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Posted by Anónimo in , | agosto 05, 2017

Ubicada en el centro de la ciudad, la plaza del Centenario recibe su nombre porque la inauguración fue en octubre de 1920, al cumplirse 100 años de la gesta independentista. Tiene cuatro entradas enmarcadas cada una con dos esculturas de estilo clásico.


Posted by Anónimo in , | agosto 05, 2017

Nació en Guayaquil, 19 de Marzo de 1780. Padres: Capitán Don Miguel de Olmedo, español de nacimiento y Doña Ana Francisca Maruri y Salavarría. Estudios Colegio San Fernando de los padres Dominicos(1789), compartiendo sus estudios con Carlos Montúfar y Don José Mejía Lequerica,

1780-1809
Estudia Gramática Castellana y el Latín. Sus amigos de juventud Carlos Montúfar y Vicente Rocafuerte continúan sus estudios en el Colegio de Nobles de Madrid. Sus padres luego de obtener "el certificado de Hidalguía que probara su legítima descendencia española" logra incorporarse al Colegio de San Carlos de Lima y después a la Universidad de San Marcos. "José Joaquín fue acusado de leer y comentar los libros de la Ilustración, entre los cuales estaba la "Henriade"1 En esa época ya se habían publicado los libros de la Burguesía Revolucionaria. En 1799 Defendió en la Universidad un acto de Filosofía y Matemáticas. En 1805, recibió el título de Dr. en Leyes.

1810-1820
Secretario del Obispo de Huamanga, Dr. José Silva Obispo. Elegido a las Cortes de Cádiz por la Municipalidad de Guayaquil el 11 de Septiembre de 1810, incorporándose el 2 de Octubre de 1811. En Cádiz dejo sepultado a A D. José Mejía Una composición: De las Ramas de un Gracioso Rosal. Olmedo pronunció el 12 de Agosto de 1812, Su discurso sobre la Supresión de las Mitas. Secretario de la Asamblea ( Cádiz 1812). Miembro y Secretario de la Diputación permanente en Cádiz. 13 de Marzo de 1813. Olmedo estampa su firma intimidando a Fernando VII, para reconocerlo como Rey debe firmar primero la constitución. Perseguido se retira a América.

1820-1822
Integra la Junta Superior de Gobierno el triunvirato de Olmedo, Jimena y Roca, sus afanes patriotas y cívicos están en la Historia en sus Decretos, Proclamas y Anuncios. Fue Jefe Político de Guayaquil, por voluntad del pueblo y de las tropas, pidiendo "Orden, unión. amor fraternal. Americano o español que ame la patria es nuestro hermano. La opinión es una y general, sostenedla firmes, y cerrad la entrada a todas las sugestiones de la cobardía" dice la Proclama del 9 de Octubre de 1820. Luego sentó las bases jurídicas del naciente Estado, a través del Reglamento Provisorio de Gobierno. Constitución del nuevo Estado.

1822-1825
Representante por el Departamento de Puno a la Asamblea Constituyente convocada por el Protector. Miembro de la Comisión que laboró esa constitución, firmando además la exposición de su I parte. Miembro de la comisión por parte del congreso para solicitar la presencia de Bolívar al Perú. 14 de mayo de 1823.

1825-1829
Escribió : La Victoria de Junín, Canto A Bolívar, fue nombrado Ministro plenipotenciario del Perú, designado por Bolívar , ante las Cortes de París y Londres. Nombrado miembro fundador de la Academia Nacional de Colombia. Noviembre de 1826. No aceptó el cargo de miembro de Relaciones Exteriores de la Gran Colombia.

1830-1843
Prefecto del Guayas. Miembro encargado de redactar el proyecto de constitución. Vicepresidente de la naciente República, que luego renunció. Miembro de las conferencias de límites con Colombia Abril de 1832. Diputado del Guayas a la Constituyente de Ambato. Presidente de la Constituyente de Ambato.

1843-1847
Triunviro junto con Vicente Ramón Roca y Diego Noboa. Candidato a la presidencia de la República. Comisionado por el presidente Roca para reclamar los restos del Mariscal La Mar. José Joaquín de Olmedo posee una hermosa composición denominada Alfabeto para un niño.
La contribución de Olmedo debe ser valorada después de estudiar su participación al desarrollo de la identidad nacional; haciéndolo desde su mismo pensamiento, llegar al hombre midiendo todas sus manifestaciones, esta perspectiva es más segura que si lo analizamos desde su puesto ya consagrado por la Historia. Estoy convencido que Olmedo dio dirección a los acontecimientos donde fue actor, situando siempre su conducta dentro de la espiral histórica. Las nuevas generaciones debemos mirar los monumentos y hacer significativas su presencia, más que piedras, bronce o mármol, son hitos y referentes para visualizar nuevas auroras gloriosas que anuncien los triunfos contra el hambre, desempleo y los males que conspiran contra las nuevas conquistas de las aspiraciones ciudadanas.


En su tumba está la siguiente inscripción:

"A Dios glorificador,
aquí yace el Dr. José Joaquín de Olmedo.
Fue Padre de la Patria,
Ídolo del Pueblo.
Poseyó todos los talentos,
Practicó todas las virtudes"

Un buen gobierno es aquel donde buenas leyes hacen felices a buenos ciudadanos.

La opinión pública y la libertad de imprenta son la espada flamígera del
Querubín que vela sobre el árbol de la libertad.

¿La pobreza? La pobreza
es el menor de los males, y son tan pocas las cosas que se necesitan para ser
rico, que sólo es pobre el que quiere serlo.

Los hombres hábiles
ambicionan convencer; los hombres mediocres o sin talento no aspiran sino
mandar.

Los legisladores deben ser tan imparciales, tan impasibles como
las leyes; los legisladores no deben dejar en su obra las huellas detestables de
las pasiones.
Posted by Laminas Escolares in , | julio 25, 2017
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Primer Grito de la Independencia del Ecuador 10 de Agosto de 1809

Durante la noche del 9 de agosto de 1809, un núcleo de intelectuales, doctores, marqueses y criollos complotados residentes en la ciudad de Quito se reunieron en la casa de Manuela Cañizares. Allí decidieron organizar una Junta Soberana de Gobierno, en la que actuaría como Presidente Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, como Vicepresidente el Obispo José Cuero y Caicedo y como Secretarios de Estado, en los Despachos del Interior, de Gracia y Justicia y de Hacienda, los notables Juan de Dios Morales, Manuel Quiroga y Juan Larrea, respectivamente.


En la mañana siguiente, el día 10 de agosto, Antonio Ante se encargó de presentar, ante el Presidente de la Real Audiencia, Manuel Urriez, Conde Ruiz de Castilla, el oficio mediante al cual se le daba a conocer que había cesado en sus funciones y que el gobierno lo asumía la Junta Soberana de Quito. Al mismo tiempo, Juan de Salinas se encargó de la guarnición, que, de inmediato, se pronunció a favor de la Junta. Los criollos de Quito, actuando como “diputados del pueblo”, suscribieron el Acta, por la cual desconocieron a las autoridades audienciales, reconocieron a la Junta Suprema como gobierno interino “a nombre y como representante de nuestro soberano, el señor don Fernando Séptimo y mientras Su Majestad recupere la península o viniere a imperar en América”; le encargaron sostener “la pureza de la religión, los derechos del Rey, los de la Patria y hará guerra mortal a todos sus enemigos, principalmente franceses”; y dispusieron la formación de la falange militar propia. El Cabildo abierto del 16 de agosto, en el que estuvieron los representantes de los diversos barrios, ratificó solemnemente todo lo actuado.

El golpe de Estado ejecutado el 10 de agosto de 1809 no dejó dudas sobre el carácter autonomista y libertario del movimiento patriota, que no pudo ocultarse con la proclama de fidelidad al Rey. Sin embargo, en la misma época, no quedaban dudas que el movimiento de aquellos criollos patriotas se inspiraba en el pensamiento ilustrado inculcado por Eugenio Espejo y que, sobre todo, al asumir como suyo el principio de soberanía popular y de representación del pueblo, ejecutaba un acto revolucionario que, en última instancia, movilizaba un proyecto autonomista.

Así lo entendieron las autoridades de las otras regiones de la Audiencia de Quito y de los Virreinatos de Lima y de Bogotá. Por ello, aunque los patriotas quiteños llamaron a la unión de “los Cabildos de las provincias sujetas actualmente a esta gobernación” y especialmente a Guayaquil, Popayán, Pasto, Barbacoas y Panamá, la Junta de Quito resultó aislada e incluso provocó la reacción de las otras regiones, desde las que se prepararon milicias para someterla.

El Virrey de Lima, Fernando de Abascal y Souza, envió tropas al mando del Coronel Manuel Arredondo. Ante el peligro inminente, el 28 de octubre la Junta resignó el poder ante el “españófilo” Juan José Guerrero, Conde de Selva Florida, quien a los pocos días lo devolvió al Conde Ruiz de Castilla.

Aunque el Presidente restaurado prometió olvidar los sucesos, cuando entraron a la ciudad las fuerzas realistas, se inició la persecución contra los revolucionarios quiteños, contando con la actuación del oidor Felipe Fuertes Amar y del fiscal Tomás Arechaga.

El 2 de agosto de 1810 un fallido intento por liberar de la prisión a los próceres detenidos concluyó con la matanza de los próceres detenidos en los calabozos del Cuartel “Real de Lima” en Quito, fusilando en el acto o atravesando con bayonetas y cuchillos a Morales, Quiroga, Salinas, Larrea, Arenas. Riofrío. Ascásubi, Guerrero, Villalobos y tantos otros. La brutalidad de las tropas llegadas con el coronel Arredondo se extendió inmediatamente sobre los barrios de la ciudad, que apenas pudieron resistirlas. El obispo y los sacerdotes tuvieron que recorrer las calles para implorar que terminen los enfrentamientos. Dos días después, en la Asamblea de vecinos convocada por las autoridades fueron denunciadas las atrocidades y se acordó la salida de las tropas, la formación de una Junta y el recibimiento del Comisionado Regio.

Carlos Montúfar, hijo del Marqués de Selva Alegre, llegó en calidad de Comisionado nombrado directamente por el Consejo de Regencia de España, para apaciguar en algo el clima de represión con que fue sometida Quito. Organizó una segunda Junta Superior de Gobierno, presidida temporalmente por Ruiz de Castilla, pero integrada por criollos patriotas. El 1º. de enero de 1812 se instaló un Congreso Constituyente que, además, dictó la primera Constitución Quitense.

El virrey del Perú desconoció la Junta de Quito. Además, segregó Cuenca y Guayaquil y nombró a Joaquín Molina como Presidente. Carlos Montúfar, definido por la revolución, armó la defensa del gobierno popular de Quito, alistando tropas, que fueron enviadas hasta el norte y el sur, logrando triunfos en Pasto y cerca de Cuenca. El general español Toribio Montes organizó las fuerzas realistas desde el litoral, con soldados del Perú, Panamá y Guayaquil. Paulatinamente fue venciendo en su ascenso por los Andes. Entró a Quito el 8 de noviembre de 1812 y organizó la persecución de los últimos resistentes. Montúfar y los principales lograron escapar. Otros fueron procesados, condenados y hasta desterrados. Así terminó la Revolución de Quito.

El significado histórico

Aunque la Revolución de Quito no logró mantenerse, había dado inicio a la conciencia autonomista y se convirtió en fuente de las luchas independistas posteriores que, en una segunda y definitiva fase, arrancaron con las Revoluciones de Guayaquil y Cuenca en 1820.

Si bien antecedieron a la Revolución de Quito tanto la independencia de los Estados Unidos en 1776, así como la de Haití en 1804 e incluso los movimientos de Chuquisaca y La Paz (Bolivia) en 1809, los sucesos de Quito adquirieron significación continental no solo por la instauración de una Junta de criollos, sino porque los próceres que participaron en la revolución fueron asesinados el 2 de agosto de 1810 y porque en Quito se expidió en 1812 la primera Constitución.

Simón Bolívar se refirió a los sucesos de Quito como los gestores de la emancipación y su proclama de “guerra a muerte” contra los españoles la lanzó como reacción a la escandalosa matanza de los patriotas quiteños. En Chile también se reconoció la gesta del 10 de agosto, declarando a Quito “Luz de América”.

Después de la Revolución de Quito se sucedieron en 1810 nuevos movimientos autonomistas en México y las Juntas de Caracas, Bogotá, Santiago de Chile y Buenos Aires. El proceso de la independencia de América Latina había comenzado.

La Revolución de Quito no fue, por consiguiente, un movimiento meramente local, sino que tuvo en la mira la liberación de un país que estaba gestándose. Generó la conciencia de identidad propia. Y estuvo conectada con un movimiento más general: el de toda Hispanoamérica, que estallaba en rebeliones y protestas contra las autoridades españolas.

Aunque la dirección política revolucionaria estuvo en manos de una elite criolla, ella cumplió con un interés histórico mayor: dar inicio al proceso de la lucha anticolonial, en la que inevitablemente tendrían que involucrarse, más tarde o más temprano, todas las regiones dominadas por una metrópoli que actuó como un poder de dominación nacional.

En Quito los ideales abiertamente independistas de algunos de los patriotas se conjugaron con posiciones autonomistas o menos radicales de otros revolucionarios. Pero no hay duda que, en conjunto, la Revolución daba continuidad a las rebeliones que habían estallado durante todo el siglo XVIII, a las ideas del precursor Eugenio Espejo y al espíritu de identidad forjado por múltiples vías culturales y sociales.

