente ya de Colombia (1819-30), lo fue también de Perú (1824-26) y de Bolivia (1825-26), implantando en estas dos últimas Repúblicas un modelo constitucional llamado «monocrático», con un presidente vitalicio y hereditario.

Sin embargo, los éxitos militares de Bolívar no fueron acompañados por logros políticos comparables. Su tendencia a ejercer el poder de forma dictatorial despertó muchas reticencias; y el proyecto de una gran Hispanoamérica unida chocó con los sentimientos particularistas de los antiguos virreinatos, audiencias y capitanías generales del imperio español, cuyas oligarquías locales acabaron buscando la independencia política por separado.

Eugenio Espejo


El 21 de febrero de 1747 nace en Quito el gran médico ecuatoriano Eugenio de Santa Cruz y Espejo, gloria del Ecuador y América, quien se superó desde su humilde cuna, para encumbrase mas tarde y brillar en el firmamento con la más preclara figura nacional e internacional, dentro de la medicina mundial por su inteligencia superdotada que intuyó más allá de lo que el hombre se propone alcanzar.

Y la figura primigenia del precursor de la medicina ecuatoriana, se agiganta por su gran capacidad científica, que llegó a opacar a los colegas de su época y por el gran sentido humano con el que ejerció su profesión, dedicada especialmente al servicio de los pobres, sin embargo de esto, Eugenio Espejo, tuvo que saborear como médico las consecuencias de la ingratitud e incomprensión. Eugenio Espejo fue llamado por el gran predicador Sancho de Escobar para que curara a un paciente suyo enfermo, pero el paciente falleció, con este motivo, volcó contra Espejo toda la iracundia del predicador; inmediatamente lo enjuicia, tomándose como venganza porque Espejo fustigó al mal fraile en el Nuevo Luciano.

Eugenio Espejo, incansable e imbatible en su lucha por la verdad, la justicia, el derecho la honradez, tuvo serios problemas -incluso con sus propios colegas- que destilaban veneno.

Espejo al escribir de ellos decía; "Malos médicos, mejor carecer completamente de ellos, que fiar a su irracional conducta la salud pública".

Con motivo de conmemorarse el Día del Médico Ecuatoriano, instituido como un justo homenaje a la fecha de nacimiento, 21 de Febrero del 1747 del eximio científico, connotado literato, patriota, precursor de la independencia americana, periodista, jurisconsulto, Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo, los médicos ecuatorianos recogen con unción, con verdadera devoción cívica el legado científico - profesional, la libertad que la alcanzó y por ella luchó con tenacidad; debe servir como lección permanente a través de toda nuestra historia republicana. Eugenio Espejo, Decano de la Medicina Nacional ha impregnado en el alma del médico ecuatoriano ese valor y refuerzo del juramento de Hipócrates, los sentimientos de la lucha contra el mal y la injusticia, contra la ignorancia y enfermedades, por un pueblo más sano y más culto: "La salud del Pueblo es la Suprema Ley".

Que esta ocasión sea propicia para meditar en la sublimidad de la participación en el porvenir de los pueblos y esas masas humanas. Hacemos votos porque el médico ecuatoriano mantenga el principio de lealtad al compromiso adquirido:

"Velar por la salud del pueblo", siguiendo ese ejemplo del pionero de la medicina, el eminente Maestro Eugenio de Santa Cruz y Espejo, como una permanente recordación a sus enseñanzas. Que su labor deje una estela de recuerdos y éxitos en su diario servicio a la colectividad, que su trabajo de sacrificio y vocación mantenga latente ese espíritu de justicia social, haciendo un acto de fe en las virtualidades de nuestra raza y pueblo, como homenaje a quien se sustrajo

hacer el bien a sus hermanos, el precursor de la medicina ecuatoriana, Dr. Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo y Aldaz.

Antonio José de Sucre


Antonio José de Sucre nació en Cumaná (Venezuela) el 3 de febrero de 1795. Sus padres fueron los aristócratas Vicente de Sucre y García y doña María Manuela de Alcalá. Siguió estudios de matemática para continuar en la carrera de ingeniería, pero al estallar la Guerra de Independencia en 1810 se incorporó a las tropas del general Francisco de Miranda. Desde 1813 combatió junto a Mariño, Píar, Bermúdez y Bolívar.

Junto a Simón Bolívar luchó en las batallas de Boyacá (Bogotá, 1819) y Carabobo (Caracas, 1821). Asimismo dirigió el ejército patriota que triunfo en la batalla de Pichincha (Quito, 1822). Estas victorias completaron la independencia de Gran Colombia.

En 1823, llegó al Perú por encargo del Libertador Simón Bolívar. Asistió a la victoria de Junín (6-8-1824) y dirigió el Ejército Unido Libertador en la gran batalla de Ayacucho (9-12-1824) que aseguró la independencia sudamericana. En 1825, promovió el nacimiento de la República de Bolivia, la cual gobernó hasta 1828.

Al regresar a la Gran Colombia volvió a secundar a Bolívar y recibió el encargo de dirigir la campaña contra el Perú. Ganó la batalla de Tarquí y consiguió que el ejército peruano se retire de suelo grancolombino en 1829.

Cuando recién tenía 35 años de edad los enemigos de Simón Bolívar lo asesinaron a balazos en las montañas de Berruecos, en el sur de la actual Colombia. Ocurrió el 4 de junio de 1830. Al enterarse de la tragedia, Bolívar pronunció: "Lo han matado porque era mi sucesor".