Comprendida con una visión histórica de amplia perspectiva, la Revolución de Quito del 10 de Agosto de 1809 dio inicio al proceso de la independencia de la actual República del Ecuador, que solo después de trece años de insurgencia culminaría exitosamente en la Batalla del Pichincha del 24 de mayo de 1822.
Posted by Laminas Escolares in , | julio 20, 2017
Personajes Primer Grito de Independencia de Ecuador 10 de agosto 1809

Simón Bolivar, Eugenio Espejo, Antonio José de Sucre,
José Joaquin de Olmedo, Juan de Dios Morales, Juan Larrea,
Manuel Quiroga, Manuela Cañizares, Juan Pio Montufar.

Simón Bolivar


(Caracas, Venezuela, 1783 - Santa Marta, Colombia, 1830). Nacido en una familia de origen vasco de la hidalguía criolla venezolana, Simón Bolívar se formó leyendo a los pensadores de la Ilustración (Locke, Rousseau, Voltaire, Montesquieu…) y viajando por Europa. En París tomó contacto con las ideas de la Revolución y conoció personalmente a Napoleón y Humboldt. Afiliado a la masonería e imbuido de las ideas liberales, ya en 1805 se juró en Roma que no descansaría hasta liberar a su país de la dominación española. Y, aunque carecía de formación militar, Simón Bolívar llegó a convertirse en el principal dirigente de la guerra por la independencia de las colonias hispanoamericanas; además, suministró al movimiento una base ideológica mediante sus propios escritos y discursos.

En 1810 se unió a la revolución independentista que estalló en Venezuela dirigida por Miranda (aprovechando que la metrópoli se hallaba ocupada por el ejército francés). El fracaso de aquella intentona obligó a Bolívar a huir del país en 1812; tomó entonces las riendas del movimiento, lanzando desde Cartagena de Indias un manifiesto que incitaba de nuevo a la rebelión, corrigiendo los errores cometidos en el pasado (1812).

En 1813 lanzó una segunda revolución, que entró triunfante en Caracas (de ese momento data la concesión por el Ayuntamiento del título de Libertador). Aún hubo una nueva reacción realista, bajo la dirección de Morillo y Bobes, que reconquistaron el país para la Corona española, expulsando a Bolívar a Jamaica (1814-15); pero éste realizó una tercera revolución entre 1816 y 1819, que le daría el control del país.

Bolívar soñaba con formar una gran confederación que uniera a todas las antiguas colonias españolas de América, inspirada en el modelo de Estados Unidos. Por ello, no satisfecho con la liberación de Venezuela, cruzó los Andes y venció a las tropas realistas españolas en la batalla de Boyacá (1819), que dio la independencia al Virreinato de Nueva Granada (la actual Colombia). Reunió entonces un Congreso en Angostura (1819), que elaboró una Constitución para la nueva República de Colombia, que englobaba lo que hoy son Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá; el mismo Simón Bolívar fue elegido presidente de esta «Gran Colombia». Luego liberó la Audiencia Quito (actual Ecuador) en unión de Sucre, tras imponerse en la batalla de Pichincha (1822).

En aquel mismo año Simón Bolívar se reunió en Guayaquil con el otro gran caudillo del movimiento independentista, San Martín, que había liberado Argentina y Chile, para ver la forma de cooperar en la liberación del Perú; ambos dirigentes chocaron en sus ambiciones y en sus apreciaciones políticas (pues San Martín se inclinaba por crear regímenes monárquicos encabezados por príncipes europeos), desistiendo San Martín de entablar una lucha por el poder y dejando el campo libre a Bolívar (poco después se marcharía a Europa).

Bolívar pudo entonces ponerse al frente de la insurrección del Perú, último bastión del continente en el que resistían los españoles, aprovechando las disensiones internas de los rebeldes del país (1823). En 1824 obtuvo la más decisiva de sus victorias en la batalla de Ayacucho, que determinó el fin de la presencia española en Perú y en toda Sudamérica. Los últimos focos realistas del Alto Perú fueron liquidados en 1825, creándose allí la República de Bolívar (actual Bolivia). Bolívar, presidente ya de Colombia (1819-30), lo fue también de Perú (1824-26) y de Bolivia (1825-26), implantando en estas dos últimas Repúblicas un modelo constitucional llamado «monocrático», con un presidente vitalicio y hereditario.

Sin embargo, los éxitos militares de Bolívar no fueron acompañados por logros políticos comparables. Su tendencia a ejercer el poder de forma dictatorial despertó muchas reticencias; y el proyecto de una gran Hispanoamérica unida chocó con los sentimientos particularistas de los antiguos virreinatos, audiencias y capitanías generales del imperio español, cuyas oligarquías locales acabaron buscando la independencia política por separado.

Eugenio Espejo


El 21 de febrero de 1747 nace en Quito el gran médico ecuatoriano Eugenio de Santa Cruz y Espejo, gloria del Ecuador y América, quien se superó desde su humilde cuna, para encumbrase mas tarde y brillar en el firmamento con la más preclara figura nacional e internacional, dentro de la medicina mundial por su inteligencia superdotada que intuyó más allá de lo que el hombre se propone alcanzar.

Y la figura primigenia del precursor de la medicina ecuatoriana, se agiganta por su gran capacidad científica, que llegó a opacar a los colegas de su época y por el gran sentido humano con el que ejerció su profesión, dedicada especialmente al servicio de los pobres, sin embargo de esto, Eugenio Espejo, tuvo que saborear como médico las consecuencias de la ingratitud e incomprensión. Eugenio Espejo fue llamado por el gran predicador Sancho de Escobar para que curara a un paciente suyo enfermo, pero el paciente falleció, con este motivo, volcó contra Espejo toda la iracundia del predicador; inmediatamente lo enjuicia, tomándose como venganza porque Espejo fustigó al mal fraile en el Nuevo Luciano.

Eugenio Espejo, incansable e imbatible en su lucha por la verdad, la justicia, el derecho la honradez, tuvo serios problemas -incluso con sus propios colegas- que destilaban veneno.

Espejo al escribir de ellos decía; "Malos médicos, mejor carecer completamente de ellos, que fiar a su irracional conducta la salud pública".

Con motivo de conmemorarse el Día del Médico Ecuatoriano, instituido como un justo homenaje a la fecha de nacimiento, 21 de Febrero del 1747 del eximio científico, connotado literato, patriota, precursor de la independencia americana, periodista, jurisconsulto, Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo, los médicos ecuatorianos recogen con unción, con verdadera devoción cívica el legado científico - profesional, la libertad que la alcanzó y por ella luchó con tenacidad; debe servir como lección permanente a través de toda nuestra historia republicana. Eugenio Espejo, Decano de la Medicina Nacional ha impregnado en el alma del médico ecuatoriano ese valor y refuerzo del juramento de Hipócrates, los sentimientos de la lucha contra el mal y la injusticia, contra la ignorancia y enfermedades, por un pueblo más sano y más culto: "La salud del Pueblo es la Suprema Ley".

Que esta ocasión sea propicia para meditar en la sublimidad de la participación en el porvenir de los pueblos y esas masas humanas. Hacemos votos porque el médico ecuatoriano mantenga el principio de lealtad al compromiso adquirido:

"Velar por la salud del pueblo", siguiendo ese ejemplo del pionero de la medicina, el eminente Maestro Eugenio de Santa Cruz y Espejo, como una permanente recordación a sus enseñanzas. Que su labor deje una estela de recuerdos y éxitos en su diario servicio a la colectividad, que su trabajo de sacrificio y vocación mantenga latente ese espíritu de justicia social, haciendo un acto de fe en las virtualidades de nuestra raza y pueblo, como homenaje a quien se sustrajo

hacer el bien a sus hermanos, el precursor de la medicina ecuatoriana, Dr. Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo y Aldaz.

Antonio José de Sucre


Antonio José de Sucre nació en Cumaná (Venezuela) el 3 de febrero de 1795. Sus padres fueron los aristócratas Vicente de Sucre y García y doña María Manuela de Alcalá. Siguió estudios de matemática para continuar en la carrera de ingeniería, pero al estallar la Guerra de Independencia en 1810 se incorporó a las tropas del general Francisco de Miranda. Desde 1813 combatió junto a Mariño, Píar, Bermúdez y Bolívar.

Junto a Simón Bolívar luchó en las batallas de Boyacá (Bogotá, 1819) y Carabobo (Caracas, 1821). Asimismo dirigió el ejército patriota que triunfo en la batalla de Pichincha (Quito, 1822). Estas victorias completaron la independencia de Gran Colombia.

En 1823, llegó al Perú por encargo del Libertador Simón Bolívar. Asistió a la victoria de Junín (6-8-1824) y dirigió el Ejército Unido Libertador en la gran batalla de Ayacucho (9-12-1824) que aseguró la independencia sudamericana. En 1825, promovió el nacimiento de la República de Bolivia, la cual gobernó hasta 1828.

Al regresar a la Gran Colombia volvió a secundar a Bolívar y recibió el encargo de dirigir la campaña contra el Perú. Ganó la batalla de Tarquí y consiguió que el ejército peruano se retire de suelo grancolombino en 1829.

Cuando recién tenía 35 años de edad los enemigos de Simón Bolívar lo asesinaron a balazos en las montañas de Berruecos, en el sur de la actual Colombia. Ocurrió el 4 de junio de 1830. Al enterarse de la tragedia, Bolívar pronunció: "Lo han matado porque era mi sucesor".

José Joaquin de Olmedo



(José Joaquín Olmedo y Maruri; Guayaquil, Ecuador, 1780 - 1847) Político y poeta ecuatoriano. Hijo de padre español y madre guayaquileña, realizó sus estudios en el colegio se San Fernando de Quito y en la universidad de San Marcos de Lima, donde coronó su carrera de abogado; entre sus compañeros siempre sobresalió como versificador.

Tras regresar a su ciudad natal, fue enviado a las Cortes de Cádiz, donde pronunció su famoso discurso "Sobre la supresión de las Mitas", por medio del cual logró que se aboliera esa institución. En dichas Cortes ejerció de secretario hasta que fueron disueltas por Fernando VII. Ante la persecución desatada contra los diputados, Olmedo se vio obligado a esconderse en Madrid.

Toda su vida se debatió entre los cargos públicos y el deseo de dedicarse a las letras. Así, en el momento en que Guayaquil declara su independencia, Olmedo fue nombrado miembro de la Junta de Gobierno, redactó una constitución para Guayaquil, reorganizó el ejército y colaboró con Sucre en el triunfo de Pichincha. Sin embargo, después de esta batalla, cuando Bolívar llegó a Guayaquil y anexionó esta ciudad a Colombia, Olmedo protestó y se fue con otros guayaquileños a Perú, donde fue electo diputado por el Departamento del Puno y ayudó a redactar la primera constitución de aquel país.

En 1823, viendo en peligro la libertad del Perú, pidió ayuda a Simón Bolívar; tras el triunfo de éste en la batalla de Junín, Olmedo escribió en su honor el famoso Canto a Bolívar. Más tarde (1825), se desempeñó por mandato de Bolívar como diplomático en Londres y en París. De nuevo en su país, participó como representante por Guayaquil en la Constituyente de Ambato. En 1830 ocupó la vicepresidencia de la república y la prefectura de Guayaquil.

Aunque apoyó a Flores en el proceso de separación del Ecuador de la Gran Colombia, cuando aquel gobernante quiso abusar del poder se opuso a él y participó en la revolución antifloreana del 6 de marzo de 1845, tras lo cual fue nombrado presidente del triunvirato al lado de Vicente Ramón Roca y Diego Noboa. Cuando murió, en todas las ciudades del país se celebraron funerales en su honor.

En su obra poética predomina un neoclasicismo al estilo de Meléndez Valdés, perceptible en obras como su delicado soneto A la muerte de mi hermana, su oda Al árbol, su Elegía en la muerte de la Princesa de Asturias, su Alfabeto para un niño y su Canción indiana, composiciones descollantes entre un conjunto que se acerca al centenar. Pero la patria y la política le empujan a escribir dos grandes cantos en los que se advierte más la influencia de Quintana y hay indudables anticipos de romanticismo: La victoria de Junín o Canto a Bolívar (1825) y Oda al general Flores, vencedor de Miñarica (1843). Considerado el gran clásico de la epopeya hispanoamericana, Menéndez Pelayo sitúa a veces a Olmedo por encima de Bello y de Heredia.

También se dedicó al periodismo, y se mostró en todos sus escritos como un hombre de amplia formación clásica con cierto sabor romántico. Trabajó junto a los grandes hombres de la independencia: Simón Bolívar, José de San Martín, Vicente Rocafuerte y el general Flores, pero lo hizo con libertad, y con criterios de propia responsabilidad, primero hacia su ciudad, Guayaquil, cuya independencia propugnaba tanto frente a Ecuador como frente a Perú; luego frente a la autonomía del Ecuador y, finalmente, por la dignidad de los indígenas.

Juan de Dios Morales


Patriota y mártir «quiteño» nacido en Río Negro, Antioquia, Nueva Granada (Colombia), el 13 de abril de 1767; hijo del Sargento Mayor Juan de Dios Morales y de la Sra. Juana Leonín de Estrada.

Llegó muy joven como escribiente del Presidente de la Real Audiencia de Quito, don Juan Antonio Mon y Velarde, quien en 1790 lo nombró Oficial Mayor de la Secretaría de la Superintendencia. Al año siguiente, mientras desempeñaba el cargo de Contador de Rentas Decimales del Obispado se incorporó con éxito a la Academia de Abogados.

«Desempeñó varios cargos de importancia. Y al graduarse de abogado tuvo cargos de calidad humanitaria, tales como defensor de pobres o defensor de reos indefensos, por medio de los cuales se conectó con las clases más desvalidas de la sociedad quiteña. Catedrático de Derecho en la Universidad de Quito y miembro de la Comuna, se asoció a ella para el servicio público, dejando huellas notables de su carácter constructor en obras viales y urbanas. Desempeñó el cargo de secretario de la Real Hacienda con honestidad y competencia, bajo la presidencia del Barón de Carondelet» (G. Cevallos García.- Historia del Ecuador, p. 226).

Un 1806 fue confinado a Guayaquil por disposición del capitán Diego Antonio Nieto, encargado de la Presidencia de Quito ante la muerte del Barón de Carondelet; allí, don Vicente Rocafuerte le dio asilo en su hacienda Naranjito.

Posteriormente, resentido con las autoridades españolas, que lo habían despojado de sus cargos, empezó a planificar su destitución y la manera de llevar adelante sus planes.

“Airado y rencoroso por el desaire (suspensión de su cargo), se le había visto andando de aquí para allí (…) alentando a unos, despreocupando a otros, concitando a todos, bien a la voz o por medio de cartas, para dar en tierra con el gobierno que le ultrajara…” (Pedro Fermín Cevallos.- Resumen de la Historia del Ecuador, Tomo III, p.28).

La oportunidad se le presentó en 1808 cuando las huestes napoleónicas invadieron España; con ese pretexto y luego de volver a Quito, empezó a reunirse con importantes personalidades quiteñas a quienes involucró en el propósito de defender los derechos del destituido monarca don Fernando VII y proclamar su retorno al trono español.

Fue uno de los miembros más importantes de la Revolución del 10 de Agosto de 1809, y en la noche previa asistió a casa de doña Manuela Cañizares y firmó, como Secretario de lo Interior, la nota en la que se comunicó al Presidente de la Audiencia de Quito -Conde Ruiz de Castilla-, que había cesado en sus funciones y la conformación del nuevo gobierno.

«Morales era estudioso, ilustrado, diligente, emprendedor, de modales atractivos, así como de espíritu esforzado, de robustez intelectual. Era el eje de la máquina revolucionaria; pero aunque él la sostuvo, destrozóse» (Roberto Andrade.- Historia del Ecuador, tomo I, p. 179).

Dos meses y medio más tarde, cuando la Junta quiteña capituló ante el mismo Ruiz de Castilla que ella había destituido, fue apresado y encerrado en los calabozos del Cuartel Real de Lima junto a otros confabulados, donde el 2 de agosto de 1810 fue una de las víctimas del terrible y sangriento Asesinato de los Patriotas Quiteños

Juan Larrea


Patriota y prócer de la independencia nacido en la ciudad de Riobamba en el año 1759, hijo del Gral. José Manuel de Larrea, de los Ejércitos Realistas, y de la Sra. Rosa Villavicencio y Guerrero.

Huérfano de padre desde los 9 años de edad, fue enviado a España donde realizó casi todos sus estudios, que culminó como Abanderado y luego como Oficial del Regimiento de Infantería de Extremadura, en el destacamento que estaba de guarnición en La Plata.

Posteriormente regresó a Quito y en 1790 fue miembro de la célebre Escuela de la Concordia. Más tarde viajó a Perú donde permaneció varios años desempeñando el cargo de Contador Oficial Real de las Cajas del Cuzco.

Cinco años después volvió a Quito donde figuró como literato, poeta, naturalista y economista. En 1808 el Presidente de la Real Audiencia de Quito lo nombró para el cargo de Corregidor de Ambato, y el 25 de diciembre de ese mismo año asistió a la reunión que el Marqués de Selva Alegre, don Juan Pío Montúfar, organizó en su casa de Chillo con el pretexto de celebrar la Navidad, pero con el propósito de organizar la primera Junta Soberana de Gobierno.

Al año siguiente tuvo importante participación en todos los movimientos que culminaron con la Revolución del 10 de Agosto de 1809; integró como Secretario Ministro la nueva Junta de Gobierno que se formó y se encargó del cuidado de la Hacienda Pública.

Al ser desbaratada dicha junta fue capturado y encerrado en los calabozos del Cuartel Real de Lima, pero pudo fugar y se salvó de ser una de las víctimas del Asesinato de los Patriotas Quiteños perpetrado el 2 de agosto de 1810.

Fue uno de los pocos patriotas del 10 de agosto que alcanzó a ver la Patria libre, y a los 65 años de edad murió en la ciudad de Quito, en el año 1824.

Manuel Quiroga


Patriota «quiteño» nacido -según declaración propia- en la ciudad de La Plata, es decir Chuquisaca, hoy Sucre, capital de Bolivia.

Muy niño vino a Quito con su padre, que era Fiscal de la Real Audiencia, y pariente y corresponsal de gente muy ilustre de España. Desde su época de estudiante se granjeó la simpatía y el respeto de los ciudadanos, entre los que se destacó sobre todo por su acentuado patriotismo.

«Como no nació marqués ni conde, adoptó la profesión de abogado, única que daba nombradía entonces, fuera de la eclesiástica. Había escrito un libro, cuando todavía era joven, según lo refiere Fuertes Amar, obra que fue prohibida por la iglesia, circunstancia que da una idea de su mérito» (Roberto Andrade.- Historia del Ecuador, tomo I, p. 180).

«Quiroga era de inquietas aspiraciones, audaz y ardiente en sus empeños, pero obstinado; incapaz de tolerar control de cualquier forma, pero abierto a la convicción cuando la persuasión era el medio. Tenía gran éxito como abogado en estrados, locuaz y elocuente, pero aun ahí su arrojado temperamento le puso dificultades; era frecuentemente reprendido en los tribunales y a la larga fue, no sólo multado, sino suspendido en el ejercicio de su profesión de abogado» (W. B. Stevenson.- Veinte años de Residencia en América).

Esta situación despertó en él un gran resentimiento hacia las autoridades españolas, por lo que al poco tiempo empezó también a conspirar.

Asistió a la reunión del 25 de diciembre de 1808 en la casa del Marqués de Selva Alegre, don Juan Pío Montúfar, en Chillo, donde empezó a germinar la idea de un cambio de autoridades; pero por una indiscreción cometida por el Crnel. Juan Salinas los conspiradores fueron descubiertos, y el 9 de marzo de 1809 fue aprehendido y encerrado en el Convento de la Merced. Poco tiempo después fue puesto en libertad por falta de pruebas en contra de los complotados.

Convertido en uno de los pilares más importantes del movimiento revolucionario quiteño, asistió a todas las reuniones que se celebraron en casa de doña Manuela Cañizares -con quien estaba sentimentalmente relacionado-, y su participación fue muy importante para llevar a feliz término la Revolución del 10 de Agosto de 1809.

Al instaurarse la Junta Soberana de Gobierno fue nombrado Ministro de Gracia y Justicia, y como tal le correspondió dictar la proclama dirigida a todos los pueblos de americanos pidiéndoles su solidaridad: “Pueblos de América: La sacrosanta ley de Jesucristo y el Imperio de Fernando VII perseguido y desterrado de la Península han sentado su augusta mansión en Quito... Pueblos del continente americano, favoreced nuestros santos designios, reunid vuestros esfuerzos al espíritu que nos inspira y nos inflama. Seamos unos, seamos felices y dichosos, y conspiremos unánimemente al individuo objeto de morir por Dios, por el Rey y por la Patria” (Son estos los ideales de quien busca la independencia?, definitivamente no).

Esta Junta de Gobierno tuvo muy corta duración, pues a los pocos meses y debido a conflictos internos y diferencias ideológicas, fue disuelta previo un acuerdo celebrado entre los conjurados y el Conde Ruiz de Castilla, quien el 4 de diciembre de ese mismo año y nuevamente como Presidente de la Real Audiencia de Quito, haciendo tabla rasa del compromiso de no perseguir a los patriotas, ordenó la captura de todos quienes habían participado en la asonada del 10 de agosto.

Al instaurarse el proceso en su contra, Quiroga declaró que “estuvo el 9 de agosto en casa de doña Manuela para conversar con don Ramón Egas, quien por motivos familiares visitaba esa casa... que desconocía quienes habían convocado a la gente allí reunida... y que había jurado vasallaje a Fernando VII y a su Real Familia...”

Estos argumentos no fueron del todo convincentes por lo que junto a los otros complotados fue encerrado en los calabozos del Cuartel Real de Lima.

Meses más tarde, el pueblo quiteño -que cada día sentía sobre sus cabezas la terrible amenaza de los ejércitos realistas- decidió, en un alarde de verdadero valor y coraje, asaltar el cuartel para liberar a los detenidos.

Ese oscuro 2 de agosto de 1810, sus pequeñas hijas fueron a visitarlo en la prisión justo en los momentos en que el pueblo iniciaba el ataque al cuartel. Al darse cuenta de lo que sucedía, las tropas realistas del Crnel. Arredondo, bajo las órdenes del Crnel. Pedro Galup, entraron en los calabozos e iniciaron el Asesinato de los Patriotas Quiteños.

«Manuel Rodríguez de Quiroga, acariciaba a sus dos hijas que le visitaban, mientras una negra esclava, grávida de un hijo, le abrazaba las rodillas. Un oficial llamado Jaramillo le dice a Quiroga: -Grita Viva los Limeños! Y como el patriota sólo le mira a los ojos, Jaramillo, arrancando de sus brazos a las pequeñas, lo destroza con su espada. Las bayonetas de cuatro soldados terminaron la obra del jefecillo asesino; una de ellas quedó clavada en el vientre preñado de la negra» (A. Pareja Diezcanseco.- Ecuador: Historia de la República, tomo I, p. 34).

Manuela Cañizares


Patriota y heroína quiteña nacida en el año 1769.

Desde muy joven se identificó con la lucha que los criollos mantenían en contra de las autoridades que gobernaban la Audiencia de Quito, reacias a respetar los derechos ciudadanos de sus habitantes.

Fue por eso que prestó su casa para varias reuniones clandestinas en las que los quiteños planearon los primeros movimientos en contra de las autoridades españolas, y sobre todo contra el presidente Manuel Huríes, Conde Ruiz de Castilla, que a nombre de los franceses, que habían invadido la península ibérica, gobernaban la Real Audiencia de Quito.

Algunos historiadores sostienen que Manuelita era una mujer de vida disipada, amante del Dr. Quiroga, que mantenía una casa de diversión para los quiteños. “...así se reunieron el capitán Salinas, Morales, Quiroga, Ante y todos lo hicieron en el sitio que menos podía pensarse que se fraguaba una rebelión; y era en una casa de lenocinio. La de “La Ñata” Manuela Cañizares...” (1) “En la noche en que se decide lanzar “el primer grito”, los próceres reunidos en casa de una mujercilla, entre los cuales estuvieron tres clérigos: Riofrío, Correa y Castelo…” (2). En todo caso, ni los detalles de su vida privada, ni ninguna de estas “opiniones”, desmerecen en absoluto la extraordinaria participación de Manuela Cañizares en el movimiento patriótico de Quito.

Fue así que en la noche del 9 de agosto de 1809, en circunstancias en que los patriotas quiteños reunidos en su casa tuvieron un momento de debilidad que pudo hacer fracasar el movimiento revolucionario, con inusitado valor se convirtió en la heroína espiritual del golpe, parándose con determinación frente a ellos para arengarlos con esas palabras que la convirtieron en protagonista de la historia:

«Cobardes...! Hombres nacidos para la servidumbre... de qué tenéis miedo...? !No hay tiempo que perder...!

Fue entonces que gracias a su valor, determinación y coraje, se pudo llevar a feliz término la Revolución del 10 de Agosto de 1809.

«Manuela Cañizares se distinguió como una mujer de indiscutible valía dentro del contexto de las figuras importantísimas del Ecuador, como ejemplo de patriotismo, de amor al pueblo, de luchadora infatigable por sus reivindicaciones y legítimos derechos... fue poseedora de un gran valor, talento original, cultura elevada para aquella época, en que las mujeres eran ajenas a las inquietudes culturales...» (H. Oña V.- Fechas Históricas y Hombres Notables del Ecuador, p. 292).

Luego del Asesinato de los Patriotas Quiteños perpetrado el 2 de agosto de 1810, Manuelita fue tenazmente perseguida por las autoridades realistas, por lo que tuvo que huir y permanecer escondida para poder salvar su vida.

Discutida, combatida, admirada, pobre, perseguida, desterrada; con la gloria de haber escrito una página heroica de la historia, pero sin poder ver el nacimiento de la patria libre, doña Manuela Cañizares y Alvarez murió en el año 1814.

El pueblo de esa época, reconociendo su valor y coraje, ensalzó su figura repitiendo una copla que dice así:

«Nueva Judith, mujer fuerte,
que aunque acero no manejas,
de dar mandobles no dejas
por dar al contrario muerte.
La patria quiere su suerte
a las espadas fiar
pero también esperar
de una mujer mucho puede
para que Holofernes quede
tendido y sin respirar».

(1) Dr. Roberto Leví Castillo (Rolecas).- El Telégrafo, Ag. 10/84.