José Joaquin de Olmedo



(José Joaquín Olmedo y Maruri; Guayaquil, Ecuador, 1780 - 1847) Político y poeta ecuatoriano. Hijo de padre español y madre guayaquileña, realizó sus estudios en el colegio se San Fernando de Quito y en la universidad de San Marcos de Lima, donde coronó su carrera de abogado; entre sus compañeros siempre sobresalió como versificador.

Tras regresar a su ciudad natal, fue enviado a las Cortes de Cádiz, donde pronunció su famoso discurso "Sobre la supresión de las Mitas", por medio del cual logró que se aboliera esa institución. En dichas Cortes ejerció de secretario hasta que fueron disueltas por Fernando VII. Ante la persecución desatada contra los diputados, Olmedo se vio obligado a esconderse en Madrid.

Toda su vida se debatió entre los cargos públicos y el deseo de dedicarse a las letras. Así, en el momento en que Guayaquil declara su independencia, Olmedo fue nombrado miembro de la Junta de Gobierno, redactó una constitución para Guayaquil, reorganizó el ejército y colaboró con Sucre en el triunfo de Pichincha. Sin embargo, después de esta batalla, cuando Bolívar llegó a Guayaquil y anexionó esta ciudad a Colombia, Olmedo protestó y se fue con otros guayaquileños a Perú, donde fue electo diputado por el Departamento del Puno y ayudó a redactar la primera constitución de aquel país.

En 1823, viendo en peligro la libertad del Perú, pidió ayuda a Simón Bolívar; tras el triunfo de éste en la batalla de Junín, Olmedo escribió en su honor el famoso Canto a Bolívar. Más tarde (1825), se desempeñó por mandato de Bolívar como diplomático en Londres y en París. De nuevo en su país, participó como representante por Guayaquil en la Constituyente de Ambato. En 1830 ocupó la vicepresidencia de la república y la prefectura de Guayaquil.

Aunque apoyó a Flores en el proceso de separación del Ecuador de la Gran Colombia, cuando aquel gobernante quiso abusar del poder se opuso a él y participó en la revolución antifloreana del 6 de marzo de 1845, tras lo cual fue nombrado presidente del triunvirato al lado de Vicente Ramón Roca y Diego Noboa. Cuando murió, en todas las ciudades del país se celebraron funerales en su honor.

En su obra poética predomina un neoclasicismo al estilo de Meléndez Valdés, perceptible en obras como su delicado soneto A la muerte de mi hermana, su oda Al árbol, su Elegía en la muerte de la Princesa de Asturias, su Alfabeto para un niño y su Canción indiana, composiciones descollantes entre un conjunto que se acerca al centenar. Pero la patria y la política le empujan a escribir dos grandes cantos en los que se advierte más la influencia de Quintana y hay indudables anticipos de romanticismo: La victoria de Junín o Canto a Bolívar (1825) y Oda al general Flores, vencedor de Miñarica (1843). Considerado el gran clásico de la epopeya hispanoamericana, Menéndez Pelayo sitúa a veces a Olmedo por encima de Bello y de Heredia.

También se dedicó al periodismo, y se mostró en todos sus escritos como un hombre de amplia formación clásica con cierto sabor romántico. Trabajó junto a los grandes hombres de la independencia: Simón Bolívar, José de San Martín, Vicente Rocafuerte y el general Flores, pero lo hizo con libertad, y con criterios de propia responsabilidad, primero hacia su ciudad, Guayaquil, cuya independencia propugnaba tanto frente a Ecuador como frente a Perú; luego frente a la autonomía del Ecuador y, finalmente, por la dignidad de los indígenas.

Juan de Dios Morales


Patriota y mártir «quiteño» nacido en Río Negro, Antioquia, Nueva Granada (Colombia), el 13 de abril de 1767; hijo del Sargento Mayor Juan de Dios Morales y de la Sra. Juana Leonín de Estrada.

Llegó muy joven como escribiente del Presidente de la Real Audiencia de Quito, don Juan Antonio Mon y Velarde, quien en 1790 lo nombró Oficial Mayor de la Secretaría de la Superintendencia. Al año siguiente, mientras desempeñaba el cargo de Contador de Rentas Decimales del Obispado se incorporó con éxito a la Academia de Abogados.

«Desempeñó varios cargos de importancia. Y al graduarse de abogado tuvo cargos de calidad humanitaria, tales como defensor de pobres o defensor de reos indefensos, por medio de los cuales se conectó con las clases más desvalidas de la sociedad quiteña. Catedrático de Derecho en la Universidad de Quito y miembro de la Comuna, se asoció a ella para el servicio público, dejando huellas notables de su carácter constructor en obras viales y urbanas. Desempeñó el cargo de secretario de la Real Hacienda con honestidad y competencia, bajo la presidencia del Barón de Carondelet» (G. Cevallos García.- Historia del Ecuador, p. 226).

Un 1806 fue confinado a Guayaquil por disposición del capitán Diego Antonio Nieto, encargado de la Presidencia de Quito ante la muerte del Barón de Carondelet; allí, don Vicente Rocafuerte le dio asilo en su hacienda Naranjito.

Posteriormente, resentido con las autoridades españolas, que lo habían despojado de sus cargos, empezó a planificar su destitución y la manera de llevar adelante sus planes.