(2) Julio Tobar Donoso.- La Iglesia, Modeladora de la Nacionalidad, p. 265

Juan Pio Montufar


Ciudadano quiteño nacido el 29 de mayo de 1758, hijo de don Juan Pío Montúfar y Frasso, primer Marqués de Selva Alegre, y de la Sra. Rosa María Larrea y Santa Coloma.

Por pertenecer a una de las más notables familias quiteñas, y ser hijo del Presidente de la Real Audiencia de Quito, sus primeras enseñanzas las recibió en su propia casa, de acuerdo con viejas y tradicionales costumbres de la gente noble de aquellos tiempos. Posteriormente ingresó al Seminario de San Luis donde continuó estudios superiores de latín y filosofía, pero no llegó a graduarse de Doctor porque prefirió retirarse de dicho centro de estudios para dedicarse a la lectura en la rica biblioteca de su casa, en el valle de los Chillos.

Adquirió entonces una gran cultura general que le permitió, en 1777, y cuando apenas había cumplido los diecinueve años de edad, ser nombrado Regidor del Cabildo de Quito.

Años después su personalidad había alcanzado destacada notoriedad y fue uno de los primeros en expresar su rechazo a la invasión napoleónica a España, por lo que el 25 de diciembre de 1808, con motivo de celebrarse la fiesta de Navidad, invitó a su casa de los Chillos a un grupo selecto de nobles quiteños que como él también se negaban a aceptar la presencia de Francia en el trono de España, y en respaldo al depuesto rey Fernando VII plantearon por primera vez la creación de una Junta Soberana.

Desgraciadamente, por efecto de un descuido cometido por el capitán Juan Salinas, los conjurados fueron descubiertos por las autoridades realistas y entre el 1 y el 11 de marzo de 1809 fueron encerrados -en consideración a su condición de nobles- en el Convento de la Merced. Esta peligrosa situación fue superada gracias a la intervención inteligente de los complotados que no fueron capturados, quienes lograron robar el expediente que contenía la información en su contra, por lo que a falta de éste y de pruebas contundentes, tuvieron que ser puestos en libertad.

«D. Juan Pío Montúfar, Marqués de Selva Alegre, no era para revoluciones, menos para una tan arriesgada como aquella. Comprometióse por apetito de poder, y no pudo mantenerse en él con alteza, ni siquiera infundiendo respeto, como lo hacía como simple súbdito del rey, por sus liberalidades con los artistas y científicos. Era tímido, egoísta, omiso, indolente y vanidoso; y cuando en la revolución llegó el conflicto, no tuvo embarazo para convertirse en traidor...» (Roberto Andrade.- Historia del Ecuador, tomo I, p. 179).

Fue por eso que no participó personalmente en la Revolución del 10 de Agosto de 1809, pero a pesar de esto, consumada la transformación fue nombrado Presidente de la nueva Junta Soberana de Gobierno.

Como particularmente él -al igual que muchos de los implicados- no estaba convencido ni de acuerdo con los gestores de la asonada del 10 de agosto, “desde el 22 de agosto de 1809, o sea, a los doce días del pronunciamiento revolucionario, ya estaba conspirando por la reposición en la Presidencia del Conde Ruiz de Castilla; es decir, que estaba creando el caos y el torbellino en el que luego se vio envuelta la revolución y que la llevó al fracaso...”

Poco tiempo después, al conocer que el Virrey de Lima José Fernando de Abascal y Sousa había despachado un fuerte contingente militar para aplacar la revolución, le envió a este -el 9 de septiembre- un oficio en el que justificaba su participación en la Junta Suprema, explicando además su deseo de reponer en la Presidencia de Quito al Conde Ruiz de Castilla. “Con este objeto, propio de las obligaciones de un fiel vasallo y ciudadano, he procurado hacer uso de esa confianza que la miro únicamente como interina y provisional, esperando lograr la ocasión favorable de reponer las cosas a su debido estado, mediante las providencias que voy tomando de acuerdo con los sujetos más juiciosos y mejor intencionados, dejando que calme la efervescencia de los espíritus para poder obrar con toda energía y seguridad, sin peligro de que se frustren las medidas de prudencia y rectitud, y conseguir en todo el acierto... “ Posteriormente y en relación a la situación de Ruiz de Castilla dice: “...estoy resuelto con toda sinceridad y comprometido reservadamente con su Excelencia bajo palabra de honor de hacer todos los esfuerzos más vigorosos para que se le haga justicia a su mérito, reponerlo a su puesto y reconocerlo públicamente como a jefe legítimo, cediéndole gustoso el lugar superior que se me dio contra toda mi resistencia” (Manuel María Borrero.- Quito: Luz de América, p. 57-59).

El 12 de octubre -dos meses después de haber asumido el cargo- procedió a entregar la presidencia a don Juan José Guerrero, Conde de Selva Florida, quien el 25 del mismo mes y año capituló ante el poder español, y previo a un acuerdo de amnistía en favor de los implicados en el movimiento revolucionario, entregó nuevamente el gobierno de la Audiencia al viejo Conde Ruiz de Castilla.

Poco tiempo después, junto a Antonio Ante y otros revolucionarios tuvo que esconderse y huir para poder escapar de la feroz persecución que Ruiz de Castilla, faltando a su palabra, desató contra los patriotas quiteños.

Pudo así librarse de ser una víctima más del sangriento Asesinato de los Patriotas Quiteños, perpetrado en los calabozos del Cuartel Real de Lima el 2 de agosto de 1810. Ese mismo año, gracias a la brillante e inteligente actuación de su hijo el Crnel. Carlos Montúfar, que había llegado a Quito con el cargo de Comisionado Regio, se formó una nueva Junta Suprema de la cual fue nombrado Vicepresidente, pero ésta, al igual que la primera, también tuvo una duración muy efímera.

Tres años más tarde, por orden del Gral. Toribio Montes fue tomado prisionero y enviado a Loja, encadenado y con grillos. El ensañamiento de las autoridades españolas fue entonces más allá de la prisión, y sus bienes, haciendas y propiedades le fueron confiscados; no contento con eso, a principios de 1818 el nuevo Presidente de la Audiencia, Gral. Juan Ramírez de Orozco, ordenó su destierro a Cádiz, España, y en esas tierras lejanas, envuelto en una honorable pobreza que supo llevar con gran dignidad, don Juan Pío Montúfar, II Marqués de Selva Alegre, murió el 15 de octubre de ese mismo año 1818.

Sus restos mortales fueron depositados más tarde en la catedral de esa ciudad española.
Posted by Anónimo in , | junio 20, 2017
Lamina escudo historia ecuador 1820 1830 1833 1843 1845 1900 eloy alfaro 31 octubre

Escudo de 9 de Octubre de 1820

Escudo del 6 de Octubre de 1821

Escudo del 27 de Septiembre de 1830

Escudo del 12 de Enero de 1833

Escudo del 18 de Junio de 1843

Escudo del 6 de Noviembre de 1845

Nuestro Escudo de Armas pasó por seis procesos, desde la proclamación de la Independencia de Guayaquil, 9 de octubre de 1820, hasta cuando fue Presidente de la República el Gral. Eloy Alfaro, en el 1900, el mismo que se convirtió en el último y definitivo símbolo patrio.Desde entonces, el Escudo se ha convertido en uno de los elementos patrios más importantes para los ecuatorianos.
Muchas han sido las versiones en torno a la creación de este elemento, algunos historiadores, como Marco Carrera, señalan que se dieron 12 procesos antes de la creación definitiva del mismo.
En la página web de la Vicepresidencia de Ecuador se señala que la historia recoge cuatro escudos, contrastando lo señalaod en la página web de la Presidencia, donde se establecen cinco, antes de establecerse el definitivo, en 1900, bajo la presiencia del genreal Eloy Alfaro Delgado.

Escudo de 1820

Cuando se proclamó la Independencia de Guayaquil, el 9 de octubre de 1820, se adoptó como escudo del movimiento emancipador el que está formado por una estrella de cinco puntas sobre fondo azul, inscrita en un óvalo encerrada y rodeada de dos ramas de laurel entrelazadas por una cinta roja y posteriormente se le añadió la leyenda: "Por Guayaquil Independiente". Este fue, más bien, el escudo de la Provincia Libre de Guayaquil y no del Ecuador propiamente dicho. Ahora es el blasón de la ciudad de la Perla del Pacífico, Guayaquil.

Escudo de 1822

Al incorporarse nuestro territorio a la Gran Colombia el 29 de mayo de 1822.
Adoptó el escudo colombiano creado por ley sancionada el 6 de octubre de 1821 por el Congreso de Cúcuta, el cual constaba de dos cornucopias (cuernos de la abundancia) llenas de frutos y flores de los países fríos, templados y cálidos. Representando a la producción y clima, en su parte central se encuentra un hececillo de lanzas atravesado de arcos y flechas atados con cinta tricolor en su parte inferior.

Escudo de 1830

Al ocurrir la disolución de la Gran Colombia y luego de que nuestro país se proclamara soberano e independiente, la primera Asamblea Constituyente, reunida en la ciudad de Riobamba el 27 de septiembre de 1830, decretó, que se usará en el interior del escudo de armas de Colombia, el color azul celeste con el escudo de armas de 1822 del Ecuador, además se incluirá un sol en la parte superior de este escudo una banda con un lema que diga: El Ecuador en Colombia.

Escudo de 1843

La convención nacional reunida en Quito el 18 de junio de 1843, bajo la presidencia del Dr. Francisco de Marcos, resolvió cambiar el escudo de armas de la República. Constando: En la parte superior rectangular y en la parte inferior elíptica. Su campo se dividirá en tres cuarteles: en el superior se colocará sobre fondo azul el sol sobre una sección del zodiaco; el cuartel se subdividirá en dos: en el de la derecha, sobre fondo de oro, se colocará un libro abierto en forma de tablas, en cuyos dos planos se inscribirán los números romanos I, II, III y IV, indicantes de los cuatro primeros artículos de la Constitución; en el de la izquierda, sobre un fondo verde, se colocará un caballo. En el cuartel inferior, se colocará en fondo azul un río y un barco; y en el de la izquierda se colocará un volcán. En la parte superior, descansará un cóndor con alas extendidas sobre los dos ángulos. En la orla exterior y en ambas partes laterales se lucirán banderas tricolores y trofeos.

Escudo de 1845

La Convención Nacional reunida en Cuenca y presidida por el Dr. Pablo Merino Ortega, después del triunfo del 6 de marzo de 1845, dispuso el cambio del escudo por decreto del 6 de noviembre de 1845, la creación de este escudo se sostiene que es del poeta Dr. José Joaquín de Olmedo, siendo un escudo ovalado que contenga interiormente, en la parte superior, el sol con aquellas porciones de la elíptica en que se hallen los signos correspondientes a los meses memorables de marzo, abril, mayo y junio, En la parte inferior, a la derecha, se representará el volcán Chimborazo, del que nacerá un río, donde estará el buque de vapor Guayas que tiene por mástil un caduceo como símbolo de la navegación y del comercio, que son la fuente de prosperidad del Ecuador. El escudo lleva en su exterior banderas nacionales y ramas de laurel y palma, y un cóndor con alas desplegadas, a los lados las banderas bicolores con colores azul y blanco que incluyen siete estrellas.

Escudo de 1845
Siendo el Presidente de la República el Gral. Eloy Alfaro, el Congreso Nacional de 1900 determinó definitivamente los Símbolos Nacionales. El actual y definitivo escudo de armas fue adoptado el 31 de octubre de 1900, logrando el ejecútese presidencial del Gral. Eloy Alfaro el 7 de noviembre de 1900 y el decreto se publicó en el Registro Oficial Nº 1272 el 5 de diciembre de 1900. En el artículo de su decreto del 31 de octubre del citado año, transcribe la disposición de 1845, con la única modificación de que se use los tricolores colombianos en lugar de las banderas bicolores. Esto es, se mantuvo el mismo escudo que dibujará Olmedo, pero con el cambio de los colores de las Banderas, firmándose el ejecútese en el Registro Oficial Nº 1272 el 5 de diciembre de 1900. El 21 de febrero de 2003 el Congreso Nacional dictó una resolución sobre el definitivo diseño del escudo patrio.

www.eldiario.com.ec
Posted by Anónimo in , | junio 19, 2017
elemento del Escudo Nacional del Ecuador. Cóndor, Astas, Laurel, Listón, Sol Dorado, Chimborazo, Río Guayas, Hacha, Óvalo, Signos del zodiaco, Banderas nacionales, Caduceo, Buque a vapor Guayas, Fasces Consulares

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El Escudo de Armas del Ecuador está conformado por un óvalo, cuyo contorno es de doble borde color café con uniones del mismo color en sus extremos superior e inferior. El óvalo contiene en su interior, sobre la base de un cielo azul, un sol dorado colocado en una banda elíptica de plata en la que se encuentran inscritos, a su izquierda los signos del zodiaco Géminis y Cáncer y a su derecha los signos del zodiaco de Aries y Tauro, los cuales corresponden a los históricos meses de marzo, abril, mayo y junio en los que ocurrieron importantes hechos que reafirmaron la nacionalidad ecuatoriana.

Debajo y a la derecha del óvalo se presenta al Chimborazo, el volcán nevado más alto del país de cuyas nieves perpetuas nace un río que representa al Guayas, el cual se ensancha progresivamente hasta ocupar toda la parte baja del óvalo. Hacia los costados del río Guayas se incluyen orillas de exuberante vegetación, expresión de la agricultura nacional.

En la representación de mayor caudal del río, se encuentra un buque a vapor impulsado por ruedas visibles a los costados, que representa el buque Guayas" por ser el primero que se construyó en América del Sur, en 1841, en los astilleros de Guayaquil. El buque tiene por mástil un caduceo como símbolo de la navegación y el comercio, el caduceo está rodeado por dos serpientes y coronado por dos alas blancas. Los colores del buque y su pabellón, ubicado en la proa, son los de la Bandera Nacional: amarillo, azul y rojo.

Es Escudo está adornado en el exterior por cuatro banderas nacionales, dos a cada lado, anteriores y posteriores, que se aglutinan bajo fases consulares. Los pabellones poseen sus respectivas actas inclinadas con puntas metálicas romboidales. Las astas superiores se coronan por una media luna con su convexidad hacia arriba. Las astas inferiores se coronan por un hacha con la hoja dirigida hacia abajo. El extremo inferior de las astas termina en punta precedida de un cuello angosto.

Debajo del óvalo están representadas las fases consulares, insignia de los cónsules de Roma, símbolo de autoridad y dignidad, compuestas por un haz de varas de color café en tomo a una hacha, cuyo cabo termina en punta metálica romboidal y cruza horizontalmente el haz de varas; la hoja plateada del hacha, ubicada en el lado derecho del Escudo, se orienta hacia arriba.

Los pabellones poseen sus respectivos listones en color azul y rojo, ajustados en lazo en su extremo superior y adornado con una borla dorada en el extremo inferior.

Una rama de laurel surge entre los pabellones ubicados a la derecha y una rama de palma entre los pabellones de la izquierda, los mismos que proclaman la gloria y la paz en la nación, respectivamente.

Corona el óvalo un cóndor con las alas desplegadas y levantadas en actitud de vuelo, la cabeza del ave mira hacia la derecha, su cola es baja y se esparce a la derecha. El cóndor es símbolo de energía y esfuerzo.

Los elementos del Escudo Nacional del Ecuador son:

Cóndor, Con las alas desplegadas y levantadas en actitud de vuelo, es símbolo de energía y esfuerzo.

Astas, Son cuatro y coronan cada uno de los pabellones, se presentan inclinadas con puntas metálicas romboidales.

Laurel, Representan la gloria de la nación.

Listón, Cinta de seda

Sol dorado.

Chimborazo, El volcán más alto del mundo de cuyas nieves perpetuas nace el río Guayas

Río Guayas, El cual se ensancha progresivamente hasta ocupar toda la parte baja del óvalo. Hacia los costados se incluyen orillas de exuberante vegetación, expresión de la agricultura nacional.

Hacha, (Segur) hacha grande que formaba parte de cada una de las fasces de los lictores romanos
Palma, Representa la paz de la nación.

Óvalo, Su contorno es de doble borde de color café con uniones del mismo color arriba y abajo.

Signos del zodiaco, A la izquierda Géminis y Cáncer, a la derecha Aries y Tauro, los que representan los meses de marzo, abril, mayo y junio en los que ocurrieron importantes hechos que reafirmaron la nacionalidad ecuatoriana.

Banderas nacionales, Son cuatro, dos a cada lado, anteriores y posteriores, que se aglutinan bajo las fasces consulares.

Caduceo, Coronado por dos alas y rodeado por dos serpientes, atributo de Mercurio. Es un símbolo de la navegación y el comercio.

Buque a vapor Guayas, Fue el primero que se construyó en América del Sur, en 1841, en los Astilleros de Guayaquil. El buque tiene por mástil un caduceo. Los colores del buque y su pabellón, ubicado en la proa, son los de la bandera nacional.

Fasces Consulares, Insignia de los cónsules de Roma, símbolo de autoridad y dignidad.

Glosario

Blasón: Escudo de Armas; cada figura, señal o pieza de las que se ponen en un escudo.

Caduceo: Varilla con dos alas en la punta y rodeada por dos culebras, atributo de Mercurio.

Cimera: Adorno de la parte superior del casco o adorno que se pone sobre el yelmo.

Fasces: Segur rodeada de la haz de varillas que llevaban los lictores romanos delante de ciertos magistrados, como signo de autoridad.

Heráldica: Ciencia del blasón; estudio de los escudos o el arte de describirlos.

Lictor: Funcionario romano que precedía a los magistrados llevando las fasces.

Sierpe: Serpiente o culebra en el lenguaje poético, con extensión a la heráldica.

Sinople: Color que en la pintura se representa por el verde y, en el grabado, de acuerdo con la heráldica, por líneas oblicuas y paralelas.

Yelmo: Pieza de la armadura antigua que cubría toda la cabeza y el rostro.
Posted by Laminas Escolares in , | junio 04, 2017
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Revolución Liberal

Fue la culminación de un largo proceso histórico y reformista que se inició el 17 de julio de 1851 cuando el Gral. José María Urbina derrocó al gobierno del Sr. Diego Noboa y proclamó su Jefatura Suprema, para de inmediato poner en práctica sus ideas innovadoras eminentemente liberales: la principal de ellas, la manumisión de los esclavos, que fue decretada en la Casa de Gobierno de Guayaquil el 25 de julio de ese mismo año.

La Revolución liberal, también conocida como Guerra civil ecuatoriana fue un movimiento revolucionario en contra de los gobiernos de carácter conservador, e impulsado por varias facciones insurgentes lideradas por Eloy Alfaro. La revolución tiene come fecha inicial el 5 de junio de 1895 luego de que en Guayaquil Alfaro fuera proclamado como Jefe Supremo. Posteriormente Alfaro fue nominado Presidente Constitucional del Ecuador.

Los inicios de la revolución toman lugar tras el ascenso al poder de Ignacio de Veintemilla y sus posteriores intenciones de declararse dictador, con lo cual varios sectores del país empezaron formar movimientos revolucionarios en contra del gobernante. Las tropas alfaristas, con apoyo conservador, vencieron, tras lo cual Veintimilla fue derrocado, sin embargo, los conservadores permanecieron en el poder hasta el estallido de la revolución liberal en 1895.

Tras la caída del presidente interino Vicente Lucio Salazar, en manos de los liberales, Eloy Alfaro tomó el mando de Ecuador y ordenó la creación de la Constitución de 1897, la cual lo declaró Presidente Constitucional. Fue sucedido por su propio coideario Leónidas Plaza Gutiérrez, aunque luego sus diferencias lo llevaron a conflictos entre ellos. Alfaro vuelve a la lucha armada en el gobierno de Lizardo García a quien derrotó, llegando nuevamente al poder y gobernando hasta 1911. Un año más tarde Alfaro fue capturado por tropas conservadoras, enviado a prisión a la capital Quito, desde donde fue extraido por un grupo de manifestantes presumiblemente conservadores, torturado y asesinado. Los liberales continuarían en el poder por varios años más.

La revolución es considerada uno de los episodios más importantes de la historia ecuatoriana, debido a su impacto en la política y en la sociedad. Entre los principales aspectos de esta revolución está la implantación del laicismo en el Ecuador, con lo cual la Iglesia y el Estado fueron formalmente separados. Otras áreas donde hubo cambios siginifications respecto del status-quo imperante desde la Colonia se enfocaron en permitir la libertad de culto, la confiscación de los bienes eclesiásticos, la abolición del catolicismo como religión estatal, la enseñanza laica y el divorcio.

Cronología, Desde la primera revuelta hasta la muerte de Eloy Alfaro

5 de junio de 1864

A sus 22 años, Eloy Alfaro con la ayuda de campesinos capturó en el sitio Colorado, cerca de Montecristi, al gobernador de Manabí, Francisco Salazar, como un acto de rebelión ante el poder constituido por Gabriel García Moreno, presidente en ese entonces. Desde allí no se desligó de la causa liberal. Luego de este hecho, Alfaro se refugió en Panamá, donde contrajo matrimonio con Ana Paredes. Desde ese país financió algunas revueltas que fracasaron en el país.

5 de junio de 1895

Pese a varias derrotas, como la de Balsamaragua, en la playa de Jaramijó, en Manabí (6 de diciembre de 1884), la Revolución Liberal triunfó en medio de la conmoción política generada por la renuncia del presidente Luis Cordero Crespo, tras el acto conocido como "la venta de la bandera". Alfaro fue nombrado jefe supremo, luego presidente interino y después constitucional.

14 de enero de 1897

Alfaro promulgó la que se considera como la primera Constitución del Liberalismo, en la que se consagró la libertad de cultos, se abolió la pena de muerte y se estableció la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Solo eran ciudadanos los mayores de 18 años que sabían leer y escribir.

31 de agosto de 1901

Tras su primer periodo lo sustituyó Leonidas Plaza, pese a que Alfaro proponía la candidatura de otros miembros del liberalismo. El partido se dividió entre alfaristas y placistas.

1 de septiembre de 1905

El 7% de la población participó en las votaciones en las que se escogió al también liberal Lizardo García como el sucesor de Leonidas Plaza.

15 de enero de 1906

García es derrocado por un golpe de Estado que llevó nuevamente al poder a Alfaro. La fórmula se repitió: jefatura suprema, Constituyente, presidencia interina y presidencia constitucional.

23 de diciembre de 1906

Se promulga una nueva Constitución, en la que no se incluyó el reparto de tierras a los campesinos. Aunque se estableció la separación de la Iglesia y Estado, quitándole el control de la educación al determinar el laicismo.

11 de agosto de 1911

Alfaro renuncia al cargo en medio de protestas y se refugia en Panamá, de donde regresa al país para intentar mediar en una guerra civil, pero es encarcelado, enjuiciado y trasladado a Quito en el ferrocarril que él mismo había inaugurado.

28 de enero de 1912

Los guardias del Panóptico, dados de baja en el gobierno de Alfaro, entregaron las armas a una multitud que asaltó el lugar. A Eloy Alfaro lo sacaron a la calle amarrado de cuello y pies, lo arrastraron desnudo, le cortaron la barba y tiraron sus testículos en la calle. Lo llevaron hasta El Ejido y lo quemaron sobre una hoguera de leña y petróleo. También fueron asesinados algunos de sus coidearios y familiares.

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http://es.wikipedia.org

http://www.enciclopediadelecuador.com
Posted by Anónimo in , | junio 03, 2017
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El contexto de la Revolución Liberal

Eloy Alfaro
A partir de 1895 la Revolución Liberal cambió el panorama político del país, desplazando definitivamente a la aristocracia terrateniente en el control hegemónico del Estado. Este desplazamiento no sucedió sólo en Ecuador, ya que en toda América Latina se consolidó el Estado liberal burgués que relegó al Estado terrateniente precapitalista.

La apertura comercial de Ecuador fue parte de un proceso mundial de desarrollo del capitalismo a través del control del mercado mundial. La burguesía liberal, que se convirtió en la clase dominante, aceptó el papel de la región como proveedora de materias primas y alimentos y consumidora de productos industriales. Según algunos autores, más que un período revolucionario, se trató de un nuevo pacto colonial: cuando la incorporación al mercado mundial hizo que el liberalismo fuese funcional a los nuevos intereses hegemónicos fue posible su triunfo y su dominio en el continente. Incluso así, se trata de un liberalismo peculiar en el que subsisten fuertes rezagos feudales.

Ya desde el período de García Moreno y, sobre todo, durante los gobiernos de Borrero y Veintemilla, Eloy Alfaro había descollado como líder e ideólogo del ala radical del liberalismo. El liberalismo radical era compartido por sectores populares, pequeños y medianos propietarios y jornaleros del agro costeño, ávidos por cambiar las condiciones políticas y sociales. Desde 1825, se organizaron en las montoneras, en el contexto del crecimiento económico de la Costa, y como respuesta a la violencia ejercida por los hacendados y el nuevo poder republicano.

Las montoneras estaban constituidas por campesinos montubios, fundamentalmente manabitas, peones de las haciendas y trabajadores independientes. Las reivindicaciones concretas que hicieron durante algunos años se convirtieron en reclamos políticos basados en una ideología liberal durante el gobierno de García Moreno. En estas montoneras se unieron los campesinos con los hacendados y caudillos locales para enfrentar una ideología hegemónica que los desplazaba. Como señala el historiador Jorge Núñez, las tropas gubernamentales no pudieron hacer mucho para frenar su acción pues contaban con amplio respaldo en la región.

Fue en las montoneras donde el liderazgo de Alfaro empezó a consolidarse. Manabita e hijo de pequeños comerciantes, Alfaro logró, con su inteligencia y firmeza, el liderazgo del movimiento en toda la Costa. Entre el exilio y la lucha montonera, Alfaro posicionó el liberalismo revolucionario mientras los gobiernos progresistas, fruto de una alianza entre los liberales y conservadores moderados, mostraron sus debilidades y su poca capacidad de respuesta a los rápidos cambios que se sucedieron. Al mismo tiempo se consolidó un grupo de revolucionarios radicales que, durante los exilios sufridos, se relacionaron con las élites liberales del continente y participaron activamente en las revoluciones liberales de otros países de América Latina, acumulando experiencia para el proceso revolucionario ecuatoriano. En este grupo, junto a Eloy Alfaro, estaban Medardo y Flavio Alfaro, así como Leónidas Plaza, entre otros.