“Airado y rencoroso por el desaire (suspensión de su cargo), se le había visto andando de aquí para allí (…) alentando a unos, despreocupando a otros, concitando a todos, bien a la voz o por medio de cartas, para dar en tierra con el gobierno que le ultrajara…” (Pedro Fermín Cevallos.- Resumen de la Historia del Ecuador, Tomo III, p.28).

La oportunidad se le presentó en 1808 cuando las huestes napoleónicas invadieron España; con ese pretexto y luego de volver a Quito, empezó a reunirse con importantes personalidades quiteñas a quienes involucró en el propósito de defender los derechos del destituido monarca don Fernando VII y proclamar su retorno al trono español.

Fue uno de los miembros más importantes de la Revolución del 10 de Agosto de 1809, y en la noche previa asistió a casa de doña Manuela Cañizares y firmó, como Secretario de lo Interior, la nota en la que se comunicó al Presidente de la Audiencia de Quito -Conde Ruiz de Castilla-, que había cesado en sus funciones y la conformación del nuevo gobierno.

«Morales era estudioso, ilustrado, diligente, emprendedor, de modales atractivos, así como de espíritu esforzado, de robustez intelectual. Era el eje de la máquina revolucionaria; pero aunque él la sostuvo, destrozóse» (Roberto Andrade.- Historia del Ecuador, tomo I, p. 179).

Dos meses y medio más tarde, cuando la Junta quiteña capituló ante el mismo Ruiz de Castilla que ella había destituido, fue apresado y encerrado en los calabozos del Cuartel Real de Lima junto a otros confabulados, donde el 2 de agosto de 1810 fue una de las víctimas del terrible y sangriento Asesinato de los Patriotas Quiteños

Juan Larrea


Patriota y prócer de la independencia nacido en la ciudad de Riobamba en el año 1759, hijo del Gral. José Manuel de Larrea, de los Ejércitos Realistas, y de la Sra. Rosa Villavicencio y Guerrero.

Huérfano de padre desde los 9 años de edad, fue enviado a España donde realizó casi todos sus estudios, que culminó como Abanderado y luego como Oficial del Regimiento de Infantería de Extremadura, en el destacamento que estaba de guarnición en La Plata.

Posteriormente regresó a Quito y en 1790 fue miembro de la célebre Escuela de la Concordia. Más tarde viajó a Perú donde permaneció varios años desempeñando el cargo de Contador Oficial Real de las Cajas del Cuzco.

Cinco años después volvió a Quito donde figuró como literato, poeta, naturalista y economista. En 1808 el Presidente de la Real Audiencia de Quito lo nombró para el cargo de Corregidor de Ambato, y el 25 de diciembre de ese mismo año asistió a la reunión que el Marqués de Selva Alegre, don Juan Pío Montúfar, organizó en su casa de Chillo con el pretexto de celebrar la Navidad, pero con el propósito de organizar la primera Junta Soberana de Gobierno.

Al año siguiente tuvo importante participación en todos los movimientos que culminaron con la Revolución del 10 de Agosto de 1809; integró como Secretario Ministro la nueva Junta de Gobierno que se formó y se encargó del cuidado de la Hacienda Pública.

Al ser desbaratada dicha junta fue capturado y encerrado en los calabozos del Cuartel Real de Lima, pero pudo fugar y se salvó de ser una de las víctimas del Asesinato de los Patriotas Quiteños perpetrado el 2 de agosto de 1810.

Fue uno de los pocos patriotas del 10 de agosto que alcanzó a ver la Patria libre, y a los 65 años de edad murió en la ciudad de Quito, en el año 1824.

Manuel Quiroga


Patriota «quiteño» nacido -según declaración propia- en la ciudad de La Plata, es decir Chuquisaca, hoy Sucre, capital de Bolivia.

Muy niño vino a Quito con su padre, que era Fiscal de la Real Audiencia, y pariente y corresponsal de gente muy ilustre de España. Desde su época de estudiante se granjeó la simpatía y el respeto de los ciudadanos, entre los que se destacó sobre todo por su acentuado patriotismo.

«Como no nació marqués ni conde, adoptó la profesión de abogado, única que daba nombradía entonces, fuera de la eclesiástica. Había escrito un libro, cuando todavía era joven, según lo refiere Fuertes Amar, obra que fue prohibida por la iglesia, circunstancia que da una idea de su mérito» (Roberto Andrade.- Historia del Ecuador, tomo I, p. 180).

«Quiroga era de inquietas aspiraciones, audaz y ardiente en sus empeños, pero obstinado; incapaz de tolerar control de cualquier forma, pero abierto a la convicción cuando la persuasión era el medio. Tenía gran éxito como abogado en estrados, locuaz y elocuente, pero aun ahí su arrojado temperamento le puso dificultades; era frecuentemente reprendido en los tribunales y a la larga fue, no sólo multado, sino suspendido en el ejercicio de su profesión de abogado» (W. B. Stevenson.- Veinte años de Residencia en América).

Esta situación despertó en él un gran resentimiento hacia las autoridades españolas, por lo que al poco tiempo empezó también a conspirar.

Asistió a la reunión del 25 de diciembre de 1808 en la casa del Marqués de Selva Alegre, don Juan Pío Montúfar, en Chillo, donde empezó a germinar la idea de un cambio de autoridades; pero por una indiscreción cometida por el Crnel. Juan Salinas los conspiradores fueron descubiertos, y el 9 de marzo de 1809 fue aprehendido y encerrado en el Convento de la Merced. Poco tiempo después fue puesto en libertad por falta de pruebas en contra de los complotados.