El triunfo liberal

Varios escándalos y negociados durante el gobierno de Cordero hicieron que personas de las más diversas procedencias y tendencias organizasen juntas y asambleas en distintas ciudades del país para condenar al gobierno. La respuesta fue la represión ejercida tanto contra conservadores como liberales, lo cual llevó a la radicalización de los ánimos y a la reorganización de las montoneras dispuestas a hacer una lucha armada para derrocar al gobierno. Desde el 12 de febrero de 1895, la acción de las montoneras levantó a diversas ciudades de la Costa que postulaban a Eloy Alfaro como jefe supremo. En la Sierra se inició también una lucha armada pero conservadora que postulaba la jefatura de Camilo Ponce Ortiz. Liberales y conservadores, en una operación coordinada, fueron cerrando posibilidades al Gobierno.

La Revolución Liberal no tuvo problemas para triunfar en la Costa, donde los postulados liberales generaban un acuerdo, así como la figura de Alfaro, que en junio fue proclamado jefe supremo en Guayaquil. Pero, paralelamente, los conservadores -al inicio aliados de los liberales para derrocar a Cordero- iniciaron un enfrentamiento sin tregua contra el liberalismo. Cuando Cordero renunció, los conservadores apoyaron al vicepresidente y, con el soporte de la Iglesia, crearon un frente conservador católico en toda la Sierra para enfrentar al liberalismo triunfante en la Costa. La guerra civil se apoderó del país. El bando conservador inició una guerra santa contra un liberalismo que fue presentado como herético.

Una vez que Alfaro hubo intentado vías pacíficas de negociación sin respuesta conservadora puso en marcha una rápida campaña para levantar fondos, preparar combatientes, adquirir armas y caballos, y organizar la logística y el plan de operaciones.

Al mismo tiempo realizó tareas de gobierno y autorizó, por decreto, que las mujeres accedieran a la educación superior. Contó con el apoyo de numerosos propietarios y líderes montubios, caciques, que aportaron con recursos y trabajadores de las haciendas. A ellos se sumaron algunos líderes liberales serranos. El gran cacao -como se conoce a las familias latifundistas productoras y exportadoras de cacao de Guayaquil- y la oligarquía comercial y la bancaria otorgaron importantes préstamos a la campaña revolucionaria. Pero, sobre todo, se debe destacar la participación popular articulada por los liberales revolucionarios que supieron calar en el pueblo e inspirarlo con su acción. Fue, como dicen algunos autores, el despertar de las masas a la vida política.

Miles de jóvenes voluntarios de la Costa y la Sierra, así como de distintos espacios sociales, se sumaron a las filas alfaristas. El 16 de julio todo estaba listo para iniciar la toma de las ciudades de la Sierra y de la capital histórica del país, Quito. Mientras los ejércitos liberales iban avanzando por la Sierra, recibieron el apoyo de muchas de las poblaciones opuestas al poder conservador terrateniente y nuevos voluntarios engrosaron las huestes alfaristas. Finalmente, el liberalismo radical -integrado por una variedad de grupos socioeconómicos y étnicos, desde los jóvenes trabajadores radicales, obreros y macheteros, pasando por la burguesía liberal y los caciques costeños, hasta los revolucionarios del exilio, algunos sacerdotes y los intelectuales radicales- había logrado el control del país: los ejércitos revolucionarios entraban triunfales a Quito bajo el liderazgo de Eloy Alfaro.

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Posted by Laminas Escolares in , | marzo 28, 2017




En la historia política hay hechos que reflejan que quienes buscan pretextos para echar sombras sobre la honra ajena, casi siempre los hallan. Uno de éstos es el llamado la “Venta de la Bandera”, dirigido contra una de las personalidades más notables del Ecuador: El Presidente de la República Dr. Luis Cordero Crespo.

Este hecho, cuyos únicos responsables fueron el entonces Gobernador de Guayaquil y ex-Presidente de la República, Dr. José María Plácido Caamaño, y el Cónsul del Ecuador en Valparaíso, Sr. Luis Noguera, puso fin al gobierno del Dr. Cordero y al período del Progresismo instaurado en el año 1884.

Los sucesos se iniciaron a fines de 1894 cuando China y Japón se encontraban envueltos en guerra, y este último país necesitaba con urgencia adquirir armas para su defensa. Al ser notificado del conflicto el Ecuador no se declaró ni neutral ni beligerante, no así Chile que adoptó la neutralidad y, en consecuencia, de acuerdo con las normas de derecho internacional estaba impedido de vender armas a los países en conflicto; mas, como deseaba vender al Japón el crucero de guerra “Esmeralda”, se valió para el caso de un medio al parecer inocente y sencillo: la falsa y doble transferencia del buque “Esmeralda”, figurando como que el Ecuador lo compraba a Chile y lo vendía luego al Japón.

Las negociaciones se hicieron por medio de un gran amigo de Chile, el ex-presidente Caamaño, quien mantenía espléndidas relaciones con el Cónsul del Ecuador en Valparaíso, Sr. Luis Noguera. Fue este personaje quien hizo la doble transferencia del buque "Esmeral­da", figurando como que el Ecuador lo com­praba a Chile y lo vendía luego al Japón.

Este asunto no habría tenido mayor importancia, si no se hubiera dado el caso de que el buque zarpó de Valparaíso llevando izada la bandera ecuatoriana -cuando lo correcto era que lleve la japonesa-, y en esa forma cruzó el Pacífico con destino a Yokohama.

Al conocer de dicho asunto, el Sr. Juan Murillo, desterrado entonces en Chile, en enero de 1895 hizo la denuncia respectiva enviando a las autoridades ecuatorianas la copia del supuesto contrato de compraventa -fechado 30 de noviembre de 1894- y que no era otra cosa que una “propuesta” de venta hecha por el gobierno de Chile al Ecuador, con relación al buque de guerra Esmeralda.

Estalló entonces el escándalo y la denuncia fue presentada a la opinión pública por los enemigos del gobierno, sin aclarar que fue Chile quien ocultó la intención de utilizar nuestro emblema durante el viaje del buque. Se acusó inmediatamente al presidente Cordero de haber traicionado la soberanía de la patria, de haber cometido el delito de peculado, de contrabando, de antipatriotismo y mil absurdos más, urdidos según la calidad de los opositores.

No sirvió de nada que Caamaño confiese su abuso de confianza y se declare como único culpable de no conocer las intenciones chilenas con respecto al uso de nuestra bandera, pues la oposición no podía desaprovechar esta oportunidad para desacreditar al gobierno.

Al conocer de este asunto, el Gobierno del Ecuador envió un telegrama circular a sus cónsules en diferentes lugares del mundo, en el que decía:

Señor Cónsul del Ecuador en.....

Haga saber a ése Gobierno que el Ecuador no ha comprado el crucero “Esmeralda” a Chile. Bandera ecuatoriana indebidamente puesta en Valparaíso.

Ministro de Relaciones Exteriores

Pero ya el escándalo se había derramado por todo el país convirtiéndose, por intermedio de la prensa y los partidos políticos, en un torrente amenazador y de venganza, pues nadie estaba dispuesto a comprender ni a aceptar la verdad de los hechos. La consigna fue la renuncia de Cordero o lavar con sangre el pabellón nacional, manchado por la afrenta irrogada al primer mandatario, y en los labios de los católicos y los que se decían conservadores se empezó a escuchar la siguiente expresión: “Aunque suba al poder Alfaro, con tal de que caiga el morlaco”

En los primeros días de febrero de 1895, buscando aclarar esta situación, el presidente Cordero envió un telegrama al Sr. Juan Murillo en el que le dice lo siguiente:

Quito, febrero 7 de 1895

Señor Juan Murillo:

Recibido telegrama de hoy. Deseo me trasmita copia literal de aquel telegrama del Ministerio de Relaciones Exteriores en que, según dice usted, se autoriza la compra.

Presidente.

A este telegrama, Murillo contestó en los siguientes términos:

Santiago, febrero 8 de 1895

Señor Presidente:

Cablegrama Ministro dice:

Mi gobierno está dispuesto a comprar, si es posible, buque Esmeralda, y comisiona a cónsul Noguera para negociar respecto precio y otras condiciones, si buque es aceptable para Ecuador, después viaje de prueba.

Gobierno Chile declara oficialmente, en nota contestación Ecuador, sobre cancelar patente Cónsul, que vendió Esmeralda basado en documentos cuyas copias remitió Gobernador.

Prensa juzga insuficientes documentos para negocio tan importante. Califica inconveniente nota Ministro.

Murillo.

Como se puede apreciar, el telegrama del Presidente confirma que este nada conocía del supuesto negociado; y la respuesta de Murillo confirma que no existió tal negociación y que apenas hubo una posible intención de compra, que finalmente no se realizó.

Por otro lado, es preciso aclarar que ha Chile no le hacía falta la firma de un contrato falso para que su buque cruce el mar con una u otra bandera; lo único que necesitaba era poner una, cualquiera que esta sea -tal cual lo hizo si autorización alguna- y echarlo a navegar.

Si a todo esto añadimos que el Art. 136 de la Ley de Hacienda vigente en esa época decía: “El Poder Ejecutivo, ni por sí, ni por medio de sus agentes, podrá perfeccionar ningún contrato, sin que antes haya sido publicado por la prensa, con cierta anticipación, en el Periódico Oficial, si lo hubiere, o en hoja suelta; y todo contrato que se celebre sin este requisito será nulo”, llegaremos a la conclusión de que al Gobierno le fue imposible acordar dicho contrato.

El 1 de abril de 1895, Miércoles Santo, los enemigos de Cordero consideraron que era el día oportuno para sacrificar a la víctima, e iniciaron una lucha fratricida que dejó las calles de Quito sembradas de cadáveres y regadas en sangre, pero el Presidente, junto a sus dos hijos y luchando codo a codo con los soldados y el pueblo que lo defendían, logró dominar a los sublevados que al grito de “Viva la revolución... abajo el gobierno”, se habían conjurado para acabar con su vida.

No obstante la victoria, los enemigos del gobierno continuaron negándose a escuchar los argumentos esgrimidos en su defensa por el Dr. Cordero, pues sólo querían ver y oír lo que convenía a sus intereses... y nada más.

Ante esta situación, y buscando el camino de la paz y la tranquilidad del país, el 16 de abril de ese mismo año el Dr. Cordero presentó la renuncia al cargo de Presidente de la República, que le fue aceptada inmediatamente por el Consejo de Estado y el Congreso.

La “Venta de la Bandera” marcó el fin de una época, y el comienzo de otra que se inició en Guayaquil el 5 de junio 1895 con el triunfo de la Revolución Liberal.

En 1898, solo tres años después de los sucesos, y aún bajo el régimen liberal del Gral. Alfaro, luego del juicio correspondiente la Corte Suprema de Justicia dictó su veredicto, en el que hacía constar que absolvía al gobierno de Cordero, destacando:

Que el Gobierno no intentó Contrabando.

Que el Gobierno no pudo cometerlo.

Que el Gobierno no lo perpetró ni cometió.

Que, por tanto, el uso hecho en Chile de la bandera ecuatoriana, por ningún motivo fue imputable al gobierno, por ningún concepto fue capaz de escarnecer a la Nación.




Autor: Efrén Avilés Pino

Miembro de la Academia Nacional de Historia del Ecuador

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Posted by Anónimo in , | septiembre 20, 2016
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Rafel Jimena
Patriota y prócer de la independencia nacido en Guayaquil el 22 de agosto de 1789, hijo del Sr. Francisco de la Cruz Jimena y Llanes de Velasco y de la Sra. Francisca Muñoz de Guzmán y Córdoba.
Tenía 14 años de edad cuando fue enviado por su padre a estudiar en España, donde obtuvo del Monarca la orden para ser recibido en el Colegio Militar de Caballeros Cadetes del Alcázar de Segovia, instituto que era muy estricto en lo que se relacionaba con el ingreso de estudiantes, pero en el que por sus sobresalientes dotes intelectuales y vocación militar, obtuvo el 6 de enero de 1808 el grado de Subteniente, y la tercera antigüedad entre treinta cadetes.
Luego de servir durante casi doce años en España, volvió a Guayaquil a principios de 1820 con el grado de Teniente Coronel, y poco tiempo después, conociendo sus ideas independentistas fue requerido por el Gral. José de Villamil para asumir la dirección del movimiento emancipador que se estaba fraguando, pero a pesar de estar plenamente identificado con dicho movimiento, se excusó de participar
Triunfante la Revolución del 9 de Octubre de 1820 fue nombrado Vocal del nuevo Gobierno Libre de Guayaquil, y el 8 de noviembre, el Colegio Electoral, luego de promulgar una Constitución Política provisional, lo eligió para integrar una nueva Junta Suprema de Gobierno con José Joaquín Olmedo como Presidente, Francisco Roca, también como Vocal, y Francisco de Marcos como Secretario.
Culminada la independencia gracias al triunfo patriota en la histórica Batalla del Pichincha, y luego de que el Libertador Bolívar ordenó la Anexión de Guayaquil a Colombia, se trasladó a vivir en la ciudad de Lima, Perú, cuyo gobierno lo llamó sucesivamente para el desempeño de importantes cargos públicos, en los que actuó de manera notable y patriótica hasta el día de su muerte, ocurrida en esa ciudad el 11 de abril de 1830.