Convertido en uno de los pilares más importantes del movimiento revolucionario quiteño, asistió a todas las reuniones que se celebraron en casa de doña Manuela Cañizares -con quien estaba sentimentalmente relacionado-, y su participación fue muy importante para llevar a feliz término la Revolución del 10 de Agosto de 1809.

Al instaurarse la Junta Soberana de Gobierno fue nombrado Ministro de Gracia y Justicia, y como tal le correspondió dictar la proclama dirigida a todos los pueblos de americanos pidiéndoles su solidaridad: “Pueblos de América: La sacrosanta ley de Jesucristo y el Imperio de Fernando VII perseguido y desterrado de la Península han sentado su augusta mansión en Quito... Pueblos del continente americano, favoreced nuestros santos designios, reunid vuestros esfuerzos al espíritu que nos inspira y nos inflama. Seamos unos, seamos felices y dichosos, y conspiremos unánimemente al individuo objeto de morir por Dios, por el Rey y por la Patria” (Son estos los ideales de quien busca la independencia?, definitivamente no).

Esta Junta de Gobierno tuvo muy corta duración, pues a los pocos meses y debido a conflictos internos y diferencias ideológicas, fue disuelta previo un acuerdo celebrado entre los conjurados y el Conde Ruiz de Castilla, quien el 4 de diciembre de ese mismo año y nuevamente como Presidente de la Real Audiencia de Quito, haciendo tabla rasa del compromiso de no perseguir a los patriotas, ordenó la captura de todos quienes habían participado en la asonada del 10 de agosto.

Al instaurarse el proceso en su contra, Quiroga declaró que “estuvo el 9 de agosto en casa de doña Manuela para conversar con don Ramón Egas, quien por motivos familiares visitaba esa casa... que desconocía quienes habían convocado a la gente allí reunida... y que había jurado vasallaje a Fernando VII y a su Real Familia...”

Estos argumentos no fueron del todo convincentes por lo que junto a los otros complotados fue encerrado en los calabozos del Cuartel Real de Lima.

Meses más tarde, el pueblo quiteño -que cada día sentía sobre sus cabezas la terrible amenaza de los ejércitos realistas- decidió, en un alarde de verdadero valor y coraje, asaltar el cuartel para liberar a los detenidos.

Ese oscuro 2 de agosto de 1810, sus pequeñas hijas fueron a visitarlo en la prisión justo en los momentos en que el pueblo iniciaba el ataque al cuartel. Al darse cuenta de lo que sucedía, las tropas realistas del Crnel. Arredondo, bajo las órdenes del Crnel. Pedro Galup, entraron en los calabozos e iniciaron el Asesinato de los Patriotas Quiteños.

«Manuel Rodríguez de Quiroga, acariciaba a sus dos hijas que le visitaban, mientras una negra esclava, grávida de un hijo, le abrazaba las rodillas. Un oficial llamado Jaramillo le dice a Quiroga: -Grita Viva los Limeños! Y como el patriota sólo le mira a los ojos, Jaramillo, arrancando de sus brazos a las pequeñas, lo destroza con su espada. Las bayonetas de cuatro soldados terminaron la obra del jefecillo asesino; una de ellas quedó clavada en el vientre preñado de la negra» (A. Pareja Diezcanseco.- Ecuador: Historia de la República, tomo I, p. 34).

Manuela Cañizares


Patriota y heroína quiteña nacida en el año 1769.

Desde muy joven se identificó con la lucha que los criollos mantenían en contra de las autoridades que gobernaban la Audiencia de Quito, reacias a respetar los derechos ciudadanos de sus habitantes.

Fue por eso que prestó su casa para varias reuniones clandestinas en las que los quiteños planearon los primeros movimientos en contra de las autoridades españolas, y sobre todo contra el presidente Manuel Huríes, Conde Ruiz de Castilla, que a nombre de los franceses, que habían invadido la península ibérica, gobernaban la Real Audiencia de Quito.

Algunos historiadores sostienen que Manuelita era una mujer de vida disipada, amante del Dr. Quiroga, que mantenía una casa de diversión para los quiteños. “...así se reunieron el capitán Salinas, Morales, Quiroga, Ante y todos lo hicieron en el sitio que menos podía pensarse que se fraguaba una rebelión; y era en una casa de lenocinio. La de “La Ñata” Manuela Cañizares...” (1) “En la noche en que se decide lanzar “el primer grito”, los próceres reunidos en casa de una mujercilla, entre los cuales estuvieron tres clérigos: Riofrío, Correa y Castelo…” (2). En todo caso, ni los detalles de su vida privada, ni ninguna de estas “opiniones”, desmerecen en absoluto la extraordinaria participación de Manuela Cañizares en el movimiento patriótico de Quito.

Fue así que en la noche del 9 de agosto de 1809, en circunstancias en que los patriotas quiteños reunidos en su casa tuvieron un momento de debilidad que pudo hacer fracasar el movimiento revolucionario, con inusitado valor se convirtió en la heroína espiritual del golpe, parándose con determinación frente a ellos para arengarlos con esas palabras que la convirtieron en protagonista de la historia:

«Cobardes...! Hombres nacidos para la servidumbre... de qué tenéis miedo...? !No hay tiempo que perder...!

Fue entonces que gracias a su valor, determinación y coraje, se pudo llevar a feliz término la Revolución del 10 de Agosto de 1809.

«Manuela Cañizares se distinguió como una mujer de indiscutible valía dentro del contexto de las figuras importantísimas del Ecuador, como ejemplo de patriotismo, de amor al pueblo, de luchadora infatigable por sus reivindicaciones y legítimos derechos... fue poseedora de un gran valor, talento original, cultura elevada para aquella época, en que las mujeres eran ajenas a las inquietudes culturales...» (H. Oña V.- Fechas Históricas y Hombres Notables del Ecuador, p. 292).

Luego del Asesinato de los Patriotas Quiteños perpetrado el 2 de agosto de 1810, Manuelita fue tenazmente perseguida por las autoridades realistas, por lo que tuvo que huir y permanecer escondida para poder salvar su vida.

Discutida, combatida, admirada, pobre, perseguida, desterrada; con la gloria de haber escrito una página heroica de la historia, pero sin poder ver el nacimiento de la patria libre, doña Manuela Cañizares y Alvarez murió en el año 1814.

El pueblo de esa época, reconociendo su valor y coraje, ensalzó su figura repitiendo una copla que dice así:

«Nueva Judith, mujer fuerte,
que aunque acero no manejas,
de dar mandobles no dejas
por dar al contrario muerte.
La patria quiere su suerte
a las espadas fiar
pero también esperar
de una mujer mucho puede
para que Holofernes quede
tendido y sin respirar».

(1) Dr. Roberto Leví Castillo (Rolecas).- El Telégrafo, Ag. 10/84.

(2) Julio Tobar Donoso.- La Iglesia, Modeladora de la Nacionalidad, p. 265

Juan Pio Montufar


Ciudadano quiteño nacido el 29 de mayo de 1758, hijo de don Juan Pío Montúfar y Frasso, primer Marqués de Selva Alegre, y de la Sra. Rosa María Larrea y Santa Coloma.

Por pertenecer a una de las más notables familias quiteñas, y ser hijo del Presidente de la Real Audiencia de Quito, sus primeras enseñanzas las recibió en su propia casa, de acuerdo con viejas y tradicionales costumbres de la gente noble de aquellos tiempos. Posteriormente ingresó al Seminario de San Luis donde continuó estudios superiores de latín y filosofía, pero no llegó a graduarse de Doctor porque prefirió retirarse de dicho centro de estudios para dedicarse a la lectura en la rica biblioteca de su casa, en el valle de los Chillos.

Adquirió entonces una gran cultura general que le permitió, en 1777, y cuando apenas había cumplido los diecinueve años de edad, ser nombrado Regidor del Cabildo de Quito.

Años después su personalidad había alcanzado destacada notoriedad y fue uno de los primeros en expresar su rechazo a la invasión napoleónica a España, por lo que el 25 de diciembre de 1808, con motivo de celebrarse la fiesta de Navidad, invitó a su casa de los Chillos a un grupo selecto de nobles quiteños que como él también se negaban a aceptar la presencia de Francia en el trono de España, y en respaldo al depuesto rey Fernando VII plantearon por primera vez la creación de una Junta Soberana.

Desgraciadamente, por efecto de un descuido cometido por el capitán Juan Salinas, los conjurados fueron descubiertos por las autoridades realistas y entre el 1 y el 11 de marzo de 1809 fueron encerrados -en consideración a su condición de nobles- en el Convento de la Merced. Esta peligrosa situación fue superada gracias a la intervención inteligente de los complotados que no fueron capturados, quienes lograron robar el expediente que contenía la información en su contra, por lo que a falta de éste y de pruebas contundentes, tuvieron que ser puestos en libertad.

«D. Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, no era para revoluciones, menos para una tan arriesgada como aquella. Comprometióse por apetito de poder, y no pudo mantenerse en él con alteza, ni siquiera infundiendo respeto, como lo hacía como simple súbdito del rey, por sus liberalidades con los artistas y científicos. Era tímido, egoísta, omiso, indolente y vanidoso; y cuando en la revolución llegó el conflicto, no tuvo embarazo para convertirse en traidor...» (Roberto Andrade.- Historia del Ecuador, tomo I, p. 179).

Fue por eso que no participó personalmente en la Revolución del 10 de Agosto de 1809, pero a pesar de esto, consumada la transformación fue nombrado Presidente de la nueva Junta Soberana de Gobierno.

Como particularmente él -al igual que muchos de los implicados- no estaba convencido ni de acuerdo con los gestores de la asonada del 10 de agosto, “desde el 22 de agosto de 1809, o sea, a los doce días del pronunciamiento revolucionario, ya estaba conspirando por la reposición en la Presidencia del Conde Ruiz de Castilla; es decir, que estaba creando el caos y el torbellino en el que luego se vio envuelta la revolución y que la llevó al fracaso...”