Patriota guayaquileño -sobrino del prócer la Revolución del 9 de Octubre de 1820- que ofrendó su vida por la libertad de la Patria.
En la madrugada de ese glorioso 9 de octubre de 1820, junto al Cap. Luis Urdaneta asistió a la captura del "Cuartel Daule" y a la toma de la "Batería Las Cruces", convirtiéndose entonces en uno de los principales protagonistas de esa histórica jornada.
En 1821 se alistó en el ejército libertador y fue designado Ayudante de Campo y Edecán del Gral. Antonio José de Sucre. Asistió entonces al triunfo patriota en la batalla de Cone, el 19 de agosto, pero la suerte no lo acompañó en el segundo Huachi.
Ese trágico 12 de septiembre de 1821, en medio del fragor de la batalla, Sucre le encomendó la misión de llevar una orden estratégica a un ala de su ejército. Antepara, inexperto como militar pero valiente como patriota, “tuvo como indigno pasar por la retaguardia de la línea; y, apenas recibida la orden y sin dar tiempo al general Sucre para que impidiera su impetuosa temeridad, se lanzó en su caballo por entre los fuegos nutridos de ambos ejércitos... Había avanzado hasta la mitad del camino, cuando una bala le derribó por tierra, privándole de la existencia y arrebatando a la patria uno de sus más amorosos hijos, que de tanta utilidad le había sido y tan fundadas esperanzas daba para el porvenir”

Francisco de Marcos
Patriota y próces de la independencia nacido en Guayaquil el 11 de mayo de 1794, hijo del Dr. Antonio de Marcos y Gonzáles y de la Sra. Francisca Crespo y Cassaus. Sus primeros estudios los realizó en su ciudad natal, y luego viajó a Quito para ingresar a la Universidad de Santo Tomás, donde el 6 de abril de 1819 obtuvo el título de Doctor el Jurisprudencia. De regreso a Guayaquil participó en los movimientos relacionados con la Revolución del 9 de Octubre de 1820, y fue uno de los primeros que firmaron el Acta de la Independencia. El 8 de noviembre,
al organizarse la primera Junta Suprema de Gobierno fue nombrado Secretarios de la misma. En 1822 rechazó la actitud asumida por Simón Bolivar cuando éste ordenó la Anexión de Guayaquil a Colombia, razón por la cual, junto a los miembros de la Junta de Gobierno de Guayaquil, viajó al Perú donde permaneció durante algún tiempo. Al separarse el Departamento del Sur de Colombia asistió como Diputado a la Primera Constituyente, que convocada por el Gral. Juan José Flores se reunió en la ciudad de Riobamba a partir del 14 de agosto de 1830.

Francisco de Paula Lavayen
Patriota y prócer de la independencia nacido en la ciudad de Guayaquil en el año 1785, hijo del Sr. Pedro Lavayen y Rodriguez Plaza y de la Sra. María Magdalena de Muguerza y Rivas. Fue uno de los invitados a la fiesta que se dió el 1 de octubre de 1820 en la casa del Gral. José de Villamil, y estuvo presente en la reunión clandestina que esa noche preparó José de Antepara para organizar los movimientos independentistas de Guayaquil; reunión a la que el propio Antepara llamó "La Fragua de Vulcano".
En la memorable noche del 8 de octubre acompaño al Cap. Luis Urdaneta a la captura del Cuartel Daule, y luego, junto a ocho voluntarios más atacó y se apoderó de la Bateria Las Cruces, situada al sur de la ciudad. Al establecerse el Gobierno Libre de Guayaquil, luego de la Revolución del 9 de Octubre de 1820, fue ascendido al grado de Capitán y enviado en comisión para informar a Bolívar que Guayaquil, gracias al esfuerzo de sus hijos, había proclamado su independencia y era libre del yugo español.

Antonio Elizalde
Patriota y prócer de la independencia nacido en Guayaquil el 23 de abril de 1795, hijo de don Juan Bautista de Elizalde Echegaray y de doña María Josefa Lamar y Cortázar.
Tuvo importante actuación en la heroica y gloriosa Revolución del 9 de Octubre de 1820, participando en la toma del Cuartel Daule; y un año más tarde, bajo las órdenes del Gral. Antonio José de Sucre inició las campañas por la independencia de todos los pueblos de Quito, e intervino con valor y coraje en las batallas de Cone, Huachi y Pichincha. Posteriormente luchó también en Ayacucho, donde se selló de manera definitiva la libertad americana.
Es preciso anotar que en Huachi, Elizalde, luciendo ya los galones de Capitán, recibió dos heridas de lanza, a consecuencia de las cuales quedó baldado del brazo derecho.
En 1828, junto a su tío, el mariscal José de Lamar, intervino en la guerra Perú-Gran Colombiana que terminó con el triunfo de Sucre en los campos de Tarqui, el 27 de febrero de 1829.
Instaurada la República del Ecuador, el Gral. Juan José Flores lo nombró Jefe de Estado Mayor, pero cuando el gobernante intentó eternizarse en el poder se opuso tenazmente, pasó a la oposición y tomó parte activa en la Revolución Marcista que en 1845 puso fin a la dominación floreana.

Miguel de Letamendi
Patriota venezolano. héroe y prócer de la independencia, nacido en la Isla de Trinidad el 29 de enero de 1792. Perteneció al histórico batallón realista Numancia,y con el grado de Sargento Mayor fue destinado a Lima, Perú, para cumplir algunas actividades militares. Poco tiempo después las autoridades españolas descubrieron sus simpatías por las ideas indepentistas, y de inmediato ordenaron su regreso a Venezuela.
En estas circunstancias llegó a Guayaquil en septiembre de 1820 junto a León Febres Cordero y Luis Urdaneta, integrantes del mismo batallón, y que al igual que él volvían a Venezuela por haberse identificado con la causa de la libertad. Conoció entonces a los patriotas guayaquileños que ya estaban fraguando un movimiento revolucionario, e invitado por ellos asistío a la fiesta que el 1 de octubre se dió en casa del Gral. José de Villamil, y estuvo presente, esa misma noche, en la célebre reunión secreta a la que José de Antepara llamó "La Fragua de Vulcano". Su condición de militar fue determinante para llevar a feliz término la Revolución del 9 de Octubre de 1820, y dos días más tarde junto a Villamil se embarcó en la goleta Alcance para participar al Gral. San Martín, a Lord Cochrane y a todos los pueblos del sur, que Guayaquil tenía ya un gobierno libre del yugo español. Luego de conocer los pormenores de la transformación política de Guayaquil, San Martín, para manifestarse de algún modo lo mucho que valía el exacto y felíz cumplimiento de su misión, en reconocimiento a sus méritos lo ascendió al grado de Coronel. Posteriormente se radicó definitivamente en la ciudad de Lima, donde con la satisfacción de ver una América libre, murió el 17 de abril de 1871.

Francisco María Roca
Patriota y próces de la independencia nacido en Guayaquil el 6 de junio de 1786, hijo del Cmdt. Bernardo Roca y Liceras y de doña Ignacia Rodríguez y Carrascal. Tuvo importante actuación en los hechos relacionados con el movimiento independentista de Guayaquil que culminó con el triunfo de la Revolución del 9 de Octubre de 1820, luego de lo cual, junto a Rafael María Jimena y al Dr. José Joaquín de Olmedo, integró el primer gobierno autónomo surgido como consecuencia de dicho movimiento.
Poco tiempo después fue comisionado con el fin de adquirir una imprenta para Guayaquil. Organizó entonces en la ciudad una colecta pública con el propósito de reunir los fondos necesarios para su compra, que él inició donando la cantidad de 200 pesos. Gracias a su gestión Guayaquil inauguró su primera imprenta el 21 de mayo de 1821 con la publicación de una hoja impresa que fue llamada "El Prospecto", y en la cual se anunciaba la próxima publicación del primer periódico portero, al que llamaría "El patriota de Guayaquil"

León de Febres Cordero
Patriota y prócer de la independencia nacido en Altagracia (Maracaibo), Venezuela, el 28 de junio de 1796, hijo del Sr. Bartolomé Febres-Cordero y Padrón y de la Sra. María Prudencia Oberto Farías.
Antes de culminar sus estudios y obedeciendo al llamado de su vocación militar, el 20 de julio de 1812 sentó plaza de cadete en el Batallón de Infantería Veterana de Maracaibo, donde servía su padre, y dos años más tarde, luego de haber alcanzado el grado de Subteniente, luchó contra los patriotas venezolanos que habían iniciado las primeras luchas por la independencia. Posteriormente fue destinado al afamado primer batallón del regimiento «Numancia», y con el grado de Capitán intervino en la victoriosa campaña de Nueva Granada, donde los patriotas fueron nuevamente derrotados.
Finalmente, a principios de 1819 fue destinado a Lima, Perú, pero al poco tiempo las autoridades españolas empezaron a desconfiar de la oficialidad del Numancia, pues éstos -que en su mayoría eran criollos hijos de españoles-, más de una vez habían demostrado su descontento con las autoridades realistas y sus simpatías con las causas de la independencia, por lo que a mediados de 1820 las autoridades españolas ordenaron su detención vivo o muerto.
Febres-Cordero logró escapar gracias a la ayuda que recibió de otros patriotas comprometidos, quienes lo ocultaron hasta que finalmente pudo embarcarse y abandonar el Perú.
A finales de julio de ese mismo año -junto a los capitanes Luis Urdaneta y los hermanos Luis Felipe y Miguel de Letamendi llegó a Guayaquil a bordo del bergantín angloamericano “Tiber”. Por esa época, ya los patriotas guayaquileños habían empezado a preparar su golpe independentista.
Al conocer de su brillante carrera militar y de sus patrióticas ideas de libertad, los principales líderes de la revolución lo invitaron a la fiesta que en casa del Gral. José de Villamil se dio en la noche del 1 de octubre, y donde tuvo la oportunidad de conocer a la bellísima Isabelita Morlás con quien contraería matrimonio posteriormente. Esa histórica noche fue uno de los patriotas que asistió a la reunión secreta que en dicha fiesta había promovido don José de Antepara, quien la llamó La Fragua de Vulcano.

Juan Illingworth
Patriota y prócer de la independencia nacido en Stockport, condado de Chester, en Inglaterra, el 10 de marzo de 1786, hijo de Abraham Illingworth y de Mary Hant.
A la edad de quince años se alistó como aprendiz en la marina de guerra de S.M. Británica, en la que sirvió durante diez años destacándose por su valor e intrepidez. Fue mencionado en los “Anales de la Marina Inglesa” (1810) por su valerosa actuación en la guerra con Francia y el 1 de agosto de 1811 fue ascendido al grado de Teniente.
A raíz de que las colonias inglesas de Norteamérica lograron su independencia, el Imperio Británico comprendió que para no perder su hegemonía era necesario que las colonias españolas también logren su libertad, por lo que dispuso que algunos militares se pongan en contacto y a disposición de los movimientos independentistas de Hispanoamérica para asesorarlos y ayudarlos en su lucha contra la Corona Española.
Entonces, y luego de haber participado en otras campañas en Francia, Holanda y Dinamarca, en 1818 fue encargado de transportar secretamente a Lord Cochrane hasta las costas de Chile, y en agosto de ese mismo año partió a cumplir con esa delicada misión al mando de la corbeta “Rosa”, en la que llegó a Valparaíso en los últimos días de diciembre.
La corbeta fue entonces adquirida por Chile, y luego de ser equipada adecuadamente y rebautizada con el nombre de “Rosa de los Andes”, fue puesta bajo su experta mano para enfrentar a la flota española a lo largo de la costa del Pacífico.
Desde mayo de 1819, al mando de la “Rosa de los Andes” acosó a todas las naves españolas que surcaban el Pacífico, hasta que el 12 de mayo de 1820, frente a Punta Galera (provincia de Esmeraldas), trabó terrible y feroz combate contra la fragata realista “Prueba”.
Luego de larga lucha -que fue brava y sangrienta-, con habilidad y coraje fue dominando poco a poco la situación y estaba a punto de lograr la victoria, pero fue gravemente herido y tuvo que entregar el mando a su segundo, quien luego de causar graves daños a la “Prueba” intentó retirarse, pero la “Rosa de los Andes” encalló y de esa manera terminó su gloriosa lucha por la libertad.
Llegó a Guayaquil al año siguiente, cuando ya se había consumado la Revolución del 9 de Octubre de 1820, y de inmediato se incorporó, bajo las órdenes de Sucre, en el ejército patriota que se preparaba para iniciar la campaña sobre Quito.
En su marcha hacia el interior le fue asignado el mando de una columna de trescientos hombres con los que debía dirigirse hacia Latacunga, y ya había llegado a los suburbios de Quito cuando fue informado de la terrible derrota que el 12 de septiembre de 1821 había sufrido Sucre en los campos de Huachi, por lo que tuvo que contramarchar y volver a Guayaquil, no sin antes aplicar toda su astucia e inteligencia para evitar un encuentro con las tropas del Gral. Aymerich, triunfador de Huachi.
En Guayaquil ayudó a reorganizar el ejército patriota, y más tarde, junto a Sucre participó en todas las campañas militares hasta culminar en Pichincha el 24 de mayo de 1822.
En octubre de ese mismo año, mientras desempeñaba el cargo de Comandante del Apostadero de Guayaquil fundó la Escuela Náutica, que fue cuna de valientes y destacados marinos y militares que prestaron invalorables servicios a la Patria.
Al instaurarse la República del Ecuador, luego de que convocada por el Gral. Juan José Flores se reunió en Riobamba, el 14 de agosto de 1830, la Primera Constituyente, participó en el movimiento revolucionario que en defensa de los ideales de Simón Bolívar organizó el Cap. Luis Urdaneta en Guayaquil el 28 de noviembre, en contra de Flores, pero ante la muerte del Libertador -ocurrida en diciembre- la revolución fracasó y fue desterrado al Perú donde permaneció durante varios meses.