Poco tiempo después, al conocer que el Virrey de Lima José Fernando de Abascal y Sousa había despachado un fuerte contingente militar para aplacar la revolución, le envió a este -el 9 de septiembre- un oficio en el que justificaba su participación en la Junta Suprema, explicando además su deseo de reponer en la Presidencia de Quito al Conde Ruiz de Castilla. “Con este objeto, propio de las obligaciones de un fiel vasallo y ciudadano, he procurado hacer uso de esa confianza que la miro únicamente como interina y provisional, esperando lograr la ocasión favorable de reponer las cosas a su debido estado, mediante las providencias que voy tomando de acuerdo con los sujetos más juiciosos y mejor intencionados, dejando que calme la efervescencia de los espíritus para poder obrar con toda energía y seguridad, sin peligro de que se frustren las medidas de prudencia y rectitud, y conseguir en todo el acierto... “ Posteriormente y en relación a la situación de Ruiz de Castilla dice: “...estoy resuelto con toda sinceridad y comprometido reservadamente con su Excelencia bajo palabra de honor de hacer todos los esfuerzos más vigorosos para que se le haga justicia a su mérito, reponerlo a su puesto y reconocerlo públicamente como a jefe legítimo, cediéndole gustoso el lugar superior que se me dio contra toda mi resistencia” (Manuel María Borrero.- Quito: Luz de América, p. 57-59).

El 12 de octubre -dos meses después de haber asumido el cargo- procedió a entregar la presidencia a don Juan José Guerrero, Conde de Selva Florida, quien el 25 del mismo mes y año capituló ante el poder español, y previo a un acuerdo de amnistía en favor de los implicados en el movimiento revolucionario, entregó nuevamente el gobierno de la Audiencia al viejo Conde Ruiz de Castilla.

Poco tiempo después, junto a Antonio Ante y otros revolucionarios tuvo que esconderse y huir para poder escapar de la feroz persecución que Ruiz de Castilla, faltando a su palabra, desató contra los patriotas quiteños.

Pudo así librarse de ser una víctima más del sangriento Asesinato de los Patriotas Quiteños, perpetrado en los calabozos del Cuartel Real de Lima el 2 de agosto de 1810. Ese mismo año, gracias a la brillante e inteligente actuación de su hijo el Crnel. Carlos Montúfar, que había llegado a Quito con el cargo de Comisionado Regio, se formó una nueva Junta Suprema de la cual fue nombrado Vicepresidente, pero ésta, al igual que la primera, también tuvo una duración muy efímera.

Tres años más tarde, por orden del Gral. Toribio Montes fue tomado prisionero y enviado a Loja, encadenado y con grillos. El ensañamiento de las autoridades españolas fue entonces más allá de la prisión, y sus bienes, haciendas y propiedades le fueron confiscados; no contento con eso, a principios de 1818 el nuevo Presidente de la Audiencia, Gral. Juan Ramírez de Orozco, ordenó su destierro a Cádiz, España, y en esas tierras lejanas, envuelto en una honorable pobreza que supo llevar con gran dignidad, don Juan Pío Montúfar, II Marqués de Selva Alegre, murió el 15 de octubre de ese mismo año 1818.

Sus restos mortales fueron depositados más tarde en la catedral de esa ciudad española.
Posted by Editor in | julio 04, 2017
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Lamina educativa escolar Reproduccion Sexual Asexual fecundacion

La Reproducción

Reproducción es la capacidad de todos los seres vivos de engendrar, en algún momento, otros seres semejantes a ellos.

Reproducción Sexual

La reproducción sexual es aquella en la que generalmente participan dos progenitores de distinto sexo (uno macho y otro hembra). Los descendientes poseen caracteres procedentes de ambos progenitores.

El proceso de reproducción sexual sigue varios pasos:

Producción de gametos. Los gametos son células haploides (n), es decir, con un solo juego de cromosomas, que portan información genética del individuo que los produce. Se originan en unos órganos especiales denominados gónadas, tras un proceso llamado meiosis.

Fecundación. Es la unión de dos gametos, uno masculino y otro femenino, que da lugar a una célula, el cigoto. Este es diploide (2n), pues recibe un juego de cromosomas de cada gameto.

Desarrollo embrionario. El cigoto comienza a dividirse por mitosis, dando lugar a un gran número de células, que se diferencian en los distintos tipos de tejidos y, finalmente, darán lugar a un individuo adulto.

Los seres vivos que solo producen un tipo de gametos, reciben el nombre de unisexuales. Los que son capaces de producir gametos masculinos y femeninos reciben el nombre de hermafroditas. Aunque un ser vivo sea hermafrodita, lo habitual es que se reproduzca con otro miembro de su especie.

En los organismos unisexuales, los órganos donde se producen los gametos son distintos en uno y otro sexo. Además, a menudo los organismos de ambos sexos son
diferentes en tamaño, forma, color… En este caso, hablamos de dimorfismo sexual.

En la reproducción de los seres humanos y de la mayoría de los animales intervienen los dos sexos, por lo que recibe el nombre de reproducción sexual.

Para que se forme un nuevo ser, deben unirse dos células llamadas gametos:

- El óvulo es el gameto femenino.
- El espermatozoide es el gameto masculino.

La unión del óvulo y el espermatozoide da origen a una nueva célula llamada cigota, que continúa dividiéndose y transformándose dando origen al embrión.

La reproducción de los mamíferos es vivípara, el embrión se desarrolla dentro del cuerpo de la madre durante un periodo llamado gestación que culmina con el parto, en el nacimiento, las crías salen del cuerpo de la madre.

la reproducción de las aves, los peces y los reptiles es ovipara, el embrión se desarrolla dentro del huevo, fuera del cuerpo de la madre, en el nacimiento, el huevo se rompe y salen las crías.

Reproducción humana

La reproducción humana es de tipo sexual, ya que intervienen los dos sexos: masculino y femenino. La fecundación se lleva a cabo dentro del cuerpo de la mujer.

El pene del hombre penetra a través de la vagina de la mujer, donde deposita los espermatozoides. Estos se trasladan hacia el útero, donde uno de ellos se unirá al óvulo produciéndose la fecundación. La cigota comenzará a dividirse hasta formar un conjunto de células mayor llamado mórula. Poco a poco irá adquiriendo forma humana y el embrión recibirá el nombre de feto.

Transcurridas 40 semanas de embarazo, el feto estará completamente desarrollado y listo para salir al exterior. En ese momento se produce el parto

Reproducción asexual

Es el tipo de reproducción en la cual se produce sin la participación de los sexos. en los organismos unicelulares es la forma de reproducción más frecuente. los organismos que pertenecen a los reinos monera y protistas se multiplican por simple división o fisión, que puede ser longitudinal o transversal. algunos protozoos, como la ameba, que suelen enquistarse (esporulación) como forma de resistencia ante condiciones ambientales desfavorables se reproducen en forma múltiple dando origen a numerosos individuos hijos que abandonan el quiste cuando éste se abre. en otros protozoos como el plasmodium malarie productor del paludismo, el ciclo reproductor es alternante cumpliendo una fase asexual de reproducción múltiple en la sangre del hombre y una etapa sexual con intervención de gametas en el mosquito anhópeles. otras formas de reproducción asexual se producen en organismos pluricelulares. en los animales de los niveles de organización celular, tisular y orgánico, son frecuentes los procesos asexuales de brotación y regeneración, tal como ocurre en las esponjas y cnidarios, como la hydra, o en los platelmintos, como la planaria.

Bipartición o reproducción celular directa

es un tipo de reproducción celular directa, propia de protozoos como la ameba, el paramecio, etc. cuando llega a su máximo desarrollo, la célula unicelular se multiplica por amitosis. el protoplasma y el núcleo se alargan y se estrangulan. dividido el núcleo, termina de estrangularse el protoplasma celular (citoplasma) y se originan 2 células hijas iguales a la madre. por ej: los protozoos (ameba, paramecio), bacterias, levaduras, algas unicelulares y protozoos.

Fragmentación

es la separación de porciones del organismo que crecen hasta convertirse en otro individuo. pueden producirse por simple ruptura o por destrucción de partes viejas , que dejan separadas partes de la planta (frutilla, elodea) que se transforman en individuos independientes. la estrella de mar puede regenerar su cuerpo de un fragmento del cuerpo original. son ejemplos: las planarias, pequeños platelmintos (gusanos achatados) de agua dulce, equinodermos como la estrella de mar, la lombriz de tierra y en las planarias, en los gusanos poliquetos marinos que modifican los segmentos posteriores de su cuerpo de forma que estos segmentos se transforman en individuos hijos llamados zooides.

Esporulación

En la esporulación, el organismo se enquista cuando las condiciones son desfavorables y se reproducen formando individuos iguales a la madre, sin que el núcleo desaparezca. por ejemplo: algunos protozoos como la ameba, hongos, líquenes, algunos tipos de bacterias, protozoos esporofitos (como el plasmodium causante de malaria), y es frecuente en vegetales (especialmente algas, musgos y helechos).

Gemación

En la gemación se forman pequeños brotes o yemas en la madre que luego se desprenderán formando un nuevo individuo, sin que el núcleo desaparezca. como ocurre en las esponjas y cnidarios, como la hydra, o en los platelmintos, como la planaria, hongos, las levaduras, a nivel pluricelular, este tipo de reproducción es frecuente en los cnidarios, briozoos y esponjas.

Propagación vegetativa

Es el tipo de reproducción asexual en las plantas realizadas por el hombre. ejemplos: fragmentos de rama, unos herbáceos y los otros leñosos, conteniendo alguna yema. por ejemplo: sauces, álamos, malvones y árboles frutales, naranjos, durazneros, rosales, vid, perales, plantas acuáticas, etc.

Fisión binaria

Es la forma de división celular de las células procariotas y consiste en la división de la célula madre en 2 células hijas iguales, cada una completa e independiente y conservan el mismo número de cromosomas que la célula madre, como en los organismos procariotas hay 1 sola molécula de adn de tipo procariota, cada célula hija contendrá también 1 sola molécula de adn, la fisión binaria es conocida también como amitosis o división directa. la fisión binaria en las bacterias es el proceso por el cual una célula se divide en otras dos semejantes. primero se duplica el adn bacteriano circular y después se forma una pared transversa por crecimiento interno de la membrana plasmática y la pared celular. la fisión binaria ocurre con notable rapidez.
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Posted by Editor in | julio 01, 2017
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1. BANDERA DEL ECUADOR

1.1 Tipos de representación

Bandera Nacional

Es el tricolor nacional de forma rectangular confeccionado en tela, que lleva el escudo de armas en el centro, en ambos lados, sobre la faja amarilla y azul, y que se iza en las astas fijas de las Instituciones públicas, privadas, civiles, militares y policiales.

Pabellón Nacional (Estandarte).

Se denomina Pabellón Nacional al tricolor nacional confeccionado en gamuza de terciopelo con el escudo de armas de la nación al centro, bordado en ambas caras, sobre las franjas amarilla y azul; no debe ser izado, se lo debe guardar en un sitio de honor (urna), colocado sobre una base estática.