Vicente Rocafuerte
Político y prócer de la independencia americana nacido en Guayaquil el 1 de mayo de 1783, hijo del Cap. Juan Antonio de Rocafuerte y de la Sra. Josefa Rodríguez Bejarano.
Sus primeras enseñanzas las recibió en su ciudad natal, y desde temprana edad demostró ser poseedor de un gran patriotismo y raro talento. Su personalidad y carácter lo distinguían entre sus compañeros, y sus ideas y conceptos causaban la admiración de quienes lo escuchaban.
Al terminar su primera educación, en 1800 viajó a Europa junto a su tío, don Jacinto Bejarano, para continuar estudios superiores en el Colegio de Nobles de Madrid y en el Colegio Saint Germain de París, donde tuvo la oportunidad de alternar con miembros de la nobleza europea y con hombres que más tarde ocuparían sitiales destacados en la vida política y cultural del continente. Por esa época, en París, conoció y trabó amistad con su contemporáneo, el venezolano Simón Bolívar.
Después de permanecer en Europa durante siete años, volvió a Guayaquil con nuevas ideas políticas que por vanguardistas podrían haber sido consideradas entonces como altamente peligrosas.
Al estallar en Quito la Revolución del 10 de Agosto de 1809, fue apresado en Guayaquil por orden de las autoridades realistas que consideraron que él podría haber tenido participación en dicho movimiento, ya que mantenía vínculos de amistad con el Dr. Juan de Dios Morales, uno de los principales protagonistas de la revuelta quiteña, pero al comprobarse que no era así fue dejado en libertad. Al año siguiente fue nombrado Alcalde Ordinario de la ciudad, abriéndosele entonces la mejor puerta para ingresar a la vida pública del país; pudo así darse a conocer como un hombre activo, honesto y trabajador.
En 1812 fue elegido Diputado ante las Cortes de Cádiz, en las que no pudo participar por haber llegado cuando estas ya habían sido disueltas. Tuvo entonces oportunidad de conocer a Simón Bolívar, con quien se encontró varias veces en Europa.
Establecido en Europa y buscando acrecentar sus conocimientos políticos y culturales, recorrió durante algún tiempo varios países, hasta 1817 en que volvió a Guayaquil con nuevas ideas políticas que, por vanguardistas, fueron consideradas en esa convulsionada época como altamente peligrosas. Dos años después -cuando en Guayaquil ya se hablaba secretamente de independencia- tuvo que viajar a los Estados Unidos y México donde, invitado a participar en la política, tuvo importantísima actuación.
Rocafuerte no tuvo participación alguna ni en los movimientos previos ni en la Revolución del 9 de Octubre de 1820; a pesar de ello, por alguna equivocada razón su nombre consta en el fuste de la “Columna de la Independencia”, en el Parque del Centenario, en Guayaquil.

Diego Noboa
Patriota y prócer de la independencia nacido en Guayaquil el 15 de abril de 1789, hijo del Sr. Ramón Ignacio de Noboa y Unzueta y de doña Ana de Arteta y Larrabeytia.
Realizó todos sus estudios en la ciudad de Quito y los culminó en el Colegio de San Luis donde obtuvo el título de Bachiller. Le tocó entonces vivir dos momentos determinantes de la historia de nuestra patria: El movimiento insurgente de Quito que llevó a feliz término la Revolución del 10 de Agosto de 1809; y al año siguiente, el 2 de agosto, el sangriento Asesinato de los Patriotas Quiteños.
Imbuido de ideas revolucionarias e independentistas, regresó a Guayaquil a finales de 1813 y al poco tiempo fue nombrado Regidor del Cabildo de la ciudad. Por esa época ya se escuchaba el eco de las primeras luchas por la libertad de los pueblos de América, con las que se identificó desde el primer momento.
«Trabajó con entusiasmo en favor de la Revolución del 9 de octubre de 1820, que proclamó la independencia de esta provincia. La Junta de Gobierno que se organizó entonces, compuesta de los señores Olmedo, Jimena y Roca, conociendo la actividad y patriotismo del señor Noboa, le dio la importante misión de ir a Manabí a organizar el régimen constitucional establecido en Guayaquil. Aceptó con placer tan honroso encargo, que le proporcionaba la ocasión de servir de una manera más eficaz a la Causa de la Independencia de su Patria; y supo corresponder satisfactoriamente, a la confianza que en él depositó el primer Gobierno Nacional del Ecuador» (Camilo Destruge.- Album Biográfico Ecuatoriano, tomo I, p. 433).
Dos años después de la Revolución del 9 de Octubre de 1820, cuando Bolívar ordenó la Anexión de Guayaquil a Colombia fue llamado para desempeñar el cargo de Tesorero Departamental; en 1823 fue Administrador de Alcabalas, Contador Mayor en 1824 y Comisario de Guerra y Marina en 1825.

Luis Urdaneta
Patriota y héroe de la independencia nacido en la ciudad de Maracaibo, Venezuela, el 25 de agosto de 1796; hijo de don José de Urdaneta Barrenechea y Troconís, y de doña Francisca Faría.
Por su condición social no le fue difícil ingresar como cadete en el Batallón de Milicias de Blancos de Maracaibo, donde inició su carrera militar.
Posteriormente pasó al distinguido batallón realista “Primero de Numancia” destinado al Perú, pero a mediados de 1820 las autoridades españolas descubrieron sus ideas americanistas y le ordenaron volver a Venezuela. Fue así como, a finales de julio y a bordo del bergantín angloamericano “Tiber”, en tránsito hacia Venezuela llegó a Guayaquil junto a otros destacados oficiales del mismo batallón a quienes también se había ordenado regresar por idénticas razones: León de Febres-Cordero y Miguel de Letamendi.
Inmediatamente los tres oficiales hicieron buena amistad con los patriotas guayaquileños que ya estaban planeando un movimiento independentista, e invitados por ellos asistieron a la fiesta que el 1 de octubre de ese mismo año se dio en casa de don José de Villamil. Fueron entonces conducidos a la reunión secreta que en esa misma fiesta promovió el prócer guayaquileño don José de Antepara, a la que él mismo llamó «La Fragua de Vulcano», y en la que se acordaron los últimos preparativos para el movimiento revolucionario de Guayaquil.
Por su talento y experiencia militar se convirtió en verdadero pilar de la Revolución del 9 de Octubre de 1820, que dio la libertad a Guayaquil y abrió las puertas de la independencia a todos los pueblos de Quito; y fue justamente él, acompañado por Lorenzo de Garaycoa y varios patriotas más, quien tuvo la misión de capturar el Cuartel Daule, destacamento militar realista que se encontraba bajo el mando del valeroso comandante Joaquín Magallar, a quien personalmente tuvo que ultimar para asegurar el éxito del movimiento revolucionario. Posteriormente asistió también a la toma de la batería de Las Cruces, al sur de la ciudad.
Triunfante la revolución, la primera Junta de Gobierno de Guayaquil lo ascendió al grado de Teniente Coronel y le confió el mando de un escaso y mal organizado ejército, al frente del cual marchó hacia el interior para intentar liberar a las provincias de la sierra.

Lorenzo de Garaicoa
Ilustre prelado nacido en Guayaquil el 4 de diciembre de 1775, hijo de don Francisco Ventura de Garaycoa y Romay (español) y de doña Eufemia Llaguno y Lavayen.
Sus primeros estudios los realizó en su ciudad natal y posteriormente viajó a Quito para ingresar al Colegio Seminario de San Luis. Luego de graduarse de Bachiller ingresó a la Universidad de Santo Tomás de Aquino donde cursó estudios superiores hasta alcanzar, en 1798, la investidura de Doctor en Teología y Cánones. Posteriormente se trasladó a Cuenca, donde el 15 de marzo de 1799 fue ordenado sacerdote del Altísimo en la catedral de dicha ciudad, y recibió dicha investidura de manos de monseñor José Carrión y Marfil.
Inició entonces una santa y abnegada labor pastoral que lo llevó primeramente a Loja y luego a Yaguachi, donde como cura párroco se dedicó por entero a hacer el bien a sus feligreses, tanto en lo material como en lo espiritual.
Años más tarde pasó a cumplir con su misión religiosa en la ciudad de Guayaquil, y en 1819 fue nombrado Rector y profesor de Teología del Seminario de San Ignacio de Loyola. En Guayaquil vivió y respaldó la Revolución del 9 de Octubre de 1820, en la que su hermano -el Crnel. Lorenzo de Garaicoa-, tuvo importantísima y determinante participación. Posteriormente, en 1835 fue designado cura propio de San Alejo, que en ese entonces era viceparroquia de la matriz de Guayaquil.
El 17 de marzo de 1837, el Senado y la Cámara de Representantes decretaron la división de la diócesis de Cuenca en dos obispados: El de Guayaquil y el de Cuenca; y luego de discutir sus organizaciones y rentas respectivas, lo eligió para regir los destinos del primero de ellos. El 22 del mismo mes, el Presidente Constitucional de la República, Dr. Vicente Rocafuerte, por medio de su Ministro de lo Interior puso el ejecútese de dicho decreto, las bulas llegaron en agosto y finalmente, el 14 de octubre de 1838, en solemne ceremonia realizada en la catedral de Quito, el arzobispo José Nicolás de Arteta puso en su cabeza la Mitra Sagrada que lo convirtió en el primer Obispo de Guayaquil.

José de Villamil
Patriota y prócer de la independencia nacido en New Orleans, Luisiana (en esa época colonia francesa), EE.UU., el 10 de junio de 1788, hijo del Sr. Pedro González de la Galea y Villamil y de la Sra. Catalina Jolly Lebrún.
Luego de haber servido a su patria como Sargento Primero del batallón «Reflejos Voluntarios», por 1809 viajó a Europa donde tuvo oportunidad de conocer y trabar amistad con distinguidos ciudadanos sudamericanos que estaban planificando y buscando apoyo para iniciar las luchas por la independencia. El propio Villamil narra en la introducción de su “Reseña”, que a los 21 años de edad, mientras se encontraba en Cádiz, junto a otros futuros próceres latinoamericanos hizo el juramento de consagrar su vida a la emancipación de América.
Fue así que poco tiempo después, imbuido de esas ideas, volvió a América y desembarcó en la ciudad de Maracaibo, Venezuela, donde con empeño y patriótico entusiasmo empezó a trabajar y desarrollar sus tareas revolucionarias.
Se encontraba involucrado en los movimientos independentistas cuando por un descuido involuntario fue descubierto y capturado, y pudo salvarse de ser fusilado gracias a una vieja amistad que había tenido con el Gobernador del Departamento, Gral. Millares, quien en recuerdo de esa amistad de la juventud se contentó con expulsarlo de Venezuela.
Llegó a Guayaquil por el año de 1812, donde se estableció definitivamente y contrajo matrimonio con la Srta. Ana Garaycoa y Llaguno. Poco tiempo después estableció vínculos con determinados grupos de vecinos a quienes empezó a expresar sus ideas independentistas.
El 8 de febrero de 1816, al mando de una pequeña goleta descendía por el río Guayas buscando salir a mar abierto, cuando a lo lejos descubrió una poderosa escuadra naval que bloqueaba la entrada del golfo de Guayaquil. Creyendo que se trataba de una incursión pirata, remontó nuevamente las aguas del río y volvió a la ciudad para dar la voz de alarma y preparar la defensa.
Las autoridades españolas sabían que se trataba de la escuadra del almirante argentino Guillermo Brown, quien desde 1815 atacaba a las naves españolas que surcaban las aguas del Pacífico, e invitaba a todos los pueblos y ciudades que tocaba para que se levanten en armas en contra de sus opresores, por lo que en un afán de acabar con él, hicieron correr en la ciudad la noticia que realmente se trataba de un ataque pirata.
Gracias al aviso de Villamil y al coraje de los guayaquileños, las naves de Brown fueron abordadas y su tripulación capturada, pero pocos días más tarde, al comprender su equivocación, los guayaquileños exigieron a las autoridades españolas la libertad del almirante argentino.
Fue justamente en su casa donde el 1 de octubre de 1820 se llevó a cabo esa reunión secreta a la que José de Antepara llamó «La Fragua de Vulcano», porque en ella se reunieron los patriotas guayaquileños para preparar el movimiento independentista que culminó con el triunfo de la Revolución del 9 de Octubre; movimiento que dio la libertad a Guayaquil y abrió las puertas de la independencia a todos los pueblos de la Patria.
Dos días después, al mando de la goleta Alcance partió hacia el sur para anunciar a Lord Cochrane y al Gral. San Martín, que Guayaquil ya tenía un gobierno libre.
Al año siguiente se alistó en el ejército de Sucre y asistió a los combates de Cone y segundo Huachi, en los que demostró verdadero valor y patriotismo.
Al instaurarse la República en el año 1830, su espíritu marino puso especial atención en el archipiélago de Galápagos, y considerando que por su situación geográfica éste pertenecía al Ecuador, elevó una solicitud en ese sentido al Presidente de la República, Gral. Juan José Flores, quien lo autorizó para que iniciara su colonización. Fue así que -al mando del Crnel. Ignacio Hernández- el 20 de enero de 1832 partió la primera expedición hacia las Islas Encantadas, y el 12 de febrero tomó posesión definitiva de ellas a nombre de la República del Ecuador.

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