Estandarte Nacional.

Es el pabellón nacional, que se moviliza con debida escolta. Estará resguardado y custodiado por un máximo de cinco escoltas y por un mínimo de dos, con los que presidirá ceremonias oficiales y eventos especiales, tales como:
  • Informe a la nación.
  • Posesión de mando presidencial.
  • Ascensos.
  • Condecoraciones.
  • Cambio de mando militar.
  • Graduaciones militares.
  • Paradas militares y desfiles cívicos.
  • Conmemoraciones patrias: 27 de febrero, 24 de mayo y 10 de agosto.
  • Ceremonias conmemorativas de fundación e independencia de ciudades y provincias.
  • Colocación de ofrendas florales oficiales.
  • Celebraciones institucionales de Fuerzas Armadas, Policía Nacional y de instituciones que posean estandarte.
  • Ceremonias especiales de instituciones educativas.
  • Religiosas significativas (TE-DEUM)
  • Bienvenida y despedida del Presidente de la República, Jefes de Estado extranjeros, reyes, su santidad el Papa, Vicepresidente, Ministro de Relaciones Exteriores y Ministro de Defensa en viajes al exterior.
  • Ceremonias fúnebres en las que el decesado tenga derecho a su uso.

1.2 Medidas y detalles

La Bandera Nacional tendrá las siguientes dimensiones:

2.20 metros de largo, por 1.47 metros de ancho y en el centro deberá estar estampado el escudo nacional en los dos lados sobre el amarillo y azul, ubicado en el centro de la misma; estas medidas podrán cambiarse sin alterar sus proporciones, de tal forma que la relación entre el ancho y el alato sea de 3 a 2.

En los repartos militares, policiales e instituciones públicas y privadas, en la parte superior e inferior del escudo y en forma de semicírculo, formado un círculo imaginario de 55 cm. decripción correspondiente del reparto u organismo.

La letras deben ser de tipo romano, de 4 cm. de alto, por 3 cm. de ancho, bordadas con hilo dorado.

2. ESCUDO DEL ECUADOR

2.1 Descripción

El Escudo de Armas del Ecuador consta de un óvalo que en su parte interior y superior contiene el sol; en la elíptica, los signos zodiacales de Aries, Tauro, Géminis y Cáncer, correspondientes a los meses de marzo, abril, mayo y junio en los que ocurrieron importantes hechos históricos.

En la parte inferior derecha consta la representación del Chimborazo (el volcán nevado más alto del país), del que nace un río (el Guayas), en cuya parte más caudalosa navega un buque a vapor, recuerdo del primero que se construyó en América del Sur, en el astillero de Guayaquil (1840) y que tiene por mástil un caduceo, símbolo de la navegación y del comercio como fuentes de la prosperidad del Ecuador.

El escudo reposa sobre un lío de haces consulares, expresión universal de la dignidad republicana, adornado exteriormente con banderas nacionales y ramas de palma y laurel que proclaman la paz. Corona el óvalo un cóndor con alas desplegadas.

2.3 Uso del Escudo Nacional

En las Instituciones oficiales, públicas, educativas, militares y policiales deberá ser exhibido en los despachos de direcciones y jefaturas, y, en las instituciones educativas, en las aulas, en el lugar más visible, enmarcado y con vidrio para su protección.

En lo personal, en forma de escarapela en colores, en la solapa del lado izquierdo, es de uso exclusivo del Presidente, y Vicepresidente de la República, Presidente de la Asamblea Nacional, Presidente de la Corte Nacional de Justicia y Ministros Jueces y Asambleístas, Presidente de la Corte Constitucional, Presidente del Consejo Nacional Electoral, Ministros de Estado y Embajadores ecuatorianos acreditados en el exterior.
Podrán utilizar el escudo nacional en su documentación algunos organismos y autoridades estatales, como Presidencia y Vicepresidencia de la República, Ministerios de Estado, Asamblea Nacional, Cortes, Tribunales y Gobernaciones.

El escudo de armas en dorado se utilizará exclusivamente para asuntos oficiales en tarjetas personales y en la documentación del Presidente, Vicepresidente, Asamblea Nacional, Corte Nacional de Justicia, Ministro de Relaciones Exteriores y Embajadores ecuatorianos acreditados en el exterior.

El escudo repujado en blanco se utilizará en asuntos oficiales en tarjetas personales de los Ministros de Estado.

El escudo impreso en color negro se lo utilizará en la documentación diaria de la Presidencia y Vicepresidencia de la República, Asamblea Nacional, Corte Suprema de Justicia, Cortes y Tribunales Nacionales, ministerios y embajadas ecuatorianas acreditadas en el exterior.

Las instituciones públicas que no constan en los numerales anteriores y las personas e instituciones privadas no pueden utilizar el Escudo Nacional en su documentación; por tanto se prohíbe el uso del escudo nacional en la documentación y tarjetas de los demás funcionarios del estado.

Bibliografía
• Reglamento de Protocolo y Ceremonial Militar, Ministerio de Defensa Nacional, Quito, Ecuador, Agosto de 2006.
• Resolución No. 24-047 expedida por el Congreso Nacional el 13 de marzo de 2003, publicado en el Registro Oficial No.45 de 21 de marzo de 2003.

http://www.presidencia.gob.ec

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